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TRIBUNA

Alejandro Guillermo Roemmers: en el Encuentro Internacional de la Fraternidad

viernes 16 de junio de 2023, 20:40h

La paz es la esencia de la vida humana; el campo de batalla solamente revela al hombre su propia estupidez y desesperación, y la victoria es una ilusión de políticos y filósofos imbéciles.

William Faulker

Para el prócer argentino Juan Bautista Alberdi, uno de los primeros precursores de la paz universal (que en su momento se opuso fervientemente a la infame guerra de la Argentina contra el Paraguay, rechazando la posibilidad “de llevar adelante una guerra justa, que sería lo mismo que hablar de crímenes justos”). Y que, para reafirmar su pensamiento, escribió, hacia mediados del siglo diecinueve, su condenatorio libro El crimen de la guerra, donde denuncia premonitoriamente “que las armas de destrucción penderán un día de nuestras cabezas, sino se condena la violencia como forma de injusticia cada día más amenazante”. Otro de los propósitos de Alberdi era la fundación de una Liga Internacional Permanente para la Paz.

Desde aquel entonces se sucedieron demasiados hechos condenables, y en siglo pasado dos cruentas y demenciales guerras ecuménicas sacudieron al mundo arrojando millones de víctimas inocentes; y aún hoy, en nuestros días, aquello no ha cesado y se prolonga en la actual invasión de Ucrania por parte de Rusia. No caben dudas, por lo tanto, que El crimen de la guerra sigue vigente, y el hombre, asesinando al hombre no detiene su locura. Las tendencias ambiciosas de invadir territorios que alteran el orden universal está en ebullición en nuestros días; a esto se suman y suceden las tendencias hacia el nacionalismo, el tribalismo, el populismo, el proteccionismo, el aislacionismo y el abordaje de una política mundial que parece declinar; incluso allí donde hasta hace poco era casi impensado. Con esa deplorable actitud, se continúan fabricando y traficando armas letales que nos alarman con propósitos pesarosos, reprobables y desesperanzadores.

Sin embargo, siempre están presentes aquellas almas nobles y solidarias cuyo propósito esencial es la busca de la paz, la tan ansiada paz universal que nos involucre a todos sin excepción. Bajo esa consigna y desde el lema Encuentro Internacional de la Fraternidad, organizado por la Fundación Vaticana Fratelli Tutti el pasado 10 de junio en la Plaza San Pedro, se hizo un llamamiento para construir la amistad social y un paradigma de fraternidad, justicia y paz mundial. El acto contó con la participación de cientos de jóvenes de todo el mundo y más de treinta Premios Nobel, todos inspirados en los principios de la Iglesia Católica y formulados por el Papa Francisco, que dice en su párrafo inicial: “Somos distintos, somos diferentes, tenemos diferentes culturas y religiones, pero somos hermanos y queremos vivir en paz”.

Agreguemos que La Fundación Fratelli Tutti fue instituida por el Papa Francisco a fines de 2021, con el fin de promover la fraternidad y construir puentes de “amistad social” a través de la formación, el diálogo y la contemplación de la belleza expresada en el lenguaje del arte. Se trata de un espacio abierto a la formación de los jóvenes, así como a la creación de proyectos y redes sobre medio ambiente, política, economía y empresa, entre otras temáticas.

Otro argentino, especialmente invitado, el escritor, empresario y mecenas Alejandro Guillermo Roemmers, inspirado también en una frase de San Francisco de Asís, se sumó al Santo Padre, invitado por él, y habló en el acto proponiendo su Cruzada Mundial para sanar la raza humana a partir del amor y el abrazo universal como receta.

Mi primer pensamiento en este momento va hacia nuestro querido Papa Francisco, que nos ha convocado hoy aquí. Pidamos todos unidos por su pronta recuperación -empezó diciendo Roemmers-. Autoridades eclesiásticas, cuerpo diplomático, Premios Nobel de la Paz, queridos hermanos y hermanas de todo el mundo:

Estamos hoy aquí para producir un símbolo, un gesto de unidad que pueda condensarse en una imagen que diga más que mil palabras, que no necesite traducción y que pueda llegar y ser comprendida por todo el mundo.

El abrazo es un lenguaje que trasciende las palabras, es el idioma del corazón que todos comprendemos, en que el tiempo se detiene y todos podemos encontrarnos. El abrazo es un refugio que nos fortalece, donde se desvanecen las tristezas y se multiplican las alegrías, se calman los dolores y los miedos y se nutre el espíritu. Es un bálsamo para las heridas del alma ya que sin palabras nos decimos “Te entiendo”, “Te acepto”, “No estás solo”, “Te quiero”.

El abrazo es un puente entre los corazones que crea lazos indestructibles, un regalo que todos podemos dar en cualquier momento y en cualquier lugar, es el abrigo más cálido que podemos ofrecer a quienes nos necesitan. El abrazo es el idioma del amor universal de las almas que cuando se estrechan sinceramente crean un momento de eternidad.

Por eso, ha sido mi sueño convocar a todos, sin exclusiones de ningún tipo, a que se abracen con cariño y sinceridad por el solo hecho de ser hermanos.

Y somos hermanos, porque todos nosotros estamos indisolublemente conectados unos con otros como células de un mismo tejido, neuronas de una misma inteligencia y energías de un gran amor universal.

Tal vez este gesto, este abrazo, a algunos les parezca pequeño e insignificante ¡Les aseguro que no lo es! El bien es más fuerte que el mal; basta que hoy, aquí, encendamos una vela para que comience a retroceder la oscuridad.

Somos la enorme mayoría del mundo los que queremos la Paz y el amor entre las personas; pero no debemos callarnos. Debemos decirlo al mundo ahora y cada día con nuestros abrazos, nuestros pequeños gestos de bondad, de generosidad y de compasión, que también pueden recorrer el mundo y hacernos bien a todos.

Las nuevas tecnologías, con su riesgo de adicción y manipulación, también son una oportunidad para expresar el amor. Multipliquemos por todos los medios posibles y todas las pantallas disponibles los pequeños actos de bondad que presenciemos: esos ejemplos nos motivarán a ser mejores y más felices.

Esa es la humanidad que queremos y a partir de hoy cada pequeña acción que hagamos, cada palabra que pronunciemos, debe llevarnos en esta dirección.

Podemos hacer una diferencia, cada uno de nosotros puede hacer una diferencia. Nuestras vidas pueden tener propósito y sentido y evitar que otras miles de vidas en el presente y el futuro se pierdan inútil y tristemente.

Somos seres espirituales atravesando una experiencia humana. Cooperemos entre nosotros por nuestro propio bien y por el bien y la felicidad de todos. Dejemos atrás la filosofía de la escasez y la competencia, pues el amor, cuando se da, se multiplica. Demos al mundo un ejemplo, una imagen que perdure y atraviese el tiempo y las generaciones.

Ahora es el tiempo de la revolución pacífica de la fraternidad. Ese es el gran desafío de nuestro tiempo. La ciencia y la tecnología ya han hecho su parte: nos han interconectado y reunido en una gran inteligencia planetaria, la suma de la inteligencia natural y artificial. Ahora somos nosotros, los seres humanos, los que tenemos que estar a la altura de las circunstancias y poner todo el poder de esa tecnología a nuestro servicio, al servicio de toda la humanidad, al servicio del amor, que es lo único que nos preservará como especie y nos hará más felices y más fuertes.

Por eso ahora, en ese espíritu de fraternidad universal, de San Francisco y de nuestro querido Santo Padre, los invito queridos hermanos a darse un afectuoso y sincero abrazo, mirándose a los ojos, abriendo bien sus brazos, pero por encima de todo, abriendo bien su corazón.

Que el amor eterno e infinito los bendiga a todos”.

En la jornada expusieron también representantes de organizaciones de derechos humanos del mundo, y se transmitieron imágenes de la actividad, que se realizó en simultáneo en otras ocho plazas de distintas ciudades del mundo: en Brazzaville, Congo; Trapani, Sicilia; Bangui, República Centrafricana; en Etiopía; Buenos Aires, Argentina; Nagasaki, Japón; Lima, Perú; Nueva York, Estados Unidos y en Jerusalén, Israel.

La convocatoria contó también con la participación del cantante Andrea Bocelli y la presentación musical de artistas de todo el mundo. Hacia el final, la representación internacional de jóvenes, tomados de la mano, se unieron en un gran abrazo.

Así, en idénticos sendero imaginados que nuestro prócer Juan Bautista Alberdi y, sin duda, retomando aquel humanitario y sabio propósito de la Liga Internacional Permanente para la Paz, dos argentinos, el Papa Francisco y Alejandro Guillermo Roemmers, lo reviven ahora al hacer realidad este Encuentro Internacional de la Fraternidad.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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