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EDITORIAL

Pedro Sánchez no cambia de opinión; miente como un bellaco

EL IMPARCIAL
miércoles 21 de junio de 2023, 08:18h

Pedro Sánchez parece estar noqueado antes de saltar al ring de la campaña electoral. Ha emprendido un frenético maratón por televisiones y radios en un desesperado intento de explicar el trastazo que sufrió el 28-M, para intentar sacar la cabeza del agujero en el que ha metido al PSOE. Y todo se resume en una frase del presidente. “No he mentido- le dijo a Carlos Alsina- He cambiado de opinión”. Ocurre, sin embargo, que en campaña electoral siempre dice lo contrario de lo que luego hace, de lo que luego sabe que hará si no hay más remedio. El listado de “cambios de opinión” es interminable: los pactos con Bildu, el insomnio con Podemos…Pero su gran farsa, por no decir mentira, está en el relato de la elaboración de la ley del “Sólo sí es sí”.

Porque o no sabía una palabra del texto legislativo o no se atrevió a contradecir a Irene Montero, no fuera a romper la coalición de Gobierno. En ambos casos, resulta o una temeridad o una cobardía. Porque el Consejo de Ministros que presidió sacó adelante la maldita ley, que luego se aprobó en el Congreso de los Diputados en medio de una estruendosa ovación para terminar plasmada en el Boletín Oficial del Estado. Pero el relato es aún más cínico. Sánchez justifica la escabechina de Irene Montero por sus discursos feministas “de confrontación”, y, según él, es necesario un “nuevo movimiento social integrador” en torno al feminismo. Se trata de una manera torpe de justificar la purga en Podemos emprendida por Yolanda Díaz, quien también acusó en su día a los jueces de machistas y reaccionarios por emitir sentencias que beneficiaron a más de mil delincuentes sexuales y excarceló a más de cien. Sentencias basadas en la letra de la nueva ley. Pero la verdad oficial, según Sánchez y Díaz, es que la única responsable del fiasco se llama Irene Montero. Ellos, presidente y vicepresidenta, son inocentes.

Pero en un gesto mezquino, también justificó el nombramiento de Montero como ministra de Igualdad por considerarla de “menor rango” y a condición de dejar los ministerios “importantes” a los socialistas. En realidad, el cambio de opinión obedece al interés de Yolanda Díaz, a la que Sánchez considera su tabla de salvación tras el 23-J, para que la vicepresidenta en funciones atraiga a los votantes de Podemos, lo que supondría la única, aunque remota, posibilidad de que el presidente no tenga que abandonar La Moncloa. Porque la dispersión del voto comunista puede dejar al PSOE sin la mayoría necesaria para mantener el poder.

Así, Sánchez apuesta por su ministra de Trabajo en funciones como diva del nuevo comunismo, como muleta para pactar con las izquierdas más radicales o como compañera de viaje en su sueño de reeditar un nuevo Gobierno de coalición. Y para ello, necesita dejar al partido morado en la irrelevancia. Pero es evidente que Pedro Sánchez no cambia de opinión. Simplemente, miente como un bellaco.

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