www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

DESDE ULTRAMAR

Comicios españoles: el 23J visto desde ultramar

Marcos Marín Amezcua
jueves 27 de julio de 2023, 18:45h
Actualizado el: 27/07/2023 21:20h

Las elecciones generales españolas anticipadas del pasado 23 de julio (23J) muestran en efecto, escenarios complejos y, desde luego, desencadenan la cascada de lecturas alusivas. Hay lecturas y lecturas y en ultramar, observamos con incredulidad y con algo de azoro el resultado de las urnas. Por lo laberíntico, ante todo. Por la incertidumbre en el resultado, no por otra cosa. ¿Cómo se ha llegado a esa suerte de empate sujeto a los apoyos de minorías que, entre extremos ideológicos y los regionalismos amenazantes –en el tono en que se expresan y se cotizan alto– pueden condicionar la constitución de un gobierno democrático de unidad, antes que de coalición alguna? Y claro, visto todo con el océano Atlántico de por medio. Un clásico “cómo nos vemos y cómo nos miran”.

Sí que es complicado el resultado expresado en las urnas. Un empate cuasi técnico si se miran los números requeridos para triunfar de unos y otros y desde dónde obtenerlos; resultado apretado no buscado, pero obtenido y que coloca a todos en pie de guerra, aunque guarden algo las formas. Algo. Esa incertidumbre resultante, por no haber convencido en las urnas como cada cual se lo propuso, esos números que no alcanzan y pese a la propaganda que daba ganador a tal o cual y al final, nada, es una modalidad que conocemos bien en México. A lo priista, Feijóo se declara ganador indebidamente, porque dice casi, casi que le toca. Se desbocó un poquito. Amanecerá y veremos o un Dios mediante, como decía mi abuela, no habrían sobrado en su dicho, dígase. Un poquito más de mesura y conocimiento del modelo electoral, pues.

Dado que el modelo electoral español no es un solo aportar un simple ganador por el número de votos definitorios desde y solo en la urna; y si no alcanza determinada cantidad de escaños entra en el torbellino que ya se anticipa en esta ocasión, buscando apoyos aquí y allá para acompletar el faltante; ergo, ante lo que se ofrece, termina en un simplemente atender el resultante de estas votaciones, con la consiguiente incertidumbre por un resultado final sujeto a cabildeos. Vale apuntarlo porque en México no ha faltado despistado que apremie al gobierno a felicitar “al ganador”, lo cual, sabemos, amerita por lo menos, prudencia ante lo existente: la indefinición actual.

Visto a la distancia, sí, es visible un (temido por todos) bloqueo, tanto como conjurarlo merced la capacidad negociadora de todos los actores. Claro que hay la peculiar circunstancia de que el fiel de la balanza tire para cualquiera de ambos lados mayoritarios, PSOE y PP, mas las negociaciones se ven complicadas y se contaminan con el propio debate político. Negociar con los adversarios más cercanos ideológicamente, parece lo más lógico, sí, empero ahí es donde la política puede ser interesante arriesgando por los opositores más acérrimos. A tragar sapos y a taparse la nariz, no sería ni raro ni la primera vez. Contactos, dicen. Pues eso. Ahora, a Núñez Feijóo sí lo ha afectado su deambular en campaña, acusado de mentiroso. Lástima, porque ha conducido con mano firme a su formación. Error que puede costarle el éxito.

A la distancia yo no veo débil a Vox. Está en todas negociando gobiernos autonómicos, tirando pa’ todos lados; y menos débil lo veo con los resultados a largo plazo desde el 23 de mayo. Su discurso, que suena muy casposo en ultramar, no franquista, casposo, está bastante vigente, por muy cuestionable que sea. Ya que no son 19 escaños menos, son las ideas enarboladas, propaladas por doquier. El independentismo catalán no se mira desgajador de España, pero sí aupado en los resultados del 23J y su chantaje del todo suena amenazante, pero lo suficiente como para que ¿nadie lo coja? casualidades, es oportuno reintentar la detención de Puigdemont para neutralizar las aspiraciones independentistas. ¿Amnistía? ¿referéndum? quizá no. Los grupos ligados a ETA y sus herederos políticos, poca cosa. Queda el tejemaneje y el consabido jaleo político.

Nota al margen: recordemos que la visita de Santiago Abascal al Senado mexicano, invitado por impresentables miembros alcahuetes del partido derechista Acción Nacional y entrando por la puerta trasera, sentó mal en México por los antecedentes de unos y el otro. Salvo quienes cobijaron a Abascal, nadie lo aplaudió. Ahora callan los resultados que obtuvo. Ese PAN tan mimetizado al PRI, actuando cada vez más muy paniaguado. Corrupto. Fatal.

Sí, es más intrascendente convocar elecciones en pleno verano y más inoportuno en el semestre que lideraba la UE, que necesita certezas y no este escenario de tensiones y vacilaciones postelectorales, acumuladas, como el que tiene España ahora mismo. En cambio, sí es verdad que España deja el mensaje de que, al menos en las urnas, rechaza las posturas ultras, en todas direcciones. Sin embargo, como nunca antes, los partidos chiquitos, tienen la llave que abra las puertas de La Moncloa. Llámense cómo se llamen. Y a ver qué ofrecen y qué obtienen. Aun así, se palpan las dos Españas, con matices y modalidades, pero abona en pro ese 70 % de participación siempre loable. Por el verano, por el compromiso ciudadano, cosa no menor.

Decía Félix Bolaños, una cabeza amueblada que me agrada, que deseaba Sánchez al convocar a las urnas “clarificar cuánto antes la situación en España”, aludiendo al golpeteo al que se lo ha sujeto y, desde luego, tomando el rábano por las hojas ante el desgaste resultante. Eso sí, añado que nadie convoca elecciones postulándose, cuando sabe que puede perder. Ojo, ahí. Sus palabras de momento, quedan en suspenso.

Caben dos apuntamientos más. Uno, sobre el líder de los populares, Núñez Feijóo y otro sobre los resultados. Si bien, no le falta razón al duovocálico personaje acerca de que nunca el derrotado ha gobernado, tampoco puede llamarse ganador a priori, pues como señalamos en el cuarto párrafo, el fiel de la balanza puede cargarse para ambos lados; y no es de recibo su tono de “tiro porque me toca”. Que no minimice el poder de las alianzas, ergo, de la política, que la ley española permite y esas pueden arrebatarle el “triunfo.” El domingo ha dicho una frase mal hilvanada y en tono de amago: que nadie bloquee España, sonando a chantaje. Hay un deje de suficiencia o de equivocada interpretación: bloquearían la investidura, que no a España, que no es lo mismo.

Y, en efecto, ¿conocemos a Núñez Feijóo en ultramar? me atrevo a decir que no. En el tiempo que ha estado dirigiendo al Partido Popular no lo ha dotado de una proyección internacional sólida. Es un desconocido en ese ámbito, un recién llegado.

Si, finalmente, el 17 de agosto Feijóo no quedase al frente del gobierno de España, acaso el corear el nombre de Ayuso la noche de la elección y en su cara, sería la señal inequívoca de una mala candidatura en detrimento de otra que pudo ser más interesante, de cualquier manera. Si gana, al menos con Iberoamérica tendrá la cosa complicada. Déjese usted de si hay más gobiernos o no, de izquierda que de derecha. Eso es gajes de la democracia y punto. Lo que sí puede ser importante es que en casos como el de México, las relaciones están pausadas –porque ciertas empresas españolas apuestan a solo ganar-ganar para ellas y el actual gobierno mexicano no está de acuerdo– restando entonces, ¿esperar cambio de gobierno en México? eso tomará un año y con amplias posibilidades de que gane el gobernante Morena. ¿Confrontarse? sería un error político de Feijóo. Así que hará falta otra vez mucha, mucha política de todas las partes. Si continuara Pedro Sánchez, seguiremos en el mismo punto muerto. Por eso, y México como muestra, no se espera acá mucho de los resultados en los comicios españoles. A menos que la no moribunda Vox irrumpa en el gobierno con la espada desenvainada.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)

+
0 comentarios