Cuando más arreciaba el azote terrorista, cien asesinatos por año, aquella España de los ochenta imaginó con desesperación e, incluso, rezó con fe por que llegara un día en que ETA dejara de matar. Para algunos, el motivo era lo de menos. Lo que los españoles nunca alcanzaron a imaginar es que los asesinos, solo veinte años después del asesinato de Miguel Angel Blanco, fueran decisivos para gobernar España participando en la toma de decisiones y en la elaboración de leyes. En suma, portando en sus manos los picos con que echar abajo el edificio constitucional y dinamitar la concordia.
Gracias al apoyo proetarra, Sánchez ha logrado crear un impuesto a la banca, subir las pensiones, derogar la sedición o publicar en el BOE leyes como la de Vivienda o la conocida como Ley "Trans". Hipotecado Sánchez ha debido pagar por ello con la salida de la Guardia Civil de Navarra, la cesión de la competencias penitenciarias al País Vasco y, especialmente, con la insólita e inconcebible redacción de la Ley de Memoria Democrática, que llega al irrisorio extremo de considerar a Felipe González como un franquista más, una especie de sucesor del Caudillo. Aunque sostienen que sí, sin embargo en Moncloa nunca se han propuesto con espíritu franciscano recuperar para el redil a la oveja descarriada, más bien sería lobo con piel de cordero; lo que allí persiguen es ejecutar toda una calculada estrategia amoral e incoherente de mantenerse en el poder como sea y a costa de lo que sea.
En la Casa Blanca a Sánchez, buen progre que no solo odia a EEUU, sino que además lo envidia, le entró un contagiado fervorín de aspirante a estadista y, por unos segundos, barajó ser un dirigente con decencia. "Lo de Bildu es legal pero no decente", se atrevió a decir. Pero su ardor ético quedó sepultado en un cosmético amago. Al recordar su débil mayoría parlamentaria necesitada del sustento de Bildu, el fogonazo de decencia se disipó. La presencia de etarras en las listas no solo es indecente, también es ilegal porque la Ley Orgánica de Partidos Políticos establece como motivos para que un partido político sea declarado ilegal: "incluir en sus listas electorales a personas condenadas por delitos de terrorismo que no hayan rechazado públicamente los fines y los medios terroristas". Y ese rechazo público jamás ha tenido lugar
El ejercicio del poder suele adormecer la conciencia, salvo para el que carece de ella. Sin principios éticos, no hay política, sino oportunismo y demagogia. El arte de hacer política es mucho más que la inmediatez de llegar y luego aferrarse al poder; es gobernar con perseverancia y transparencia para el bien común y de todos, aunque en las elecciones siguientes no se renueve el mandato. Sánchez, que siempre hace lo contrario de lo que predica, dice haber sintonizado muy bien con Biden. Pero ¿con quién sintoniza Sánchez en España? "Dime con quién andas y te diré quién eres", responde el refranero.