La partidocracia, la más auténtica definición de nuestro régimen político, pura oligarquía de Partidos que ocupan el Estado para gozar de él contra los intereses de la sociedad, puede llegar a ser despiadada cuando un particular, un “idiôtes, que dirían nuestros padres griegos, construye una alternativa a ese dominio político que nos somete tiránicamente. Tal es el caso que ocurre en Orense con las escuchas perpetradas contra el alcalde, Gonzalo Pérez Jácome, un “idiôtes” tendero y comunicador, que sabe lo que es la lucha por la vida desde la pequeña empresa. A los dieciocho años su madre lo mandó a Londres para que comprase veinte pianos Kawai para la tienda de música familiar. Cuando todos los grandes medios convertidos en jaurías lacayunas de los amos del Estado y las Administraciones se lanzan contra él para despedazarlo, mediante comentarios fabricados, es señal inequívoca de que Gonzalo es un hombre honrado, probablemente casi un santo dada la ferocidad de sus enemigos, y los recursos que han puesto estos en juego para encontrarle una frase inoportuna e infeliz. Pero cualquier régimen político fracasa cuando el comportamiento de los actores políticos no llega a esos “minima moralia” que exige la decencia pública. Y entre las dilatadas escuchas a un ciudadano del común y la incorporación en las listas electorales del Bildu-amigo-del-gobierno de antiguos asesinos de ETA el actual régimen político español se está despeñando.
Si yo fuera vecino de Orense sería un forofo de Jácome, y blandiría su bandera como estandarte de la libertad de los vecinos y de la sociedad civil contra su sumisión a la mafia rampante de la ciudad, constituida por esa corporación de políticos y empresarios delincuentes, que de forma tan exacta refleja la terrible realidad sociopolítica de España. A Jácome, theodídaktos, que expone sus pensamientos con absoluta perspicuidad, le han grabado 60.000 minutos de conversaciones en su despacho municipal para poder coser con fragmentos de distintas conversaciones frases poco felices y políticamente desagradables. Tantos minutos de grabación perseverante, más que investigación periodística, supone toda una cacería político-mafiosa. ¡Ni el Centro Nacional de Inteligencia graba tantos minutos al ulema más radical! La libertad y dignidad de los orensanos exige hoy apoyar a su alcalde, verdadero escudo de la sociedad civil orensana contra la mafia partidocrática. La fiscalía no sólo debe oír las infracciones que delatan los audios construidos, sino también preguntarse qué inconfesables intereses oligárquicos han urdido esta trama de espionaje político-empresarial. Y aquellos medios que venden su independencia periodística por subvenciones o mordidas si se prestan a linchar sin razones a quienes no malgastan el dinero público comprándoles y corrompiéndoles, deberían ser perseguidos por la justicia y preventivamente clausurados, como entes infames conculcadores de las libertades civiles a través de las calumnias pergeñadas por la oligarquía local y provincial, que son capaces de tragarse toda la tesorería de la región, como esos restaurantes malos que por falta de higiene en las comidas causan diarrea a sus clientes.
Y aunque este montaje de medios sin escrúpulos, hambrientos de subvenciones, se ha propagado como fuego griego, quizás acabe quemando a los portadores del combustible, y sirva el difamante infundio como edificación moral de Orense. Una vez que se pone en juego la deslenguada trompeta del Rumor, saltando de oído en oído la noticia, nunca se sabe quién ganará la partida. El éxito político debería fundarse en la intachabilidad de las reputaciones y la rectitud, y no en las conspiraciones nocturnas de un periódico paniaguado, que dispara ideas capciosas, todas ellas ofuscadas y ennegrecidas por promesas de subvenciones fuliginosas.
Y es que tenemos en primer término de este fresco digno de pintarse en la piedra de la Catedral de San Martín un honrado “idiôtês” haciendo girar la rueda de la política orensana, como un bruto, al revés: contra la corriente tradicional de la corrupción - ¡santo cielo! –, en vez de a su favor. Porque “tantum valet, quantum sonat”. Afortunadamente Jácome es una excepción a esa ley marxista, casi siempre verdadera, que afirma que es el ser social el que determina la conciencia y no al revés. En el fondo, la libertad verdadera marcha contracorriente, como esa inclinación interna que tienen los átomos de Epicuro en su caída.
La forma de que los jueces garanticen el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, constituye uno de los mejores parámetros para diagnosticar la salud de una democracia, evaluar el nivel de respeto a los principios que la sustentan y medir la robustez de sus libertades civiles. Por eso se debería cerrar el periódico que ha urdido una calumnia contra un ciudadano por intereses de terceros. Las infames escuchas contribuyen a la neutralización de los riesgos que pueden comprometer el bienestar de la rampante mafia local partidocrática, allá donde se originen. Sin embargo, el periodismo lacayo no ha tenido en cuenta la “contrainteligencia” con que puede proceder ahora Democracia Orensana, de suerte que pueda salir el tiro por la culata para los próceres orensanos, amos de la prensa venal de la ciudad. Que no por casualidad nació en Orense el gran padre Feijóo, cuya casa en Casdemiro debió hace muchos años ya adquirir la Administración provincial, como objetivo cultural de primer orden, en vez de gastar el dinero público en comprar periódicos mercenarios al servicio de la codicia siempre insatisfecha de los próceres de la ciudad. Si es verdad que siempre los mecenas de la Prensa no han dado sus ayudas gratis y desinteresadamente – tampoco el Gobierno -, sino que lo han hecho a cambio de generar corrientes de opinión, desde que se acabó la Prensa de papel, y llegó la de internet, ésta vive mucho más en precario y, por tanto, su lacayunismo con respecto a sus patrocinadores se ha multiplicado tanto que ha perdido casi toda su credibilidad. Hoy la Prensa necesita un acto de fe casi religiosa para ser creída, para confiar en su independencia, que era el principal producto que antaño vendía. Su información muchas veces ni está contrastada, ni es rigurosa, ni es pertinente; sólo es propaganda. Pero hubo una época en España – en mi adolescencia – en que hasta la Prensa local y regional trabajaba sometida a unos controles deontológicos, que le daban legitimidad jurídica y moral.
Vecinos de Orense, defended a vuestro alcalde si no queréis volver a ser siervos de una partidocracia mafiosa.