El debate de tres de RTVE ha deparado pocas sorpresas, además de resultar soporífero. Pedro Sánchez, Santiago Abascal y Yolanda Díaz han repetido sus archiconocidos eslóganes, eso sí, aprovechándolos para tumbar los de sus adversarios. Pero lo más interesante del programa ha sido contemplar en directo la complicidad del líder del PSOE y la líder de Sumar que se piropeaban sin rubor por sus muchos y más que imaginarios éxitos en el Gobierno de coalición y su afán, seguramente su sueño, de volver a reeditarlo. El candidato de Vox, sin embargo, se esforzaba por desmarcarse del PP. Porque ése también ha sido el reiterado mensaje de los candidatos de la izquierda. Criticar al PP y a Vox, al alimón, como si se tratara de un solo partido, el conocido truco del todavía presidente para perjudicar al partido de Núñez Feijóo, quien se ha erigido en el protagonista, pese a su ausencia.
El líder del PP debía estar disfrutando de la actuación de los candidatos al contemplar su éxito sin tener que levantarse del sillón de su casa. Su nombre fue el más repetido por los tres. En especial, el todavía presidente del Gobierno desparramó su obsesión contra el candidato del PP al que, por sus muecas ante las pantallas de TVE, hasta él ya ve como su sucesor en La Moncloa. Pero tampoco se quedó corta Yolanda Díaz que se esforzó por erigirse en la referencia de la izquierda con sus absurdas propuestas, intoxicadas por un comunismo cada día más retrógrado y exacerbado. Santiago Abascal, se limitó a enfrentarse sin remilgos a “las mentiras” del PSOE y de Sumar. Aunque no olvidó repetir su última ocurrencia. Que el PSOE y el PP tienen la intención de pactar.
Si en el cara a cara con Feijóo, Sánchez quemó su último cartucho, en el debate a tres ha demostrado que, en efecto, se ha quedado seco. Más que tranquilo, parecía sentirse cansado, quizás derrotado. Ha vuelto a recurrir a la pandemia y a la guerra de Ucrania como los motivos de una crisis económica que, en cambio, niega. Y repite y repite sus frases sobre la justicia social, el cambio climático, el feminismo y un interminable etcétera. Al final, su principal mensaje, su único eslogan para intentar evitar que el PP gane las elecciones, repetido también hasta la saciedad, se reduce a una frase: “El 23-J, España se juega entrar en un túnel del tiempo tenebroso para volver a 1.973”. A eso se limita la imaginación del todavía presidente del Gobierno. Así busca atacar a Núñez Feijóo, al que ha convertido en el protagonista del debate sin tener que salir de su casa.