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TRIBUNA

Se buscan líderes políticos

Juan José Vijuesca
miércoles 30 de agosto de 2023, 19:44h

No hay líderes. Ahora mismo dudo que se sigan fabricando y en el supuesto de haberlos no se entregan a la épica de la política. Causa perdida si no se suben a la noria de la troika que dirige el poder omnívoro planetario. Así pues, ser líder político de tronío en estos momentos es convertirse en chico de los recados de los amos del cortijo.

Cuando los tiempos se adueñan de las voluntades de la ciudadanía el problema no solo recae en el gobernador, sino en el exceso de castidad de los permeables pobladores que dedican su tiempo a la ensimismada contemplación del apareamiento de las belugas. Muy respetable distracción porque la escala de valores de cada cual no deja de ser un aspecto muy personal. Claro está que mientras el cetáceo campa por sus mares, la vida en tierra adentro cursa en maldades, promesas e incumplimientos merced al irracional reparto de nuestra especie formada por un 10 por ciento de inútiles políticos dedicándose a jugar con un 90 por ciento de seres sin rumbo.

Dicho esto, que bien pudiera ser objeto de análisis, me queda argumentar lo de ser juguetes al servicio de quienes hacen y deshacen a nuestra costa, cosa que trae cuenta como válido ejemplo los que inducen a la guerra como bastarda manera de conseguir que otros mueran por capricho dominante. Es decir, la parte irracional a la que antes hice alusión. La guerra de Ucrania, por ejemplo. Ha transcurrido año y medio desde que Putin dispuso su derecho de pernada sobre Ucrania y a día de hoy el desastre humanitario ha dejado de ser protagonista. Yo diría que la flora intestinal del ser humano se refuerza con la terapia de la indiferencia.

Lo cierto es que los muertos por desvarío de unos pocos subordinan la vida de los inocentes y la de sus propias familias a un destino ni buscado ni deseado. ¿Qué hacer? Sería una pregunta que todos debiéramos plantearnos. Pero la cobardía nos hace sobreactuar en lamentos mientras allanamos el camino de la inacción. Preferimos pagar el asfixiante precio de todo lo que rodea a esta maldita guerra, dicho sea cada vez con mayor interés mercantilista, y siempre a costa de nuestros bolsillos que a fin de cuentas somos los sustentadores del prostibulario en el que se ha convertido el mapa político.

El mundo actual es un pasatiempos en donde los actores de reparto, es decir, ustedes y un servidor, caemos en desgracia merced a las continuas capitulaciones que otorgamos en favor de la codicia y el engaño. Somos la nada más absoluta en medio de una sórdida maldad que engulle los valores morales, la propiedad privada, el fuero de las leyes y su acatamiento, la defensa del inocente, la honradez y la nobleza. Una sociedad en donde un simple orgasmo contractual ha de ser realizado ante notario; por no mencionar que está más protegido un lobo depredador que un niño o niña sujetos a educación especial por discapacidad intelectual.

Es la parte inadmisible de la decencia como seres humanos. La parte grotesca de nosotros mismos, concebida, no como auto de fe, sino como decadencia de una especie desnortada ante tanta estupidez reinante. Cada vez es más grande el número de necios y más reducido el de los discretos y de ello se valen los míseros regidores que dicen velar por nuestros intereses.

Me preocupa la flaqueza del ser humano ante la deriva del abatimiento, la miseria, la falta de honra y desigualdad; por cierto, curioso blasón éste que enarbolan los mutantes de la progresía de nuevo cuño que, según de donde sople el viento, lo sacan a pasear con trompetería y clamor.

Poner en relieve la variedad de sinrazones sería caer en barrocas burlas donde todo está sometido al artificio y la exageración de adornos y mentiras. Es la mecánica de hacer parecer dignas y solemnes las cosas viles, y viles las dignas y solemnes. Es la injuria obscena de quienes al olor del vil metal acuden al liderazgo de manera procaz, porque esa es la jugada de aquellos que se dan en llamar líderes cuando la realidad es la indecencia la que les doctora en cargos.

No hay líderes. Lo que hoy existe, salvo raras excepciones, son cardamomos que expectoran odio, rencor y poder. Son figuras artificiales impuestas o canonizadas por quienes han escrito para la raza humana el futuro que nos espera. Mientras tanto un beso mundial, de impresentable conducta, nos pone música de verbena para distraer al personal a base de “Paquito el chocolatero” No se alarmen, es el progreso en estado puro.

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