La gerencia del club azulgrana ha quedado descabezada con la salida de Alemany y la posible marcha de Jordi Cruyff.
"No sé si voy a poder hablar. En este último día estuve pensando, dándole vueltas... para ver qué podía decir. No me salía nada. Estaba bloqueado como lo estoy todavía ahora. Pasé toda mi vida acá y no estaba preparado para esto. El año pasado, cuando se armó el lío del burofax lo estaba. Sabía lo que tenía que decir y estaba convencido. Pero este año no", dijo un lloroso Lionel Messi el 8 de agosto de 2021. En su despedida como futbolista del Barcelona, tras 17 temporadas formando parte del primer equipo. Se derrumbó el astro al descubrirse en el acto que teatralizaba su adiós definitivo. El día anterior se rompieron las negociaciones entre su padre y Joan Laporta. Y ese fue el resultado: un epílogo traumático para el futbolista y para la afición azulgrana.
No había dinero, aseguró en ese momento la directiva de Laporta. La tétrica situación financiera dejada por Josep Maria Bartomeu desembocó en que la cúpula del Camp Nou decidiera sacrificar al mejor jugador de su historia. Su sueldo resultaba inaguantable y 'La Pulga' no estaba dispuesta a rebajárselo tanto como para hacer sostenible el nuevo proyecto deportivo. Cabe recordar que en aquella época también les costó mucho disminuir su salario a otras 'vacas sagradas' del vestuario 'culé'. Con todo, se llevó a término la decisión, con enfado de Jorge Messi incluido. El siete veces Balón de Oro hizo las maletas con destino París y Laporta pasó a la historia como el presidente que 'echó' a Messi. Una imagen demasiado abrasiva para un dirigente que en las siguiente temporadas ha realizado 17 fichajes, ha gastado en traspasos 228 millones de euros y ha comprometido en salarios un monto tan alto que le obliga a recortar este verano en 200 millones la masa salarial.
Se ha ido diluyendo con el tiempo -y con los buenos resultados del equipo- la justificación estrictamente económica de la marcha de Lionel y ha ganado terreno la teoría que defiende que se eligió al argentino para salir por su mareante salario y, además, porque Xavi Hernández necesitaba otro tipo de delanteros para poder ejecutar la presión alta. Y ansiaba el técnico novel de un cambio de ambiente en el vestuario para sembrar el crecimiento de la excelente generación juvenil que asomaba. De esa mezcla de intereses contrapuestos ha nacido el presente, con el Barça a punto de cantar el alirón en la Liga y con Messi suspendido de empleo y sueldo por el PSG, el último y más clarificador ejemplo de la dimensión del fracaso que ha supuesto su paso por Francia.
Messi como detonador
Un gol de Jordi Alba en el minuto 85 y ante Osasuna, el pasado martes, dejó sentenciado el título en favor de los 'culés'. Un motivo extraordinario de alegría para una afición que ya se había olvidado de lo que es festejar en Canaletas. Sin embargo, acto y seguido de ese éxtasis el club emitió un comunicado sorprendente. "El director de fútbol del FC Barcelona, Mateu Alemany, se desvinculará del club el próximo 30 de junio para iniciar un nuevo proyecto profesional. Pese a tener contrato hasta 2024, Mateu Alemany ha trasladado al presidente del FC Barcelona, Joan Laporta, la intención de iniciar un nuevo camino", rezaba una nota que descuadró al socio. Porque Alemany, en palabras del Barça, "ha permitido cerrar operaciones que parecían imposibles y dotar al entrenador de equipos competitivos, dentro de los problemas económicos que todavía arrastra".
Alemany se ha ganado un estatus de negociador de élite en estos años de sensacional trabajo en las oficinas del Camp Nou. Entonces, ¿por qué ha decidido abortar el proyecto ahora que está despegando de forma definitiva? La versión que se ha transmitido desde la directiva 'culé' habla de una oferta del Aston Villa en la que se le cuadruplica el sueldo. En Londres está entrenando Unai Emery, con lo que su aterrizaje en la Premier, patrocinada por los petrodólares, se daría en un contexto familiar. En cambio, hay más versiones amén de la oficial y se ha sabido que Alemany no está nada de acuerdo con el empeño de Laporta por quitarse la etiqueta de 'presidente que echó a Messi del Barcelona'. El mandatario ha acelerado para traer de vuelta a Leo, aunque no se encuentre justificación deportiva si se valoran los pros y contras que supondría el aterrizaje del argentino, de 36 años y con un historial muy discutible en cuanto al esfuerzo en pos del colectivo.
La sana dinámica del vestuario podría quedar torpedeada y se frenaría la progresión de algunos valores de importancia creciente en el equipo y en el fútbol internacional. Pero Lionel no ve la hora de salir de París. Incluso se ha dicho que ha forzado para no volver a jugar un solo partido con el PSG, aprovechando la sanción buscada con su viaje a Arabia Saudí. Y Laporta no mira hacia atrás en la corrección de lo que entiende como un error histórico en su segundo mandato. Aunque en el camino se haya quedado sin Alemany y, tal y como se está asegurando, sin Jordi Cruyff. El ideólogo neerlandés de la estructura deportiva azulgrana termina contrato en junio y sin Alemany no está nada clara su continuidad. Eso significaría un descabezamiento de la directiva que ha reconstruido al equipo en estos años.
La soledad de Laporta
La realidad es que Laporta se va quedando cada vez menos acompañado en sus decisiones. En la campaña electoral que le ha devuelto al palco de Camp Nou contaba con dos pilares a su lado: Alemany y Jaume Giró. Ninguno de ellos sigue en el club. Giró fue el responsable del área económica durante la campaña pero no llegó a formar parte de la nueva directiva. Adujo "motivos personales" para explicar su fuga, un razonamiento en el que también se apoyó Ferran Reverter, el director general de la entidad, para justificar su marcha sorpresiva siete meses después de acceder al mencionado cargo. Las discrepancias con un jefe de personalidad aplastante han terminado por provocar el vaciado de talento en el equipo gestor del Barça. Los tres hombres clave se han ido.
Pero no es nuevo este fenómeno. En el primer mandato de Laporta, el más exitoso de la historia del Barça, el dirigente se rodeó de un grupo de renombrados directivos y el club alcanzó la victoria en Liga en 2005 y el doblete con Liga de Campeones de 2006. Las cabezas pensantes de aquel renacer glorioso eran Sandro Rosell, Ferran Soriano y Marc Ingla. Ellos construyeron y desarrollaron el proyecto. Y se marcharon antes de completar la obra, por desavenencias con el presidente. Ahora toca ejecutar una reestructuración que no parece sencilla, pues hay que recortar en 200 millones de euros la masa salarial, recuperar a Messi para darle la despedida que merece -el exfutbolista Deco es el encargado de agilizar esta operación- y diseñar una plantilla competitiva con el menor número posible de ventas de jugadores importantes. Y el presidente va a necesitar ayuda.