Voto por correo, debates, pactos... Sin tiempo para digerir los resultados del 28M, el proceso llega a su cénit envuelto en todo tipo de polémicas.
España vive hoy el cierre de una campaña electoral atípica, con elecciones que se celebran en pleno verano, una época en la que tradicionalmente los ciudadanos se encuentran en modo vacacional y las preocupaciones políticas suelen quedar en segundo plano. Sin embargo, en esta ocasión, los comicios han captado la atención de todos, generando diversas controversias entre los distintos partidos y destacando por la intensidad de los debates y las propuestas.
El inesperado adelanto electoral, con la resaca del 28-M aún presente, ha sido un factor determinante en esta campaña. Los ciudadanos se enfrentan a la responsabilidad de elegir a sus representantes en un momento poco habitual, cuando las actividades veraniegas suelen ocupar la mayor parte de sus agendas. Este escenario, caracterizado por un ambiente más relajado y festivo, ha desafiado a los partidos políticos a encontrar formas creativas para captar la atención de los votantes.
Los socialistas, con el Pedro Sánchez más mediático de la historia, afrontaban un inicio debilitado tras los resultados de las elecciones autonómicas y municipales en mayo, pero ahora se muestran confiados en una "remontada". En Ferraz afirman haber ido "de menos a más", mientras Sánchez advierte que "hasta el rabo todo es toro". Su objetivo es que el PSOE sea la fuerza más votada y que Sumar ocupe el tercer lugar, permitiendo así "otros cuatro años de gobierno de coalición progresista".
En contraste, el PP de Alberto Núñez Feijóo llega a las urnas con el impulso de su victoria en mayo y un viento favorable en las encuestas. Con altibajos, las encuestas indican que el PP ganaría claramente, aunque es probable que necesite la colaboración de Vox para investir a Feijóo. Esto, siempre y cuando el PSOE no facilite su investidura mediante una abstención, lo cual parece poco probable con los actuales protagonistas.
Calor, voto por correo y pactos
Una de las principales particularidades de esta campaña ha sido el intenso calor estival que ha marcado el desarrollo de los actos políticos y los mítines. Los candidatos se han enfrentado a altas temperaturas mientras recorrían ciudades y localidades de todo el país en sus caravanas electorales. Votar en bañador y chanclas se ha vuelto una imagen insólita en estos comicios, reflejando el esfuerzo de los ciudadanos por cumplir con su deber cívico en medio de la ola de calor.
El voto por correo ha sido otra característica destacada de esta campaña, batiendo récords históricos en cuanto al número de solicitudes. Más de 2,6 millones de ciudadanos han decidido ejercer su derecho al voto por este sistema, lo que ha supuesto un aumento significativo en comparación con elecciones anteriores.
Sin embargo, el voto por correo también ha sido objeto de tensiones políticas. Los partidos han expresado opiniones divergentes sobre la gestión del proceso por parte del Gobierno y de Correos. Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, ha criticado la "falta de voluntad" del Gobierno para agilizar el voto por correo, calificando al equipo directivo de Correos de "mediocre". Por su parte, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno y líder del PSOE, ha acusado al PP de "embarrar" y generar desafección hacia el proceso electoral al cuestionar su integridad. Los sindicatos también han expresado su descontento, considerando que no se han implementado todos los recursos necesarios para hacer frente a la avalancha de votos por correo.
Otra de las principales controversias ha girado en torno a los pactos políticos. La acusación sobre Pedro Sánchez de haber pactado con Bildu para conformar el Gobierno de coalición ha sido una estrategia ampliamente utilizada por los partidos de Feijóo y Abascal. Sánchez, por su parte, ha defendido que no ha gobernado con Bildu, sino que ha trabajado en dinámicas parlamentarias para sacar adelante avances sociales. Ha destacado que ha obtenido en más ocasiones el apoyo del PP que el de Bildu, insinuando que esto no implica un pacto con el PP. Feijóo, sin embargo, ha reiterado su postura de que Bildu es socio del Gobierno y ha criticado la negativa de Sánchez a entenderse con el PP, prefiriendo acuerdos con partidos independentistas.
Los pactos PP-Vox también han estado en el centro de la polémica. El PP ha conformado gobiernos autonómicos en coalición con Vox en varias comunidades, generando controversia en el panorama político español. Sánchez ha acusado a Feijóo de asumir el discurso de Vox y de pactar con la "extrema derecha", mientras que Feijóo ha defendido que sus acuerdos son transparentes y ha mostrado cierta distancia con Vox en su estrategia de campaña.
Debates, lonas y peajes
Los debates electorales han sido otro aspecto significativo de esta campaña. Sánchez ofreció inicialmente seis "cara a cara" con Feijóo, pero finalmente se llevó a cabo solo uno, en el que abundaron los reproches y discusiones sobre economía, pactos y cuestiones sociales. Además, se realizó un debate a siete con los portavoces de los principales partidos, y un debate a tres al que Feijóo declinó asistir. Estos encuentros televisivos han sido escenarios para confrontaciones directas y críticas entre los candidatos, generando momentos de tensión y discusiones acaloradas.
Otra particularidad que ha añadido un toque de picante a la campaña ha sido la de las lonas políticas. Diversas organizaciones y partidos han utilizado este medio para expresar sus mensajes y críticas. Las lonas han sido objeto de disputas legales, como la polémica lona de Vox contra el feminismo y el movimiento LGTBIQ+, que fue retirada por la Junta Electoral Central antes del inicio oficial de la campaña. Otras lonas han arremetido contra distintos candidatos y partidos, mostrando la diversidad de opiniones y puntos de vista presentes en esta campaña.
El último foco de debate, que ha obligado a Sánchez a desmentirse a sí mismo ha sido el de los peajes. Feijóo se lo sacó en el debate al socialista, pero no hubo respuesta. Días después, el director general de Tráfico, Pere Navarro, avisaba de que habría que pagar peajes en las autovías en 2024 por un acuerdo con Bruselas. Horas después era desacreditado en tromba por el Gobierno que negaba de forma tajante que se fuera a imponer un pago por el uso de las carreteras del Estado.
Pese a ese desmentido, días después era la propia Comisión Europea la que recordaba que el plan de recuperación, tal y como fue propuesto por España y aprobado por la comisión, "incluye el compromiso de adoptar una ley de movilidad sostenible y financiación del transporte para diciembre de 2023". Sánchez, sin embargo, ha reiterado este mismo viernes que no habrá que pagar peaje por el uso de las autovías pese a la insistencia de Bruselas de que el plan de recuperación propuesto por España incluía un compromiso al respecto. Aclaraciones que no se cree Feijóo, que ha afirmado que personalmente no sabría donde meterse si la UE le hubiera desautorizado con los peajes como, denuncia, le ha pasado a Sánchez.