Nada mejor que una concatenación de trampas para clarificar quién está, de verdad, para ganar el Tour de Francia. Esta semana ha alineado la segunda jornada de descanso, la única contrarreloj y la etapa reina de los Alpes, y este tríptico traicionero y exigente ha servido para encumbrar a Jonas Vingegaard y para enterrar a Tadej Pogacar. Todo ello ocurrió en una decimoséptima etapa disputada entre Saint Gervais Mont Blanc y Courchevel, cima ésta que volvió a dejar imágenes de pura agonía. Como en tantas otras ocasiones. Y el vencedor del día fue un Felix Gall (Ag2r) que coronó la fuga y superó el pulso de sus perseguidores y del grupo de favoritos con una actuación extraordinaria.
La organización preparó para las castigadas piernas de los ciclistas 165,7 kilómetros distribuidos en 5.100 metros de desnivel acumulado. Por delante plantearon cuatro puertos: dos de primera categoría, uno de segunda y el final, de categoría especial. La bacanal montañosa comenzaba con el Col des Saisies (primera categoría, de 13,4 kilómetros de longitud y con una pendiente media del 5,1%), seguía con el Cormet de Roselend (primera categoría, de 19,9 kilómetros y con un 6% de desnivel medio) y con la Cote de Longefoy (segunda categoría, de 6,6 kilómetros y con un 7,5%) hasta llegar al temible Col de la Loze, un coloso de 28,1 kilómetros de longitud, con una pendiente media del 6%, que se coronaba a 2.304 metros de altitud y que sentenció a Pogacar.
El genio esloveno pagó el esfuerzo realizado en la crono de este martes y, además, sufrió una caída durante el nervioso comienzo de etapa. Otra vez tardó en componerse la fuga definitiva, con muchos equipos interesados en filtrar cazadores de victorias parciales, y Tadej se fue al suelo al pie del Col des Saisies. Quizá fue éste el presagio de lo venidero, aunque se recompuso el doble campeón del Tour con el apoyo de sus compañeros del UAE. En el entretanto se escaparon hasta 34 ciclistas, en un grupo en el que viajaban nombres como Pello Bilbao y Simon Yates, dos miembros del 'Top-10' que provocaron que el Ineos de Carlos Rodríguez tuviera que trabajar durante todo el día, alineándose con los intereses de un Jumbo Visma temeroso del posible ataque de Pogacar.
Gall toca la gloria
También se fugó Giulio Ciccone, actual maillot de la montaña que bregó para sumar todos los puntos posibles en este trascendental día. El corredor del Lidl-Trek hizo cima el primero en los puertos de Saisies, Cormet de Roselend y Longefoy, con el pelotón circulando a tres minutos de distancia. Se consumía el kilometraje con una llamativa ausencia de actividad en el UAE Emirates y con el Jumbo comandando a placer, tirando del gran grupo y con Benoot y Kelderman en cabeza. Su estrategia defensiva salió a la perfección desde el comienzo de la etapa. Nadie les discutió una supremacía que también se refleja en la clasificación por equipos. Los neerlandeses han vuelto a dominar en la 'Grande Boucle'.
Con la victoria en Courchevel todavía sin definir su propiedad entre el pelotón y la fuga llegaron todos al Col de la Loze. Y ese gigante situado en la Saboya repartió los laureles con justicia. Llevó al límite a todos por igual y los que mejor aguantaron la agonía, llegaron antes a la meta. Sus rampas sirvieron de abono para la guerra de guerrillas por todas partes. Tanto se batalló que una de las motos provocó un tapón que frenó a Vingeggard en su ascenso supersónico. En todo caso tardó mucho el danés en lanzarse a por el triunfo parcial. Sólo ordenó a Sepp Kuss acelerar cuando vio que Pogacar cedía de manera natural, a 8,5 kilómetros de la cima. Inmerso en una crisis que alimentaron esos seis kilómetros finales de puerto que resultan un tortura auténtica (ese tramo tiene una pendiente media del 10%).
Padeció Tadej como nunca se le había visto en el Tour. Fue víctima de una de esas 'pájaras' que se recuerdan como naufragios rotundos. En meta cedió 5.45 minutos con respecto a un Vingegaard que a falta de cuatro kilómetros para la cima ya se había quedado sin rivales y volaba hacia los fugados. No le dio tiempo, entre otros factores, porque Gall aguantó su órdago. El escalador austriaco se mantuvo firme también ante los arreones de Simon Yates, que fue segundo, a 24 segundos. Su hermano Adam, compañero de Pogacar, afianzó por detrás su puesto en el podio. Llegó a 3.43 minutos de Gall, puso en tela de juicio la segunda plaza en la general del talentoso esloveno y le metió un minuto y 10 segundos a Carlos Rodríguez en la pugna por entrar en el podio de París. El diamante español se desinfló siguiendo la rueda de Vingegaard y queda a 1:16 de ese tercer peldaño, con el propio Simon Yates a 19 segundos de su cuarta posición y Pello Bilbao -que rindió my bien-, a 49 segundos.
La tumba de Pogacar
Tarde calurosa y de esas que refrescan el misticismo de esta carrera. "Estoy muerto", confesó Pogacar a su director de equipo mientras era devorado por las largas rampas en La Loze. "No sé lo que me ha pasado, llegué abajo totalmente vacío. Me he alimentado bien pero no ha llegado a las piernas. Estoy extremadamente decepcionado, no he podido luchar todo lo que quería", confesó en meta el esloveno. Y quiso agradecer a sus compañeros el apoyo -sobre todo a Marc Soler, que le vitó una debacle todavía mayor-, antes de desear su recuperación para el sábado, el último día montañoso. "Si me recupero de lo de hoy buscaré la victoria. Quiero ofrecérsela al equipo", concluyó.
En la otra cara de la moneda figura Vingegaard. "Estoy aliviado, tener más de 7 minutos de ventaja es formidable. Pero todavía no estamos en París, quedan etapas peligrosas y tengo que seguir haciéndolo lo mejor posible", explicó el metódico danés que está a punto de revalidad el título francés. Y rindió tributo a su máximo rival con esta reflexión: "Pogacar no abandona nunca, va a intentar algo, estoy convencido. Tengo que estar preparado. Todavía quedan por delante etapas muy peligrosas".