Cerca de 600 millones de personas hablan español en el mundo. Expeler o desdeñar el idioma de Cervantes...
Cerca de 600 millones de personas hablan español en el mundo. Expeler o desdeñar el idioma de Cervantes y Borges en los colegios vascos constituye un error monumental. Bien está que se estimule la enseñanza del euskera y que se haga lo posible porque no se pierda una lengua que forma parte de la identidad vasca. Nadie con los pies sobre la realidad se puede oponer a que el Gobierno vasco estimule, financie y legisle en favor de la extensión del vascuence.
Pero una cosa es esa y otra muy distinta la persecución del castellano, el idioma en el que Miguel de Unamuno enalteció las identidades vasca y española. Menoscabar la lengua de Caro Baroja significa tanto como perjudicar gravemente a las niñas y a los niños que se pueden relacionar con casi 600 millones de personas y una veintena de naciones en el mismo idioma con evidente utilidad para los negocios, las empresas, la ciencia, el turismo, la literatura, el deporte...
Arrinconar el español en los colegios públicos y poner fin a las cuotas de los concertados es el fruto de un sectarismo secesionista estúpido y contraproducente. El porcentaje de vascohablantes, además, es abrumadoramente minoritario en las provincias vascas donde ciudadanas y ciudadanos se expresan en español, que es por otra parte el idioma mayoritariamente familiar.
El placer de la lectura, el placer puro, inmediato y desinteresado de la literatura, se engrandece con el idioma de Quevedo y García Márquez, de Valle-Inclán y Pérez Galdós, de Ortega y Gasset y Octavio Paz, de Pío Baroja y Miguel Ángel Asturias, de Federico García Lorca y Pablo Neruda.
El socialismo sanchista, en lugar de oponerse a la absurda maniobra del Gobierno Urkullu, la ha apoyado y, con su visto bueno, ha salido adelante la ley que arrincona el español en las aulas. La hostilidad del ciudadano medio en Bilbao, San Sebastián o Vitoria a las medidas adoptadas es muy grande, mientras en Madrid el sanchismo esconde la cabeza para asegurarse en el Congreso de los Diputados el plato de de votos del partido proetarra y del incorregible PNV.