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TRIBUNA

Rebelión de los “músicos” del Wagner (Parte I/III): Wagner y su jefe

martes 25 de julio de 2023, 19:38h
Difícilmente el gran compositor alemán Richard Wagner podía haber imaginado que un día los militares del Tercer Reich, para acabar con su líder, Adolf Hitler, prepararían una operación-atentado contra el Führer, codificándola de “Valquiria”, el título de una de las óperas más famosas de Wagner, a sabiendas que Hitler era un gran admirador de la música operística wagneriana.

Y menos todavía se le podía haber pasado por la imaginación del genial compositor germano, que casi 80 años más tarde después del frustrado atentado contra Hitler, en otro país, Rusia, habría producido una rebelión de una unidad de militares rusos, cuyo nombre de pila sería el del propio músico alemán – “Wagner”. ¿Unas simples coincidencias? ¿Unas bromas del Destino? ¿O unos presagios divinos?

Pero el nombre del genial compositor resultó ser algo “gafe” en ambos casos. Se frustró el atentado contra el Führer alemán, en 1944, en plena guerra entre Alemania nazi y la URSS estalinista. La misma “mala suerte” para sus organizadores resultó el supuesto “putch” de los “vagnerianos” rusos contra su propio Führer, que tuvo lugar el 23-24 de junio de 2023, cuyas consecuencias definitivas todavía no son nada claras y pasará algún tiempo hasta que pudiéramos capaces sacar las conclusiones más o menos determinantes.

Pues, a esta rebelión frustrada de los “músicos” del Wagner ruso, bajo los compases de la batuta - ametralladora de su director, Yevgueniy Prigózhin voy a dedicar mi “reseña” de hoy.


Mis amigos y lectores me están preguntando desde el primer día de la rebelión de Prigózhin, ¿por qué los sublevados, después de haber empezado exitosamente su rebelión, de repente, habían dado marcha para atrás?

Es que en su toma de varias ciudades importantes, como Rostov en Don, con una población de un millón de habitantes, dónde se encontraba el Cuartel General del ejército ruso que estaba dirigiendo las operaciones militares en el territorio ucraniano, no se produjo ninguna resistencia de parte de las tropas que se encontraban en la ciudad y cuya misión consistía en defender y proteger este importantísimo centro de mando militar en la zona. Prigózhin lo tomó sin ningún disparo, “capturando” a unos dos generales, uno de los cuales era el Vice Ministro de Defensa, quien se encontraba en aquel momento en el bunker de 20 metros de profundidad junto con los oficiales del Cuartel General. Tampoco hubo resistencia alguna de parte de los efectivos de la Guardia Nacional o de los policías del Ministerio del Interior, quienes al ver un par de tanques de los del Wagner, huyeron precipitadamente de la ciudad.

La población civil allí por donde se avanzaban los wagnerianos, los estaban recibiendo con aplausos, deseándoles llegar cuanto antes hasta Moscú, lo que parecía ser el objetivo principal de los putchistas, y derrotar el poder de la camarilla kremlineana, según las declaraciones del propio Prigózhin. La misma simpatía de la gente de la calle y, prácticamente, nula resistencia de parte de las tropas regulares del Ministerio de Defensa – salvo pequeñas escaramuzas producidas por los aviadores del ejército regular que intentaban detener la columna de los wagnerianos – acompañaban a las tropas rebeldes de Prigózhin en su marcha hacia la capital rusa.

¿Qué realmente pudo haber ocurrido para que, inesperadamente, a sólo 200 kilómetros de Moscú, Prigózhin decidiera detener a sus combatientes y empezar la marcha de regreso al campamento de donde ellos, hacía 12 horas, habían empezado su triunfal “marcha de justicia” hacia la capital rusa?

Ya han pasado más de tres semanas, pero todavía no hay suficiente información fidedigna para explicar con absoluta certeza lo sucedido. Pero sí que abundan las versiones y las teorías más grotescas, basadas en algunos casos en las fantasías de sus propios autores y menos en los hechos reales. Por tanto, en mi explicación de lo ocurrido voy a atenerme estrictamente a los hechos conocidos.

Sabemos que Prigózhin anunció su marcha hacia Moscú con el objetivo de destituir la cúpula militar del ejército ruso, su Ministro de Defensa, Shoigú, y al Jefe del Estado Mayor, Guerásimov, los principales culpables, según el Jefe del Wagner, del desastroso desarrollo de la guerra en Ucrania. Él acusaba a la cúspide castrense en Moscú de corrupción, del mal diseño de las operaciones militares, de la falta del armamento y de municiones en el frente ruso-ucraniano. Los wagnerianos, según su jefe, han sufrido estas deficiencias en su propia carne durante las sangrientas batallas en Bajmut. Sin embargo, en sus declaraciones acusatorias Prigózhin en ningún momento mencionaba directamente el nombre del presidente Putin, quien de “jure” es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Rusia, y, lógicamente, tenía la misma culpa o más de los fracasos de las tropas rusas en el frente ucraniano. ¿Por qué a Putin no?

Porque, según lo que vamos a ver más adelante, desde un principio el órdago de Prigózhin no estaba dirigido contra Putin, su protector y creador del Wagner, como un grupo de operaciones especiales tanto fuera como dentro de Rusia. El presidente ruso ha creado el Wagner en forma de un grupo paramilitar, bajo la fórmula de un Comando Militar Privado, para que sus actividades turbias y mafiosas no se asociaran con la mano directa de Moscú, especialmente en las operaciones internacionales (en más de 20 países).

El objetivo principal del Wagner en estos países era controlar política y económicamente las élites gobernantes locales, participando, de una u otra forma, en la extracción y la comercialización de los valiosos recursos naturales de estos países, como el oro en la República Centroafricana, los diamantes en la República de la África del Sur, el petróleo en los países latinoamericanos y del Oriente Medio, así como apoyar a los regímenes corruptos y totalitarios, considerados “amigos del Kremlin”, en sus luchas internas contra las fuerzas opositoras: en Libia, Siria, Sudán, Venezuela, Mozambique, Malí y otros países de así llamado “tercer mundo”, donde en su día, la ex URSS mantenía su fuerte influencia política, económica e ideológica. Así que, el Wagner de Putin estaba recuperando estas influencias, “perdidas” durante las reformas democráticas de Gorbachov y Yeltsin, quienes habían renunciado al empleo de la fuerza y de la confrontación en su “nueva” política internacional.

Todos los enormes beneficios económicos que proporcionaban las actividades del Wagner iban a las arcas del Estado ruso y una significativa parte de ellos paraba en los bolsillos de la élite gobernante rusa, incluido el Presidente ruso y por supuesto el propio Prigózhin, que se ha convertido en uno de los “oligarcas” más ricos de Rusia y una de las personas más próximas al jefe del Kremlin.

Aparte de los beneficios “comerciales” del oro, los diamantes y el petróleo, Prigózhin obtenía unas grandes sumas de dinero para la financiación de su Grupo directamente del presupuesto de Rusia, de sus partidas destinadas a los fines militares. De este aluvión presupuestario, el “maestro” Prigózhin, extraía inmensas sumas de dinero para sobornar a toda la cúpula castrense rusa, al objeto de obtener del Ministerio de Defensa un trato de privilegio y de poder manipular para sus intereses personales la corrupta cúpula castrense. Por ello, cuando Prigózhin había proclamado como el objetivo principal de su “marcha de justicia” hacia Moscú el desbancar a los “corrompidos” mandos del Ministerio de Defensa, sabía de la primera mano – de la suya – de lo que estaba hablando.

Putin, al crear el Wagner, puso a su disposición todos los eslabones más importantes de las estructuras de la “fuerza” del Estado ruso: ya mencionado Ministerio de Defensa (MD), la Policía Secreta (FSB), La Inteligencia Militar (GRU), la Guardia Nacional (GN), el Ministerio del Interior (MI) y otros órganos del poder fáctico menos “visibles”. Es muy importantes saberlo todo esto, porque cuando los politólogos y los analistas hacen la pregunta, en relación con la reciente rebelión de Prigózhin: “¿Quién estaba detrás de él?”, la respuesta es: “Cualquiera de los órganos de fuerza mencionados o alguna combinación de ellos”.

Como vemos, el Wagner es una criatura cien por cien del presidente Putin, quien puso en su momento a Prigózhin para controlar las actividades de la misma y de los flujos financieros y del “dinero negro” que ella manejaba. Prigózhin sin Putin no es nadie, sino un ex presidiario, juzgado y condenado – desde que tenía 19 años – tres veces, habiendo pasado 10 años en las cárceles y las colonias rusas, hasta que conociera, casualmente, a Putin y desde entonces sus caminos se juntaron para siempre.

Y es por lo cual, cuando Prigózhin proclamó su rebelión, no había mencionado ni una sola vez el nombre de Putin, porque el “putch” no estaba dirigido contra el creador del Wagner y el “amo” absoluto del sirviente Prigózhin (en su día él fue el camarero y cocinero personal del dueño del Kremlin). Prigózhin es simplemente una “figura” en el ajedrez que se está jugando dentro de la camarilla putinesca. El jugador es Putin y algunos de sus más próximos e influyentes jefes de la FSB, del MD, de la GRU, así como de la Guardia Nacional y del Ministerio del interior, o sea, de las “columnas principales” (o “las torres del Kremlin” como las llaman metafóricamente algunos analistas), que sostienen al régimen totalitario y represivo de Putin.

Putin, el jugador principal, como suelen hacer todos los dictadores para mantenerse en el poder, intenta controlar las fuerzas que lo sostienen para que no se pongan un día de acuerdo entre sí para desbancarlo del Trono. Para ello, a veces, las manipula, enfrentándolas entre sí, jugando él mismo el papel del árbitro inapelable. Es un equilibrio muy frágil y exige del Patrón estar continuamente en alerta, para no caer en las trampas que le pudieran tender algunas de los jugadores más listillas del ajedrez kremlineano.

Putin utilizaba al Wagner, entre otras cosas, también para su juego contra otras figuras de su entorno. Cuando fracasó rotundamente el “blitzkrieg” en la guerra contra Ucrania, Putin descontento con la cúpula militar, que había diseñado y llevado a cabo la Operación Militar Especial (OME) – SVO abreviatura en ruso –, dio órdenes a Prigózhin para que se trasladara su mini-ejército al frente ucraniano y enseñara a los jefes militares moscovitas cómo se “hace bien” la guerra.

(VÉASE LA SEGUNDA ENTREGA).
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