Ya apuntábamos en nuestro último editorial la jugada maestra de Feijóo al facilitar al PSOE con sus votos los gobiernos municipales de Barcelona y Vitoria. Como era previsible, ni un solo dirigente socialista, menos aún el mezquino de Sánchez, ha agradecido el regalo. Pero los separatistas, en cambio, han salido en tromba para demostrar su rabia por haber perdido la capital catalana, un bastión para sus intereses secesionistas. Porque Colau, aunque ahora se ha hecho socia de Yolanda Díaz, tiene más de independentista que de comunista. Ladran, luego cabalgamos, deberían decir los constitucionalistas. Pero no. No hay que fiarse del socialista Collboni, que teme las represalias de los independentistas, que no tardarán en llegar.
Pero la rabia separatista, además de placentera, demuestra que Junqueras, Puigdemont y compañía pueden ser derrotados si algún día el PSOE y el PP se ponen de acuerdo. Las declaraciones del cobarde ex presidente de la Generalidad huido son todo un ejemplo de su paranoia: “El Estado español sigue en guerra”. Mientras, Maragall habla de que “España ha aplicado un 155 de facto”. Pero no ha sido así. Ni negociaciones soterradas, ni pactos. Ha sido el PP el que avisó que apoyaría al PSOE en el País Vaco para frenar a Bildu y, además de cumplirlo, ha aplicado la misma receta antiseparatista en Barcelona al abofetear a Puigdemont.
Por desgracia, la lección magistral de Feijóo a Sánchez no ha roto los bloques, como dice la mayoría de analistas políticos. La mejor prueba de ello es el silencio de la entera izquierda ante el gesto del PP, partido al que siguen calificando poco menos que de “fascista”. “Peor que Vox”, dice ahora Sánchez en El País. Dice ahora, después de haber puesto una pica en Barcelona gracias a Feijóo. La política de bloques tardará en desaparecer. Pero, para ello, resulta imprescindible sustituir al líder del PSOE. Entonces, sí. Hasta entonces, los socialistas siempre estarán al lado de los comunistas, los proetarras y los secesionistas. Más aún ahora, que ya no le salen las cuentas ni en las encuestas de Tezanos. España necesita urgentemente un cambio de Gobierno. Pero solo respirará cuando Pedro Sánchez se vaya a su casa.