Hasta ahora, para Pedro Sánchez, la pandemia, la guerra de Ucrania, incluso, el volcán de La Palma eran los máximos responsables de los problemas económicos y sociales de España. Aunque su Gobierno se había enfrentado a esas tragedias “con gran éxito”. Pero, por lo que se deduce de unas encuestas que hunden al PSOE, este relato de los hechos, esta explicación de los problemas de la legislatura no ha calado en los ciudadanos. De ahí, la nueva explicación. Ahora, los culpables de su batacazo el 28-M y, por lo que parece, del que se avecina el 23-J son la prensa y los empresarios de “derechas”, “una ola reaccionaria, alimentada con mentiras, manipulaciones y maldad”.
Así se lo confesó a Évole en una entrevista en la que el presidente ha intentado mostrar “su lado más humano” y que a punto estuvo de llorar “de rabia”. Pucheritos al margen, el único “error” que reconoció haber cometido como presidente del Gobierno fue la aprobación de la ley del “sólo sí es sí” y “fue un error técnico no deseado”. Y, como ya es habitual, la autocrítica ni se asomó a la pantalla.
Hay que reconocer que Pedro Sánchez no se rinde. Nadie da un duro porque pueda ganar las elecciones, pero tampoco nadie se atreve a apostar por su salida de La Moncloa. Y la clave, como era evidente, está en manos de Yolanda Díaz. Porque, esa sí, fue la noticia de la entrevista. Ni siquiera aspira a que el PSOE pueda gobernar. Asume que necesitará imperiosamente los escaños de Sumar para volver a formar una coalición. Ya es oficialmente su tándem electoral, pues todas sus posibilidades de mantenerse en el poder residen en el éxito del nuevo partido, en los escaños que logre la formación de la vicepresidenta en funciones que habría que unir, naturalmente, a los de Bildu, ERC y compañía. Ésa es la única baza que le queda. Otro Gobierno Frankenstein, que cambia la coleta de Pablo Iglesias por la melena oxigenada de Yolanda Díaz. Probablemente, llora por eso. Más que por rabia.