El espionaje del móvil de Pedro Sánchez podría derivar en un gravísimo escándalo si se confirman las sospechas de que Marruecos está detrás de esa intromisión “externa”. En tal caso, y ante el presunto chantaje, el presidente del Gobierno habría cambiado radicalmente la política española sobre el Sáhara ante el pánico de que se filtrara la gran cantidad de datos extraídos de su teléfono. Quizás, el jefe del Ejecutivo poseía una información tan sensible, tan indigna, que tumbaría su carrera política. Y ante el escándalo, prefirió hocicar ante el chantaje y dejar al pueblo saharaui a su suerte para evitar ser laminado. El prestigioso periódico británico The Guardian publicó un informe sobre el programa de espionaje Pegasus que apuntaba a Marruecos como autor del espionaje a más de 200 móviles españoles que habrían sido seleccionados como objetivos de vigilancia, entre ellos, el del presidente del Gobierno.
Ahora, la Comisión del Parlamento Europeo ha emitido un informe en el que también apunta a Marruecos como el “posible” responsable del espionaje a los teléfonos del presidente del Gobierno español, la ministra de Defensa y el ministro del Interior. La Comisión aprobó el informe por 30 votos a favor, 3 en contra y 4 abstenciones.
Ante esta cascada de acusaciones, el presidente del Gobierno tiene que aclarar las muchas incógnitas que planean sobre el espionaje de su móvil. Y si se confirmara la autoría de Marruecos, no podrá eludir explicar con detenimiento si su radical cambio político sobre el Sáhara obedece a que el Reino alauí está en posesión de datos sensibles de su teléfono. Aunque sería iluso esperar que contara el contenido de esa ingente cantidad de documentos que le han robado. Pero se confirmarían las sospechas de que la información en manos de Marruecos le dejarían en evidencia. Trituraría su carrera política. Para empezar, porque habría traicionado al pueblo saharaui a cambio de salvar el pellejo.