El miedo a una nueva derrota electoral, como ya sucedió en el pasado referéndum, está intimando al actual presidente Chávez a interesarse abundantemente por unas elecciones que poco deberían preocuparle. Por eso, el presidente está participando de forma activa en la campaña electoral, dejando entrever su nerviosismo a la hora de criticar duramente a sus opositores. Sin embargo, la preocupación por un posible paso falso se está convirtiendo en manifiesto nervosismo. En los últimos días, el actual mandatario ha calificado de 'golpistas, mentirosos y ricachones' a los candidatos opositores que aspiran a las alcaldías y gobernaciones del país, atacándolos abiertamente y gravemente. Como parte de la propaganda oficial, el caudillo venezolano reiteró sus acusaciones de que, si que si los opositores obtienen esos cargos, trabajarán para 'derrocar' a su Gobierno en 2009, al mismo tiempo que declaraba la necesidad de una “victoria del oficialismo”.
Para lograr su objetivo, el Gobierno de Venezuela lanzó una animada y decidida campaña propagandística "para tratar de vencer el cerco mediático": el objetivo de la nueva campaña gubernamental, que contará con la distribución gratuita de folletos en los que se explican los "10 años de logros del Gobierno Bolivariano" del presidente Hugo Chávez es "dar nuevas herramientas al pueblo para que conozcan la Venezuela de verdad”.
El ministro, en una rueda de prensa en la que no aceptó preguntas, criticó lo que consideró una "manipulación mediática permanente" por parte de los "medios privados de oposición", a los que acusó de poner en marcha una "propaganda sucia" para atacar al Gobierno. La campaña, llamada "Venezuela ¡de verdad!", contará con la distribución de un número indeterminado de publicaciones bajo el título de "No es poca cosa", en referencia a las acciones gubernamentales durante los casi diez años del Gobierno de Chávez, desde su primera elección en diciembre de 1998.
Caida del precio del petroleoA complicar los planes de Chávez podría influir la caída del precio del petróleo que, a pesar de las optimistas palabras del presidente, afectará probablemente al crecimiento económico del país. De hecho, la caída de los precios ya ha provocado que el gobierno venezolano se vea obligado a apretar el cinturón y poner en duda la viabilidad de las políticas sociales y su apoyo a los gobiernos del ALBA y Petrocaribe.
Venezuela representa el quinto exportador mundial de crudo y miembro fundador de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y actualmente produce unos 3,2 millones de barriles diarios. También es uno de los principales abastecedores de petróleo a Estados Unidos, con unos 1,2 millones de barriles diarios. El petróleo proporciona más del 80% de las divisas que recibe Venezuela y cerca de la mitad de los ingresos del presupuesto nacional. El banco Goldman Sachs estimó que los precios del crudo podrían caer hasta 50 dólares el barril.
Por eso, los representantes de la oposición política han acusado al actual presidente de dilapidar los cuantiosos recursos provenientes de la bonanza petrolera de los últimos años, por lo que el Gobierno carecería de los ahorros necesarios para enfrentar una crisis económica. Además, las protestas sociales han aumentado últimamente en Venezuela. Si hace un año eran políticas ahora son de carácter social. Las demandas sociales se refieren a derechos laborales, la seguridad personal y la satisfacción de las necesidades básicas- las protagonistas de la protesta.
En cantidad esas protestas han aumento un 20% con relación a 2008. Toda esta situación podría tener una traducción política. El Nuevo Herald aseguraba en su edición de ayer que "Según expertos y analistas, la oposición podría pasar a controlar entre cinco y ocho gobernaciones y al menos la mitad de todas las 330 alcaldías a nivel nacional en las elecciones del próximo 23 de noviembre".
Las elecciones
El próximo 23 de noviembre, casi 17 millones de venezolanos acudirán a las urnas para elegir a 22 gobernadores, 328 alcaldes, además de 233 legisladores regionales de entre 4.950 candidatos.
Chávez parece consciente de que una derrota en las elecciones regionales y municipales afectaría no tanto a su imagen internacional cuanto a su poder nacional. De hecho, no cabe duda de que el presidente venezolano, que nunca ha mostrado particular “aprecio” por las reglas democráticas, se muestra preocupado y consciente de que una derrota en las urnas representaría un duro golpe a su proyecto político y le obligaría a una reflexión a la que no parece especialmente proclive. El proyecto de Chávez, este extraño “socialismo del siglo XXI”, alimentado con el petróleo parece en peligro. Por eso, la tensión sube y el temor a un posible paso en falso del oficialismo es evidente en la actitud asumida por Chávez, que no pierde ocasión para descalificar sus adversarios (presentándolos como dispuestos a “llenar el país de sangre” y asegurando que “desprecian y sienten por el pueblo ese mismo odio”) y abusar del poder presidencial, retransmitiendo los actos de campaña en los que promueve a sus candidatos. Nunca en el pasado el presidente había prodigado tanto tiempo en promocionar a sus candidatos y en mostrar la victoria de su gobierno como necesaria para la continuación del proyecto bolivariano.
El actual mapa político nacional, dominado de momento por el “chavismo”, podría salir alterado en los próximos comicios: unas urnas desfavorables podrían finalmente limitar la capacidad del presidente de avanzar en su discutible “agenda política” y ponerle frente a la realidad nacional y la exigencia de tener que adoptar cambios significativos y sustanciales en su acción política. Es un dato manifiesto que la oposición en Venezuela se ha fortalecido, aunque, en un régimen autócrata como el de Chávez, es difícil apreciar sus avances o verlos reflejados en el terreno electoral. Sin quitar importancia a las elecciones, la eventual derrota de Chávez le afectaría más moralmente que de forma efectiva, ya que el Congreso no sufriría cambios. Finalmente, una nueva actitud del Gobierno se podrá apreciar sólo después de las elecciones y no antes, por lo que el riesgo de que Chávez intente engañar a su pueblo una vez más y pase por alto a una nueva derrota es muy alto.