No se trata de la opinión de José María Aznar o de Mariano Rajoy. Se trata de los dirigentes históricos...
No se trata de la opinión de José María Aznar o de Mariano Rajoy. Se trata de los dirigentes históricos del mejor PSOE, aquel que fue respaldado de forma abrumadoramente mayoritaria por el pueblo español. Pedro Sánchez pelea ahora por alcanzar los 100 diputados. Felipe González se encaramó en los 202. Ayer permaneció en silencio durante la presentación por Alfonso Guerra del libro de Virgilio Zapatero, Aquel PSOE. Las declaraciones del político que está considerado como el gran hombre de Estado del siglo XX son inequívocas, como inequívoca fue la crítica de Alfonso Guerra al presentar el libro del exministro.
Suárez Pertierra, Solchaga, Barrionuevo, Corcuera, Leguina, Rosa Conde, César Antonio Molina, Almunia, Alfonso Guerra y Felipe González son algunos de los socialistas españoles que no pueden digerir los pactos y los acuerdos del PSOE de Pedro Sánchez con los proetarras de Bildu o con los secesionistas de ERC. Ante esa realidad que fragiliza la unidad del partido, Pedro Sánchez está recogiendo velas porque solo faltan cuatro semanas para las elecciones generales y se teme la catástrofe. Lo que pasa es que no son muchos los socialistas que creen en su proclamada fe socialdemócrata.
El día 28 de mayo, tras el desastre electoral, destacados barones socialistas de la actualidad política expresaron su convicción de que Pedro Sánchez no podía ser el candidato del PSOE en las elecciones nacionales previstas para el otoño. El presidente del Gobierno, al que nadie puede negar habilidad política, reaccionó y horas después desbarataba las maniobras internas convocando elecciones generales para el 23 de julio, impulsando la distorsión que significan, por un lado, las vacaciones, por el otro, la canícula estival. Le podrá salir bien o mal la jugada a Pedro Sánchez, pero el 28 de mayo lo tenía todo perdido dentro del PSOE y ahora le alienta renovadas esperanzas.
En todo caso, el acto de presentación del libro inequívoco de Virgilio Zapatero, con el salón de la Fundación Giner de los Ríos abarrotado y con la asistencia de relevantes nombres socialistas históricos, constituyó un mazazo de consideración descargado sobre la cabeza un tanto maltrecha del líder de ese PSOE sanchista que tanto rechazo produce en el propio mundo al que pertenece.