Como ya he comentado en las entregas anteriores del artículo, en mi opinión, el objetivo de Prigózhin no era llegar a Moscú, sino demostrar a Putin que los generales de los despachos del Ministerio de Defensa no sabían llevar bien la guerra en Ucrania y que las derrotas de las tropas rusas en el frente ucraniano exigían una destitución inmediata de toda la cúpula militar moscovita. Y, por otro lado, él quería demostrar a su Gran Jefe que el descontento del grueso del ejército era tan alto que en cualquier momento podría producirse un golpe de verdad, encabezado por algún que otro general o coronel y que aquel sí llegaría hasta Moscú y la tomaría con la misma facilidad con que él, Prigózhin, lo hizo en Rostov.
Yo creo que el líder del Wagner no llegó hasta Moscú porque por el camino se asustó de la facilidad con que le estaba saliendo el “golpe militar” e incluso la posibilidad de convertirse en el nuevo líder de Rusia – si tenía alguna aspiración política, de lo que dudo mucho. Él no estaba preparado para asumir una responsabilidad tan enorme que le estaba cayendo sobre sus hombros. Además, Prigózhin se dio perfecta cuenta de que su “putch” no estaba recibiendo suficiente apoyo masivo de los militares. De hecho, no se produjo el levantamiento en Moscú, viendo con qué rapidez los wagnerianos estaban avanzando hacia la capital, ni tampoco en alguna que otra ciudad del país. Sólo hubo un apoyo “silencioso” de las tropas en Rostov, Vorónezh y otras ciudades a lo largo del camino hacia Moscú, lo que tuvo que desanimar a Prigózhin a seguir con su rebelión.
Al no ver un apoyo más contundente y masivo de los militares y al llegar a la orilla del río Oká, un obstáculo fluvial que las tropas de Wagner tenían que haber atravesado para seguir el camino hacia Moscú, Prigózhin detuvo su avanzadilla. Le comunicaron que el puente estaba minado y si sus soldados intentaran cruzarlo sería volado. Los wagnerianos no estaban preparados para cruzar el río por otros medios, pero si incluso lo intentaran se convertirían en un blanco perfecto para las tropas regulares fieles al Ministerio de Defensa.
Por tanto, Prigózhin en seguida proclamó que había decidido detener su marcha a Moscú para evitar el “derramamiento de sangre” entre los soldados rusos. Aunque nada le detuvo hacerlo, unas horas antes, cuando dio órdenes a derribar varios helicópteros del ejército que habían intentado “atacar” la columna de los combatientes wagnerianos camino a Moscú. Murieron varios pilotos. La sangre ya estaba derramada.
Los hechos y acontecimientos que con más relevancia confirman mi versión de una “rebelión escenificada” se han producido una vez “suspendida” la propia rebelión. Vamos a verlo.
Normalmente, cualquier Golpe de Estado frustrado, especialmente militar, se acaba con la inmediata detención y la persecución de los golpistas, acompañada de una “limpieza” en las filas de los golpistas. Como podemos ver, han pasado más de tres semanas y ningún golpista ha sido detenido, ni su cabecilla Prigózhin, ni ningún cómplice suyo. Más aún, al golpista número uno y a más de 8.000 participantes en el “putch” les dejaron marcharse tranquilamente a un país vecino, Bielorrusia, gran aliado de Rusia, sin presentar ningún cargo contra ellos ni pedir a las autoridades bielorrusas la persecución y la extradición de los putchistas.
Tampoco se ha producido – de momento – ningún signo de que Putin había dado las órdenes de purgar a los mandos del ejército quienes, supuestamente, habían ayudado o participado en la intentona golpista. Hay unas informaciones, no confirmadas, de que algunos de los generales, muy próximos a Prigózhin, quienes, supuestamente, conocían sus planes golpistas y no hicieron nada para detenerlo, están investigados e interrogados por los servicios secretos, para ver si la rebelión de Prigózhin tenía más seguidores entre los mandos de las tropas rusas en el frente ucraniano. Yo lo atribuyo más al intento de los servicios secretos (FSB) de demostrar su eficacia ante Putin y minimizar la influencia de los altos mandos militares sobre el Jefe del Kremlin.
No conozco un ejemplo parecido en la reciente historia del golpismo mundial. Más aún, cuando viene la noticia, difundida por un periódico francés y luego confirmada por el portavoz del presidente ruso, Peskov, y más tarde por el propio Putin, que él, cinco días después del “levantamiento” de las tropas del Wagner, recibió en el Kremlin a Prigózhin junto con 35 comandantes suyos. O sea, Putin, recibió, como si no hubiera pasado nada, a la cabecilla de la rebelión y sus principales autores.
Pero no es todo. La reunión ha durado más de tres horas. Curiosamente, este mismo día, por la mañana, Putin asistió a un acto militar en el recinto kremlineano, con la presencia de centenares de militares vestidos de uniformes de gala, a los que él estaba agradeciendo el “apoyo” que las FF.AA habían brindado a su Presidente y el Comandante en Jefe, durante la intentona golpista de los del Wagner. El acto ha durado sólo unos 10 -15 minutos (grabado para la TV oficial), ya que Putin tenía prisas para marcharse a la reunión con los “golpistas” – arriba citada – contra los cuales, en teoría, le estaban defendiendo los militares del acto solemne anterior.
Todas estas incongruencias serían imposibles si la sublevación del Wagner no fuera una escenificación a favor de Putin por su fiel servidor Prigózhin, como ya he explicado antes.
¿De qué habló Putin con los wagnerianos? ¿También les agradeció por los “servicios” prestados? ¿O discutieron las próximas actuaciones del Wagner que Putin les pensaba a encomendar en su maquiavélico juego político? ¿Hablaron de las principales reivindicaciones de Prigózhin de destituir la “corrupta e incompetente cúpula militar ruso? ¿Le prometió Putin algo al respecto? Lo podremos ver próximamente si se producirían algunos cambios relevantes en el Ministerio de Defensa ruso.
Yo creo que Putin no se atrevería a realizar una verdadera limpieza entre los altos mandos militares, precisamente, por el temor a que esto podría provocar a los oficiales que están dirigiendo sus tropas en el campo de batalla y no desde los cómodos despachos en el Ministerio de Defensa, a dar un golpe de verdad. Todo lo contrario, Putin va a estrechar todavía más su colaboración con sus más próximos y leales mandos de la cúpula militar moscovita y no sólo no va a cesar a Shoigú y Guerásimov, como pretendía Prigózhin, sino va a darles más libertad de actuación y de ejercer su autoridad dentro de las FF.AA. del país.
Resultaría todo lo contrario a lo que supuestamente pretendía la rebelión del Wagner, pero, precisamente, ella sería perfectamente aprovechada e instrumentada por la alta jerarquía del ejército en su lucha por la influencia sobre el amo del Kremlin, en detrimento de otros grupos de poderes fácticos dentro de la camarilla kremlineana, como la FSB, GRU, Guardia Nacional. ¿Sería esta “rebelión escenificada” el último papel de Prigózhin o él sería utilizado por Putin para otros juegos políticos? Todo indica que los “músicos” del Wagner todavía no han “interpretado” todo su repertorio y pronto podemos ser testigos de sus nuevas actuaciones bajo la batuta del dueño del Kremlin.
Creo que la “frustrada” rebelión del Wagner ha demostrado con meridiana claridad que entre todos los poderes fácticos que rodean a Putin se está agudizando una lucha por estar más cercanos al Trono del Kremlin, para que cuando el que ahora lo está ocupando caiga, interceptar la corona y el cetro, para poder seguir gobernando. Todos ellos, tanto los militares como todos los organismos del bloque de “fuerza” citados, ya no creen que Rusia puede ganar la guerra en Ucrania y buscan, cada uno por su lado, cómo convencer a Putin de acabar la guerra, empezando las negociaciones de paz con Ucrania, incluso en condiciones más favorables para ella y las que Putin, hasta ahora, se niega a aceptar.
Y si Putin se sigue negándolo, antes o después, se formará un complot entre los representantes más atrevidos de estos poderes facticos, que obligaría a Putin a dimitir o le desbancaría del poder por medio de un golpe triunfante.
Lo que podría acelerar enormemente este tipo de acontecimientos, es una victoriosa ofensiva de las tropas ucranianas, que debilitaría aún más el régimen de Putin y a los que le siguen sirviendo todavía, dando más argumentos y valor a los que pretenden desbancar a Putin, acabar con la guerra y salvar todavía a Rusia del fracaso total interno y externo.
Espero que los aliados de Ucrania lo comprendan y empiecen a suministrar a las fuerzas armadas ucranianas el armamento ofensivo tan necesario para ganar la guerra y acelerar la caída del desastroso régimen putinesco y el establecimiento de paz en el pleno centro de Europa.
Creo que muy pronto seremos testigos de unos cambios significativos, si no definitivos, en este enfrentamiento armado ruso-ucraniano, que ya se ha convertido en un pulso entre los países libres y los totalitarios. Del ganador de esta lucha entre el Bien y el Mal depende el futuro de toda la civilización occidental y el bien vivir de nuestros hijos y nietos.