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TRIBUNA

Ayuso y la derecha cuidadosa

jueves 04 de mayo de 2023, 18:46h

No hablo de derechita cobarde porque no son cobardes; son idiotas. Sueñan con un sanchismo sin Sánchez, un Podemos sin Podemos, una yolandez recatada, un progresismo antiguo conducido por sus manos prudentes. Pretenden que seamos españoles a ratitos, españoles con tiento y con mesura, españoles sin pasado y con cuidado. Si no comulgamos con el feminismo de alta gama que desatiende y manipula a las mujeres trabajadoras, si pensamos que las personas transexuales son una minoría respetable, tan respetable como minoritaria, si consideramos que la salvación del planeta no debe condenar a sus habitantes, entonces seremos polarizadores, como poco.

Con motivo de la reyerta protocolaria durante los actos del dos de mayo organizados por la Comunidad de Madrid, sacerdotes y sacerdotisas de la moderación y el buen cuidado disculparon ceremoniosamente, desde los minaretes de bastantes diarios que si conservadores que si liberales, la impostada irritación sanchista. Ante la tozuda impertinencia del ministro Bolaños izaron bandera blanca. La ovación que recibió Ayuso en la plaza de las Ventas les hizo recoger cable. Son así los cuidadosos; no quieren líos. Andan en lo que andan: vigilar al señor Feijoó, no vaya a salirse de madre y en buscar un sustituto para Sánchez cabalmente acordado. A Isabel Díaz Ayuso, felizmente hallada por el pueblo, la dan por perdida. Ya dieron por perdida a España, y no les estorba trocear la libertad, que empecinarse en ser libres a conciencia suele ser cosa de anarquistas, a ver si se enteran los españoles que viven en Cataluña, y aprenden a ser mundanos y llevar privadamente lo suyo. La derecha cuidadosa acampa en las afueras del Partido Popular y coincide con la izquierda en lo esencial: gobernar siempre sin el pueblo y muy frecuentemente contra el pueblo. Sólo sacan las uñitas con los dineros, con los suyos. Tienen reparo en todo salvo en exhibir sus peores sentimientos. Vemos su mueca de disgusto cuando sube el salario mínimo, y su mohín gozoso si se pone en entredicho el auge de las pensiones. Si los currantes no pueden vivir con menos de mil euros es porque son unos manirrotos y no se administran. En cuanto a los viejos, para qué quieren tanta pasta si consumen menos que un mechero. Dado que en España tenemos más de tres millones de parados, un montón de ancianos y una famélica tropa de autónomos debidamente hostigados, hay que ser un memo para querer gobernar con esa mezcla de mezquindad y desvergüenza. Ni lo piensan. Para ellos el sistema de partidos es bueno siempre que los partidos no cambien y el grueso del debate recaiga sobre la gestación subrogada y la figura del rey emérito. Están obsesionados con apoderarse de Feijoó y amigarlo con un sanchista peludo y suave como Platero, y por supuesto transversal. Les conviene que Vox suba el tono y se presente como refugio del ruido y la furia; al cabo un bastión inofensivo. El “efecto Ayuso”, sin embargo, puede provocar que el Partido Popular haga honor a su nombre y se configure como el partido de las clases populares en España. Y ayudará al señor Feijoó a guardarse de los murmullos mansurrones, palos en las ruedas si se desea ganar con claridad y gobernar en serio. No es extraño que cause tanto desasosiego en tantos. Ayuso es la patada en el tablero cansino, la pedrada en el estanque de aguas muertas. Representa la ilusión de muchos, que saben que con ella los sanchistas no pasarán en Madrid; de momento, Bolaños no ha pasado. Su victoria en los comicios inminentes sacudirá a toda España. El sanchismo lo da por descontado. A la derecha cuidadosa le va a dar un sofoco.

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