Libre. El desafío de crecer en el fin de la historia es la primera obra de narrativa de la teórica y autora albanesa Lea Ypi. Este libro recopila las memorias de la infancia y adolescencia de la autora, testigo de los cambios políticos, económicos y sociales de su país natal a fines de los ochenta y durante los noventa: la caída del comunismo estalinista de Albania y la llegada del capitalismo y “la libertad”; una esperanza rápidamente perdida.
En la primera parte del libro asistimos a la educación comunista y adoctrinada de esta niña que presiente que algo falla con su familia: no tienen fotos del “tío Enver” (por Enver Hoxha, el líder comunista de Albania), ningún antepasado partisano, y encima hablan francés. Su comprensión del mundo que la rodea comienza a fragmentarse una tarde que escapa de unos manifestantes con consignas de libertad y democracia, y termina abrazando el cuerpo de una estatua de Stalin sin cabeza. Por si la niñez y la adolescencia no fueran ya suficientemente complejas, la protagonista encuentra un divorcio entre lo que le enseñan en la escuela y el silencio de su familia. “No solo mis preguntas sobre el país quedaron sin respuesta, sino que, además, empecé a preguntarme en qué clase de familia me había tocado nacer. Dudaba de ellos y, al hacerlo, empecé a dudar de quién era yo” (p.39). Al llegar el final de la segunda parte, cuando el comunismo cae, el secreto se revela.
Exponiendo con calidez y humor las costumbres sociales durante el comunismo, Ypi nos muestra una comunidad a través de anécdotas sobre las largas colas para conseguir alimentos en las que los puestos se guardan dejando objetos como piedras grandes, las latas de coca cola sobre los muebles como status symbol de decoración, los cortes de luz, los préstamos entre vecinos y las maniobras cotidianas para colocar la antena de televisión de forma que reciba la programación italiana o yugoslava. Los niños, acostumbrados a esta cotidianidad, deben por otro lado tantear siempre el terreno por el que se mueven, intuir las reglas tácitas, lo que los adultos no les explican, y a su vez lidiar con sus incoherencias. Y es que otro tema clave en esta obra es la diferencia entre las distintas generaciones (no me extraña que la contratapa de la edición en español de Anagrama contenga un comentario de Vivian Gornick, cuyo libro Apegos feroces, salvando las distancias, tiene similitudes con este).
La segunda parte es más oscura; la protagonista lidia con los cambios de su país durante la adolescencia y sus propias crisis. La idea de la libertad que tanto había entusiasmado a la sociedad comienza a hacer agua. La apertura de las fronteras, con la que Occidente había insistido, choca con el cierre de los países vecinos: Italia patrulla el mar y devuelve a quienes intentan exiliarse. La protagonista visita Grecia con su abuela, un personaje entrañable, pero no pueden permitirse comprar nada; de regalo le trae a su amiga esponjas que un conocido le ha regalado. La pérdida de la esperanza en la libertad y el liberalismo acompaña la pérdida de la inocencia de la protagonista, quien ve de cerca los padecimientos de amigos y conocidos.
Sin aleccionarnos como lectores, el libro presenta una mirada crítica con ambos sistemas y crítica con un Occidente que impone “reformas estructurales” que llevan al desempleo, la migración, y a una fuerte crisis financiera que desemboca en una guerra civil. Es también un libro sobre la propaganda, comunista y capitalista, como la publicidad mediática que niega los males de un sistema lavándose las manos cuando las recetas occidentales salen mal, o la propaganda ideológica de los jóvenes de izquierda europea que consideran el caso de Albania como un caso menor, que no es preciso tener en cuenta.
Libre es, sobre todo, las memorias cotidianas de una joven que vive los cambios del sistema político de su país, rodeada de personajes familiares que nos son cercanos. Una lectura interesante y entretenida a la vez.