El título de esta novela nos remite a uno de los movimientos de la que podríamos considerar la composición más afamada de Falla, El amor brujo. Esta obra dedicada a Pastora Imperio tiene un intermedio conocido como “La danza ritual del fuego”, que al igual que el resto de la obra implica una fuerza inusitada, llena de pasión y emoción que remueve por dentro al público que la escucha.
Si ya de por sí esta obra de Falla es imponente, mucho más se lo debió parecer a Vicente Yebra, uno de los protagonistas de la novela, al ver cómo la interpretaba Amalia Quiroga. Ver por primera vez a una mujer tocando en un piano una pieza de tal energía desató la pasión amorosa de este fotorreportero. Esta actuación tuvo lugar en la Casa de las Siete Chimeneas, donde se encontraba el Club Lyceum, una de las primeras asociaciones femeninas de nuestro país. Además no podemos perder de vista que es en ese edificio donde apareció el cadáver de una mujer emparedada, a la que la leyenda le ha asignado el papel de amante de Felipe II.
Este amor se truncará con el estallido de la Guerra Civil española. Amalia huye con su familia, de cierto estatus social, a Mondoñedo, mientras que Vicente se enrola en las filas republicanas. A partir de ese momento se abre un abismo temporal del que se saldrá en la época de los años cincuenta, donde podremos conocer sitios míticos de Madrid como: Chicote, Pasapoga, el Hotel Florida, el edificio de la Telefónica, el palacio Zabálburu, el Ritz o el café Barbieri. Junto a estos lugares especiales están los actores y famosos que acuden a ellos, como ocurre con el caso célebre de Ava Gadner-Dominguín-Sinatra.
Puede parecer que hay un exceso de mezcolanza de lugares y personas, pero sin duda alguna nada está en esta novela por mera casualidad o adorno. El escritor y periodista Carlos Fidalgo nos sumerge en su nueva novela en una historia de amor que perdura en el tiempo. Pero también nos encontramos con un relato intrigante cargado de un ritmo vertiginoso, casi como el vértigo que sintió Vicente al caer enamorado de aquella dama que interpretaba con intensidad El amor brujo de Falla. Quizás el mayor impacto que se recibe al leer la novela es precisamente en su final. Un final, que por supuesto no desvelaremos, que en una sola frase resume la idea general que sobrevuela el conjunto completo del relato.