Tito Berni siempre transcendió a Tito Berni. De hecho, Tito Berni es un síntoma de corrupción, y no tiene nada que ver con la persona de Tito Berni, que sólo es un político de tantos, y quizás un futuro héroe de novela picaresca. La influencia depravadora de dinero fácil que sale de nuestras oligarquías políticas ( los partidos ) en connivencia criminal con las oligarquías civiles ( empresarios, promotores, financieros, agiotistas, etc. ) tallan las múltiples historias de los Tito Berni, los trimalciones de esta horrenda partidocracia. Los torrentes de oro que las oligarquías políticas con representación han encontrado gracias a su complicidad con banqueros, industriales y empresarios delincuentes, a los que protegen normativamente, han hecho perder la cabeza a la gente más sinvergüenza por entrar en política y ha ahogado toda moralidad pública. Los más rapaces y codiciosos, aquellos que se revuelcan en el cieno profundo y en las tinieblas de la falsedad, entran en los latíbulos políticos para enriquecerse a través de la prevaricación o de la malversación, y por conseguir el trono o la trona del cargo público son capaces de aliarse, si les falta un puñado de votos, con aquellos que jalean como héroes a la vieja cofradía del hacha con la serpiente, caduceo hermético de la mafia española. Incluso en ocasiones, la policía, la guardia civil o hasta algunos jueces, cebados con copiosos sobornos, se llegaban a parecer a una boa saciada, somnolienta y holgazana. Tito Berni es España. Tito Berni es el régimen político español, suelo fértil para que aparezcan pisos de políticos como champiñones sobre la inveterada piel bovina de España y las flagiciosas concupiscencias. Es verdad que Tito Berni no tiene la figura elegante y “pija” del ladrón de cuello blanco y buena familia, del aristócrata forajido que viste en Stefano Ricci, pero es que España se expresa mejor en el género chico y trefe de la zarzuela que en la gran tragedia wagneriana. Lo nuestro es la bufonada cutre, informe amasijo de monstruosidades. Los alumnos más aventajados persiguen a su maestro, el Rey Juan Carlos I, cuando estos alumnos han superado con creces la prudente codicia del maestro. Además, un secreto de Estado es un cheque en blanco. “Radix est omnium malorum avaritia”. Mas con fiel servidumbre la gente sigue votando, y votando incluso apasionadamente. Y es que nunca las fechorías de los amos han hecho a los lacayos sublevarse; muy al contrario, cuanto más tiránicos y sinvergüenzas son los amos aumenta el espíritu lacayuno del pueblo para seguir votando sus melonás y esclavitudes. Ya decía Séneca que la mayor parte del pueblo hace lo que ignora por qué lo hace. Y el maestro Quintano nos ha dejado claro que las únicas conciencias relevantes son las conciencias de los jefes de partido. La Revolución Francesa surgió de la aristocracia francesa y de la alta burguesía, del mismo modo que la Revolución Rusa nace con los obreros mejor pagados de toda Rusia, los de Petrogrado. La gente del subsuelo, ilusa turba de hombres ignorantes, grita siempre “viva las caenas”, y en eso los españoles tenemos matrícula de honor. Ya San Agustín afirmaba que “así como los demonios no pueden poseer sino a los que han engañado, así también los políticos persuaden al pueblo con falsas mentiras, pareciéndoles que de este modo estrechan más en él el vínculo de la unión civil, para tenerle así obediente y sujeto”. Y eso que el santo profesor de retórica en Milán no conocía a los políticos españoles. Si la ley de la justicia no gobierna a los gobiernos en algo que quiere ser democracia, ¿qué son las Administraciones sino latrocinios? El Mundo Antiguo, sin embargo, nos muestra casos de grandes líderes que no quisieron salir de la pobreza por medio de la política. Lucio Valerio, siendo cónsul, murió tan pobre, que le enterraron – los cadáveres de los ricos se incineraban - e hicieron sus exequias con la suma que el pueblo contribuyó de limosna. El gran dictator Cincinato, salvador de la República Romana, en homenaje al cual los padres fundadores de los Estados Unidos levantaron la ciudad de Cincinnati, vivió toda su vida como un labrador pobre. Era propio de los grandes caudillos romanos decir: “Somos pobres en nuestra vida privada, y ricos como romanos”. Plutarco en sus Vidas Paralelas nos ofrece numerosos ejemplos de políticos cuya ambición se fundaba en tener poder político, y así servir a la patria, pero no en tener dinero, objetivo impropio y zafio para el Mundo Clásico. Y en la reciente historia de España, casi como un hápax político, tenemos a Manuel Fraga Iribarne, político superdotado, que vivió una vida sencilla y modesta, y su tumba en Galicia es como la de cualquier hombre ordinario. “Non ebur neque aureum / mea renidet in domo lacunar”, decía con versus memorialis en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, ya desde una silla de ruedas. Los venerables miembros del Tribunal Constitucional, dioses Epulones, se ponen muy clementes con un ladrón de Estado, cuyo Partido, secta pestilencial, puede, el día mañana, cortar las alas de los hijos o sobrinos del alto Tribunal que aspiran a hacer una gran carrera judicial, como sus padres, abuelos o tíos, si osan aplicar la Carta Magna escrupulosamente, pero siguen permitiendo que se meta en la cárcel, y durmiendo sin Orfidal, a los pobres ladrones de gallinas, que írritos por completo jamás soñarán en una venganza política. Por eso los castigan. Los partidos del consenso no han sido otra cosa que un complejo de acciones vergonzosas y algunas veces criminales y nefandas. No es decoroso hacer pintadas insultantes en la sede del PSOE de la Laguna, con alusiones al desbocado compañero Tito Berni, cuando Tito Berni ya es toda una prosopopeya de nuestro sistema político. Las cenas de Tito Berni tienen triclinios de todos los colores, en donde se bebe el óptimo Salerno de cien años del Trimalción partidocrático.