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EN LA FRONTERA

Dialogar con todos

sábado 01 de julio de 2023, 21:05h

Esto ha pedido el Papa a los 32 arzobispos que ha nombrado en el último año, cuando les ha entregado el palio arzobispal, entre ellos, a los españoles José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada; José Cobo, arzobispo de Madrid; José Prieto, arzobispo de Santiago de Compostela; Enrique Benavent, arzobispo de Valencia, y Emilio Rocha, arzobispo de Tánger. Una ceremonia celebrada en la Basílica de San Pedro, en la festividad en la que la Iglesia ha celebrado la festividad de los apóstoles Pedro y Pablo.

El palio es un ornamento que el Papa y lo arzobispos metropolitanos llevan en las Eucaristías Pontificales. Tiene forma de faja circular que carga sobre los hombros y de la cual penden ante el pecho y la espalda dos tiras rectangulares. Está confeccionado con lana blanca y destacan seis o cinco cruces de seda de olor negro o rojo y está bendecido por el Papa, y es el símbolo de la comunión con la Iglesia de Roma. Por eso, FRANCISCO ha pedido a los 32 arzobispos que “su labor sea, a partir de ahora, un compendio de lo mejor que han tenido los dos insignes apóstoles, Pedro y Pablo: la fe del que sigue y el ardor del que anuncia y convertirse en lugar de esperanza”.

Algunos me han preguntado estos días por el significado del término “palio” y la confusión entre el que se impone a los arzobispos metropolitanos y aquel, que en forma se sombrilla, solo se despliega con el Sumo Pontífice, Jefes de Estado, Emperadores, Reyes o Prelados cuando entran en una ciudad o villa de su dominios o en los templos y sobre todo, para llevar procesionalmente el Santísimo Sacramento. Ya, supongo, se han borrado de casi todos aquellas imágenes del NODO en las que aparecía el anterior Jefe de Estado entrando en catedrales “bajo palio”.

Hoy, este palio arzobispal significa la insignia del pastor que lleva a sus ovejas y como nos ha recordado el Papa: “Es hermoso si nos convertimos en una Iglesia en salida, que no encuentra su alegría en las cosas del mundo, sino en anunciar el Evangelio al mundo, para sembrar la pregunta sobre Dios en el corazón de las personas. Llevar al Señor Jesús a todas partes, con humildad y alegría: en nuestra ciudad de Roma, en nuestras familias, en las relaciones y en los barrios, en la sociedad civil, en la Iglesia, en la política, en el mundo entero, especialmente allí donde anidan la pobreza, la degradación y la marginación".

Este pasado jueves, como hemos dicho, José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada; José Cobo, arzobispo de Madrid; José Prieto, arzobispo de Santiago de Compostela; Enrique Benavent, arzobispo de Valencia, y Emilio Rocha, arzobispo de Tánger, han recibido el palio y a ellos FRANCISCO les ha pedido en su homilía a “poner el anuncio en el centro”, a ser “una Iglesia que necesita el anuncio como el oxígeno para respirar, que no puede vivir sin transmitir el abrazo del amor de Dios y la alegría del Evangelio”.

Cinco arzobispos españoles con un gran futuro en la Iglesia particular de nuestro país. Cinco hombres nombrados por FRANCISCO que llevarán el mensaje y la doctrina de este Papa durante muchos años. Una buena semilla que echará sus frutos porque “saben dialogar con todos”, como les ha pedido el Papa. Emoción en los cinco arzobispos y emoción también en aquellos que les conocemos y sabemos cómo riegan sus diócesis.

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