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TRIBUNA

El finiquito

Juan José Vijuesca
jueves 22 de junio de 2023, 19:54h

Cualquiera de nosotros, trabajadores por cuenta ajena, si optáramos por causar baja voluntaria en la empresa, tendríamos derecho a percibir la parte proporcional de las pagas extras, días de vacaciones y el salario por los días trabajados en el mes de turno. Nada más y allá cada cual. En política de este país la cosa pinta de otra manera mucho más pastoril (de pasta) cuando los altos cargos cesan en sus tareas.

El finiquito de sus señorías viene a ser una orgía de dinero que pagamos ustedes y un servidor con pleno consentimiento de causa, es decir, sufragamos a fondo perdido las indemnizaciones millonarias que por cese como ex altos cargos están recogidas en la Ley de Presupuestos Generales del Estado de 1981 (Art. 10, número 5, norma primera) A mí esto me parece una canallada del calibre XXL. Una vergüenza que alguien bien comido, bien servido y bien abanicado, se marche de la empresa política y encima haya que ponerle alfombra y lanzar pétalos de euros para un “cierre la puerta al salir”.

Me estoy refiriendo a todos en general y en particular, por aquello de acabar contrato, a la ministra Irene Montero y a sus principales escuderas, Ángela Rodríguez Pam y Victoria Rosell. Estos son nombres tomados de la rabiosa actualidad además del aquelarre traído por sus eminencias al frente del Ministerio de Igualdad, puesto que ahora podrán acogerse a esa generosa dispensa reservada para una casta que nada tiene que ver con aquella otra que fuera objeto de fingimiento propagandístico. Astucia de masas que dicen en mi pueblo. Y es que el poder trae consigo el bienestar y la lozanía, de manera que de casta le viene al euro cuando éste tintinea a fondo perdido sobre todo si es la casa la que invita.

Podría parecer una broma recurrente el hecho de negarse a percibir esas millonarias indemnizaciones, lo digo por un gesto de contrición de última hora evitando dejar la política con el sinsabor de haber formado parte de la misma estirpe tan vilipendiada. Cargadas de razón si así lo hicieren y nada más sencillo que negarse a solicitar la opulenta prebenda reservada para los cesantes de cargo tales como ministros, secretarios de Estado, el fiscal general del Estado, y los máximos responsables de los organismos reguladores, entre otros. Y decía lo de negarse por un simple acto de lavar esa “leyenda urbana” de la casta. Según parece, Irene Montero percibiría en concepto de desempleo la cantidad mensual de 5.165 euros, es decir, un total de 123.965 euros, durante un plazo máximo de dos años. Una bagatela para enfrentarse a la vida doméstica.

Digo yo que doña Irene y sus asistentes bien podrían haber aprovechado su estancia en Moncloa para derogar esta norma del finiquito tan indeseable y benefactora para algunos, teniendo en cuenta el objeto social del singular e inútil Ministerio de Igualdad. Nada de nada que no haya sido la de derrochar dinero a espuertas para mamarrachadas sin control ni límite; y créame que lo menciono sin demagogia de por medio, es que otra de las exaltaciones de quienes vigilan amablemente el destino de los mortales está en ayudar a enfermos de ELA, tan prometida su ley como bloqueada por PSOE y Podemos. A lo mejor también el finiquito tan dadivoso serviría para financiar ese medio centenar de medicamentos para patologías graves que este Gobierno, el suyo, decide no financiar por ser excesivamente caros por el alto impacto presupuestario.

Al final, doña Irene, comprobará que los actos de generosidad particular son los que definen la igualdad para tantos colectivos que necesitan de esa ayuda que se les niega por la vía de lo políticamente correcto. Haga usted y su séquito un guiño al estilo de don Amancio Ortega, verá como es el mundo real fuera de palacio, pero claro, lo de la casta y el poder es más fácil de aplicar cuando a uno o a una se lo dan todo hecho, ya saben, escoltas, coches oficiales, nurses, asesores, ociosos viajes, reverencias, e incluso equipos de trabajo a quienes se les ordena y gratifica con cargos, prebendas y hasta mando en plaza. Por eso, cuando la vaca deja de dar, es menester hacer balance de los propios fracasos y hacer ejercicio de constricción. El pueblo soberano lo hace valer, incluso Yolanda Díaz, que ya es decir, la ha rechazado de aquella manera. Lo que mal empieza mal acaba.

En fin, me siento atraído por este artículo. Y lo digo yo que no tengo abuela.

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