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TRIBUNA

Ante la espada y la pared

viernes 11 de agosto de 2023, 19:44h

Cuando una persona tiene una espada por delante y detrás la pared, no hay escapatoria posible y las opciones son escasas. Algunos curiosos indagadores del pasado, que se remontan desde la edad antigua hasta hoy nomás, sostienen que el origen de la concluyente frase viene de los griegos y localizan unas famosa palabra de Tucídides en su relato sobre las guerras del Peloponeso, en el año 427 a. C., donde un enemigo de la República se ve expuesto ante esa situación y él intercede en su defensa. No mucho después, ante una traición, el historiador Diódoto, argumenta que el tribunal se encuentra” ante la espada y la pared” para dictar su sentencia de pena capital y con argumentos disuasorios, convence a la Asamblea de Atenas de que revocara su decisión de ejecutar a todos los varones adultos de la ciudad rebelde de Mitilene. Con Cristo no sucedió lo mismo ante el Senedrín ni ante Poncio Pilato. Durante ese el primer siglo en Amandagamani, un rey budista de Landa (Sri Lanka) al abolir la pena de muerte durante su reinado, que de aplicarse disminuirá el número de guerreros de su reinado, explica ante el tribunal que lo hace porque está “ante a la espada y la pared”. Otros, le otorgan un significado medieval y la relacionan con los diestros espadachines o un enojoso asunto entre guerreros. También están los que le dan al dicho un equivalente en inglés: “between a rock and a hard place”; y ofrecen un paradigma ilustrativo de la Edad Moderna cuando Tomás Moro en el siglo XVI acabó ejecutado por no reconocer el divorcio de Enrique VIII y Catalina de Aragón. En su obra Utopía, se opuso a la pena de muerte por motivos religiosos y exclama en latín su explicación: “inter gladium et petram”. Sea como fuere estar “entre la espada y la pared”, nunca fue ni será algo grato, sino todo lo contrario: es encontrarse ante una situación límite, ante algo concluyente y definitivo, es verse ante una situación terminal por el contexto de vida y muerte que puede implicar.

En la Argentina, una república democrática, que condena todo tipo de totalitarismo, después de haber padecido varias dictaduras militares nos ha tocado en suerte una época extraña donde el avance cotidiano de las comunicaciones -como ya es ecuménico- no deja de asombrarnos, aunque vivimos, acaso más que nunca entre la espada y la pared a pesar de ser beneficiados por la naturaleza con lo mejor de lo mejor. Tenemos un extendido territorio poco poblado y rico en agricultura, recursos energéticos y minerales; nuestras llanuras son fértiles y fecundas en ganadería. En fin, un arrabal del mundo donde se tiene todo o casi todo, es difícil explicar por qué se está en crisis. No estamos en un país donde se vuelve de una guerra, sino una región donde tuvimos una avasalladora sequía, que es menos ante el horror de Ucrania, por citar un ejemplo.

Pero algo falla, sin duda. De lo contrario no se explica la inestabilidad política y económica que se padece. En las últimas décadas fue solo por algunos breves períodos que estuvimos bien. Durante la década del 90 se dieron unos pocos períodos de cierta estabilidad y baja inflación. No duraron demasiado. La Argentina tiene un mal endémico que está por encima de los recursos que posee e incluye mucho, demasiado material humano; entonces el déficit ya es normal, y la crisis endémica, se renueva. Responden, todos lo sabemos a un altísimo déficit fiscal muy fácil de explicar: el enojoso tema es que cuando se gasta más de lo que se produce indefectiblemente suceden estas cosas. Se agotan las reservas y el desequilibrio de la balanza provoca inflación y más deuda. Tiempos raros y con no menos sobresalto en un particular contexto donde el Estado carece de recursos y está quebrado, como sucede ahora. ¿Y el rico territorio, qué pasa con él, adónde se escondió?

No daré desalentadoras informaciones que inquietan a la ciudadanía; me limitaré a preguntar ¿qué nos sucede a los argentinos? Y ante este descalabro ¿Cuáles son las perspectivas? ¿Tenemos un futuro y derecho a la esperanza o esta situación de estar ante la espada y la pared es algo terminal?

Empecemos por aceptar que el corto plazo en estas condiciones es una licuadora, donde todo se desarticula de la noche a la mañana. Pero, ¿Qué sucede entonces en el mediano plazo tampoco menos complejo? La Argentina no tiene cómo enfrentarlo pues, como ya señalamos, el Estado está quebrado, sin reservas y gasta más de lo que recauda con un déficit estructural que lo debilita en el frente interno y en el internacional. Lo cual produce un fenomenal desbarajuste. Por eso no queda otra alternativa que volver al orden. ¿A qué orden? Y otra vez, ¿cómo es ese camino por transitar hacia una estabilidad de largo plazo? Que yo sepa, desde que tengo uso de razón, nunca viví.

Así, más o menos en estas condiciones asumimos una nueva elección que empieza el próximo domingo con discutibles PASOS donde, se supone, una alta cantidad de votantes estarán ausentes. La razón esencial: el desencanto de la gente ante las propuestas y el hartazgo ante un manejo político que tocando fondo nos pone ante la espada y la pared.

Dura, durísima la situación. Están quienes sostienen que para lograr un mínimo de estabilidad los gobernantes deben asumir los costos políticos que, hasta ahora no se ve; que se impongan un sacrificio, en primer lugar personal, que involucre luego una política de Estado. Ese orden empieza por moral y lo ético, luego sigue por lo institucional. Es necesario el renunciamiento personal en beneficio del bien común. No hay otro camino. En un país donde un político gane cien veces más que un jubilado no tiene destino. El honorario de un político debería ser el salario mínimo de un maestro de escuela. Y si te gusta bien o de lo contrario búscate otro laburo viejo.

Ahora, ¿qué pasa, está de acuerdo en asumirlo todo el arco político de la Argentina? Hasta ahora vemos que no. La primera cuestión es ordenar las cuentas públicas; es decir que el Estado no gaste más, que es lo que lo termina llevando a emitir pesos que cada día se devalúan más; esto es a que intervenga el Banco Central para retrasar el dólar descompaginando todos los precios relativos y perdiendo reservas. Ahí viene el otro drama del círculo vicioso, estamos irremediablemente sin un dólar partido al medio para poder importar lo necesario para la industria nacional. Y cuando se instala ese desorden, la macro economía empieza a pasar sus facturas. El cepo entonces es el primer manotazo del político para atrasar el precio del dólar que se empieza a disparar, para que la inflación no reviente y salga a la superficie con menor virulencia.

¿Cómo se sale de la dramática situación de estar ante la espada y la pared, con gradualismo o con shock? Acaso las dos posibilidades sean insuficientes. La experiencia de otras economías que tuvieron semejantes desajustes llevaron varios años para bajar la tasa de inflación. No se puede hacer de un año para otro. En realidad, los países que lo hicieron también lograron un acuerdo político que no se ve probable en la Argentina, ya que el país tiene el gravísimo problema de los subsidios, un muro de contención ante el gran desequilibrio y su salida. Además de una grieta que divide a los propios en una guerra de intereses como si fueran enemigos mortales. Para salir de cualquier crisis se necesita un plan común entre oficialistas y opositores. ¡Primero la Patria, muchachos de lo contrario entre la espada y la pared!

Problema material insalvable este subrayado. Dicho esto teniendo en cuenta la potencialidad que tiene la Argentina, en otros aspectos muy fuerte en todo: en el agro, en la minería, en la industria del conocimiento, en la cantidad de reservas del sector privado que hay en el exterior. Entonces es la política la que tiene que dar esa respuesta que nunca termina de darla, porque no hay un estadista que ponga la prioridad en el orden correspondiente. Hoy se maneja mucho para el corto plazo, para imperar, para ser elegido en la próxima elección. Y esto es hacerle trampas a la ciudadanía.

¿Qué debería tener un plan con foco en el equilibrio fiscal para lograr la viabilidad social del cambio. O qué debería hacer? Obviamente esto no se logra con un ajuste a mansalva como algunos candidatos proponen. Se debe hacer con un Estado eficiente y con una asignación de recursos también más eficiente. Esto, se sabe, no es un problema que se puede resolver de la noche a la mañana con un plan de shock. Si se logra el equilibrio fiscal, el Gobierno no necesita endeudarse en exceso porque no tiene la necesidad de pagar ese exceso de gastos. Hoy lo que sucede es que el Gobierno no se puede endeudar porque no le prestan la totalidad que necesita para no emitir dinero a través del Banco Central, lo que termina en el añejo círculo vicioso que generando un aumento de precios e inevitable inflación. Si uno tiene en orden las finanzas de la casa, no tiene por qué endeudarse. Ese es el pilar fundamental para ordenar las variables monetarias y lograr la estabilidad de precios que es lo que hace que la moneda se fortifique y el ahorro aumente.

¡No tenemos moneda, se lamentan los ecónomos de turno y es fundamental que haya moneda y ahorro nacional! Ese es el ABC de un país. Un país sin moneda fuerte es un globo a merced de una brisa.

En la Argentina venimos repitiendo esta historia desde hace años. Pero nada se ha hecho para modificar la situación. Si no se hace, como ya tocamos fondo, no tenemos manera de financiar el día a día; o sea, la deuda pública con un escaso rendimiento del 30 por ciento. Es así que el Gobierno está vendiendo bonos con un 50 por ciento de costo. Un verdadero disparate, que no ofrece forma de financiarse, siempre ante el riesgo de caer en el precipicio de una híper inflación.

En lo personal, no creo que el oficialismo gane y me parece que vamos hacia una ortodoxia económica por obligación y también por ideología porque creo que ganará la oposición con propuestas disparatadas. Ya tocamos fondo, no tenemos manera de financiar el día a día, lo cual es grave, crucial. Y otra vez: ante la espada y la pared. Más sencillo AGUA. Las demás conjeturas las dejo en manos de especialistas en economía y política. Mi visión, acaso un poco pesimista es la del ciudadano de a pie.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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