PÁLIDA CONDENA
Montevideo (XI)
lunes 21 de agosto de 2023, 20:19h
- Una novela que sorprende y realza los ojos al hablar del proceso de escribir novelas.
- No nos imaginamos a nosotros mismos como villanos sino como héroes.
- Leer al hombre a través de sus libros elevándose del horizonte y leer los libros a través del hombre que los escribió, aquel con el que entender la textura de nuestra conciencia.
- La acción empieza en 1974, el año por cierto en que, Vila-Matas, vivió de alquiler dos años en una buhardilla de Marguerite Duras.
- «Acepta el tiempo». Walt Whitman.
- París es un lugar adecuado para la escritura. El rostro de Vila-Matas está con un tenue reflejo emparejado al de F. Scott Fitzgerald en el cristal.
- Un metalibro Montevideo, con comentarios irónicos. El yo literario mantiene la obra en condiciones, trazando con yeso las líneas y los arcos con el tiempo frío, con personas soplándose las manos, cruzando y descruzando los brazos a la altura del pecho.
- No recorta los pasajes humorísticos, no denigran la dimensión moral.
- Ser es tener resplandores mortales.
- Luchar, evolucionar permaneciendo en una especie de deriva intemporal.
- Vila-Matas ya había descrito estos períodos de su vida en su Dietario voluble, obra con ruido selectivo repleta de autores, pasos exactos y esotéricos.
- Leer y leer Montevideo como quien lee El Quijote o la Biblia.
- La nueva novela de Enrique Vila-Matas es tan formidablemente buena como ardientemente responsable.
- El yo como idea literaria mostrándose muy serio y afectuoso, distraído e inclusive distante.
- Temas interesantes en Montevideo con gustos nobles, manteniéndose impoluto.
- «¿De los otros? Estuve a punto de contestarle que los conocía de memoria, porque yo, como todas las personas que había visto en mi vida, era un ser imaginario».
- Aquí estoy siendo un ser imaginario y nada hay que decir. Si alguien no quiere leer, tiene un interruptor en la pared. La lámpara está sobre la cajonera. La habitación está a oscuras. ¿Cierras los ojos? Con Montevideo llegó la supernova, y su brillo intenta guiarnos por los entresijos del tablero de calles de sentido único y sin salida.
- Cuántas veces han estado las sombras allí, observando y escuchando.
- Demos al pensamiento un empujón para tratar únicamente de estimularlo.
- Empecé a pensar de forma más interior en mi sombra.
- Un cambio radical para entrar en una ficción iridiscente. Aquí ocurren muchas más cosas. Se nombra a Rimbaud mientras Antonio Tabucchi advierte: «Nombrar tanto a Rimbaud puede desembocar en un atasco de escritura».
- Trato de reponerme de mis relecturas reflexionando un nuevo término, el de «literatura del perdido sendero». No se desmorona todo el ímpetu de una vida. Una carrera está ahí, situada en el campo magnético de la originalidad.
- Tradición en la penumbra de la habitación.
- No hay duda de que algo juvenil distingue todos los aliviados golpes de Vila-Matas a la corriente de opinión de la actualidad.
- Misterios tras ventanas que tienen cortinas gruesas, de modo que inclusive de día apenas se filtra la luz por ellas.
- La literatura es tinieblas, sentir que nos ponemos pálidos en nuestro propio mundo.
- Dice Montaigne: «Cuando empecé a divisar la luz, de un modo tan incierto, mis ojos estaban tan débiles y tan muertos que nada podían discernir aparte de una vaga claridad».
- El narrador asegura: «Tristam no solo es mi amuleto, sino la columna vertebral de todo lo que he escrito». Y resumiendo, Thomas Pynchon viene a sacarnos de aquí bajo fianza. Con él Vila-Matas da la sensación de estar bien preparado y equipado: su prosa es como un objeto misterioso y estamos seguros de que tiene una historia antigua. El torrente de su energía no se agota. Es un bello sueño, como un laberinto de hilos sueltos.
- La carpeta de mi ordenador sabe que surca convenientemente el tiempo y el espacio y mezcla personajes reales y otros irreales, desarrolla sus temas con la grandiosidad del panorama con un yo tan importante como disperso.
- Ardillas silvestres parecen estas líneas que vibran como si fueran partículas, con un ardor eléctrico. Peces brillantes son los adjetivos como requerimientos audaces. Un zorro huyendo de una cacería son sus capítulos.
- Todo vale, pero lo que vale está vivo y parece inaccesible.
- La literatura ya no está «fuera», porque lo que está allí es igual que lo que está «dentro».
- Ficción como una parte infinitesimal de lo que uno ha escrito ya en su cabeza.
- Realidad sintiéndose secretamente alborozado.
- No sé si el español, pero el lector argentino, francés o portugués se enorgullecerá de Enrique Vila-Matas, lo mismo que se enorgullecerá de Cervantes o Shakespeare, de Baudelaire, de Kafka o de Beckett, y en eso está la fuerza de esos lectores.
- Detrás de la oscuridad hay otra oscuridad fronteriza de gran calado, estilizada, pero no carente de emociones. Montevideo trae algo que no se espera. He aquí algunos ejemplos: «Un día iré a Montevideo y buscaré el cuarto de la segunda planta en el hotel Cervantes y será un viaje real al lugar exacto de lo fantástico, quizás el lugar exacto de la extrañeza»; «Cabría imaginar que lo soñado tal vez me había desvelado sustratos profundos, temores ancestrales de mi psique que únicamente afloraban en ocasiones a través de las más oscuras pesadillas».
- El ensayo se desvía del lenguaje corriente y por eso abre fuego como lo hace.
- La voluntad de profundizar en una noción con independencia del contexto.
- Nuestras credulidades siguen un camino de piedra.
- Yo diría que Montevideo es elevarse hacia las alturas: «Ojalá comprendas que tu destino es el de un hombre que debería estar ya deseando elevarse, renacer, volver. Te lo repito: elevarse. En tus manos está tu destino, la llave de la puerta nueva». Sensación de elasticidad, sin acabar con los músculos agarrotados.
|
|