Las cifras son muy tozudas. Los entusiasmos sanchistas ante la situación económica se ven golpeados...
Las cifras son muy tozudas. Los entusiasmos sanchistas ante la situación económica se ven golpeados por la realidad. En el primer trimestre de este año 104.000 desempleados más han desbaratado la euforia de Pedro Sánchez y los alabanceros que inciensan al César. Ciertamente se trata de la cifra más suave desde el año 2007 pero, dadas las circunstancias y la obligada recuperación económica tras la pandemia, la realidad resulta descorazonadora.
Los medios periodísticos afines a Moncloa han detenido la marcha triunfante de sus alfiles y callan como mudos. Estamos ya en la campaña electoral de las elecciones autonómicas y municipales y no re pueden desvirtuar las expectativas con datos tan negativos como la crecida del paro en el primer trimestre del año.
A pesar de los empleados discontinuos y de otros malabarismos para presentar una situación más optimista, el INE, controlado por el sanchismo, no ha tenido más remedio que reconocer la incongruencia de tanto optimismo injustificado. La verdad es que el paro y la deuda pública cuartean la economía española y comprometen las expectativas sobre el futuro inmediato.
Pedro Sánchez, sin embargo, impertérrito, sigue alimentando un gasto público desaforado que empieza en el Consejo de Ministros y alcanza hasta los incontables viajes innecesarios gratis total. No se debe despilfarrar nunca; no se puede despilfarrar cuando las cifras económicas resultan alarmantes. Difícil saber el impacto que estas cifras supondrán en los resultados electorales. Seguramente no será una cuestión definitiva porque las elecciones autonómicas y sobre todo las municipales se mueven en parámetros distintos a los ideológicos y responderán a este principio: al alcalde que lo ha hecho bien se le reelige; al que lo ha hecho mal, se le rechaza.