www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Donantes de sueño, no solo una novela de insomnio

viernes 12 de mayo de 2023, 20:02h

¿Cuál es tu peor pesadilla, aquella que no te deja dormir? ¿Te imaginas transmitirla, como un virus? A medio camino entre Pesadilla en Elm Street, literatura de epidemias y vampirismo, Karen Russell publicó en 2014 la novela Donantes de sueño, que ahora la editorial Sexto Piso presenta en nuestra lengua. Ambientada en un EEUU futuro (encontramos, por ejemplo, una referencia al DSM-12), una plaga de insomnio recorre el país y, aunque no termina de quedar claro, la afección parece deberse a que «la función de señal metabólica del neuropéptido que es la orexina ha quedado dañada» (p. 21), por lo que los enfermos reciben el nombre de orexines; estos necesitan que les donen sueño si no quieren ir viendo minadas sus facultades hasta que, finalmente, arriben al U. D. (Último Día), el intervalo de vigilia previo a la muerte. A su vez, los hospitales no dan abasto; las Brigadas Duermevela, dedicadas a ir de casa en casa y recoger en sus furgones las donaciones de descanso, se encuentran desbordadas; y las listas de espera en los Bancos de Sueño no paran de crecer. Montones de sin techo como mareas zombis se agrupan en el extrarradio, en tiendas de campaña, desamparados, en especial los llamados discrecionales, que hacen lo posible por no caer en brazos de Morfeo al haber sido contagiados por terribles pesadillas en una transfusión contaminada; en esas macro raves se consume todo un cóctel de drogas, medicamentos y bebidas para que los ojos no bajen la persiana. Los llaman Mundos Nocturnos, donde «ver a una sola mujer que se duerme ha modificado la atmósfera entera de la carpa» (p. 129).

Lo psicológico cartografía lo social, Donantes de sueño deviene premonición: en una economía capitalista que coloniza nuestra psique, que como Freddy Krueger nos persigue incluso dormidos, que crea con el desalojo del sueño propio, por usar las palabras del alcalde de la novela, un nuevo tipo de sintecho, ahí, digo, se sitúa la narrativa, a la manera de un enano jorobado en la trastienda. Nos faltan horas y nos sobra el cansancio, el oráculo de Hamlet dicta sentencia: el tiempo está fuera de quicio. Con esta epidemia, «el tiempo en sí se convertirá pronto en un anacronismo. El tiempo, tal y como lo ha vivido nuestra especie en este planeta, dejará de existir. Se acabó el binarismo oscuridad/luz» (p. 23). Las ojeras son nuestro distintivo estético, el capital se introyecta en tu sueño porque es un instrumento onírico: estrés y bruxismo. Si en el Primer manifiesto surrealista André Bretón contaba la anécdota de cómo el poeta francés Saint-Pol-Roux antes de acostarse colgaba en la puerta de su dormitorio un cartel donde podía leerse «el poeta está trabajando», hoy todos somos Saint-Pol-Roux. Vivimos una política del insomnio, que para lo mercantil tiene sus ventajas: «El insomnio te envejece de un día para otro: es un nuevo eslogan de los aceites Olay y de una industria cosmética que ahora mismo coloca sus cremas de noche con facilidad» (p. 116). Karen Russell ha conseguido algo que se halla ínsito en la mejor ciencia ficción: explicar el presente. ¿Y tú? ¿Duermes como un bebé? Sea cual sea la respuesta, te verás interpelado.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios