Los días que van transcurriendo traen unos nuevos datos que corroboran, de alguna manera, mi versión de que la muerte del jefe del Wagner, Yevgueniy Prigozhin, en la catástrofe del pasado día 23 de agosto, fue escenificada por el propio líder wagneriano, con la ayuda de sus cómplices en las altas esferas del poder en Rusia, incluido el propio presidente Putin. He explicado esta versión en mi artículo, publicado en este periódico el pasado día 27 de agosto. En el presente escrito quiero añadir los nuevos datos que se están apareciendo sobre este misterioso accidente.
En primer lugar, voy a comentar las conclusiones de la Comisión Oficial rusa que ha investigado el accidente y había comprobado la identificación de los restos mortales de las 10 personas que estaban volando en el "jet" del Wagner, estrellado cerca de la ciudad rusa de Tver.
Según la declaración de la Comisión investigadora, las identificaciones de los pasajeros del avión siniestrado coinciden plenamente con las personas que estaban declaradas en la lista de pasajeros del "jet": 3 tripulantes de la nave y 7 miembros de la compañía "Wagner", entre ellos Yevgueniy Víktorovich Prigozhin.
¿Quiere esto decir que la Comisión ha identificado entre los restos mortales el cadáver del jefe del Wagner, Evgueniy Prigozhin?
Pues, no. La investigación no menciona su nombre ni el de ninguno de sus acompañantes. Simplemente se refiere a la lista de los pasajeros, proporcionada por el Wagner a los funcionarios del aeropuerto moscovita de donde salía el "jet" wagneriano. O sea, la investigación sólo confirma que entre los diez viajeros del aparato siniestrado hubo uno, con el nombre de Yevgueniy Víktorovich Prigozhin. Nada más. Ni que es el mismo Prigozhin, el Jefe del Wagner.
Se sabe que dentro de la compañía "Wagner" figuraban cuatro personas con el mismo nombre y apellidos, Yevgueniy Víktorovich Prigozhin, entre ellos el propio líder del Wagner. O sea, Prigozhin "verdadero" tenía tres dobles, así que entre los identificados por la comisión investigadora figuraba sólo uno de los cuatro y no se sabe si fue el propio jefe wagneriano o simplemente uno de sus dobles. Con lo cual, más que probable que el propio jefe del Wagner no estaba viajando en el avión siniestrado y sigue vivo, como he comentado en mi artículo anterior.
Pero Putin y los suyos, implicados en esta escenificación, tienen que mantener la versión de que Prigozhin había muerto. Por tanto, el propio presidente ruso en una escueta declaración póstuma sobre Prigozhin, resaltó que el perecido líder wagneriano era su buen colaborador a lo largo de más de 30 años (desde los años 90 del siglo pasado), un hombre con una biografía complicada, pero con talento y con quien se ha conseguido unos buenos resultados en los trabajos conjuntos. Ni una palabra de la traición de Progozhin, con referencia a la rebelión del Wagner del 23 de junio pasado. Con no lo cual, Putin daba a entender que no consideraba a Prigozhin como un traidor y por ello no tenía nada que ver con la muerte de su colaborador más próximo.
Todo lo contrario a las numerosas versiones, publicadas en diferentes medios, que aseguran que la muerte de Prigozhin en el accidente aéreo fue provocada por los servicios secretos rusos por la orden del propio Putin. Estas publicaciones mencionan una frase, sacada de la entrevista que había dado Putin a un periódico oficioso, en la cual a la pregunta del entrevistador: “¿Qué lo que Putin jamás podría perdonar?”, él contesta: “La traición”.
Hay otro hecho que corrobora la versión de la “escenificación” de la muerte del líder vagneriano. Es lo que ha sucedido con su funeral. Kremlin ha hecho todo lo posible para que el entierro de Prigozhin se produjera en un absoluto secretismo, en un estricto ambiente familiar, para que a la ceremonia de la despedida con un personaje tan mediático no acudiera mucho público, ni periodistas, tanto rusos como extranjeros.
Con este fin, hasta el último momento no había sido anunciado en cuál de los varios cementerios de San Petersburgo se permitiría enterrar los restos mortales de Prigozhin. Toda la mañana se estaba escenificando en varios cementerios que sería “allí” donde se celebraría el funeral: poniendo guardias a la entrada y simulando los preparativos, trayendo coronas de flores, agrupando a la gente (la mayoría eran agentes camuflados de los servicios secretos), cavando fosas, poniendo anuncios falsos en la red sobre el lugar del entierro.
Y todo esto por el temor a que ante la presencia de los periodistas y los numerosos seguidores de Prigozhin, alguien de los familiares y personas más próximas al fallecido podría irse de la lengua y comentar si ellos han podido ver o no el cadáver, si éste fue realmente de Prigozhin, si están de acuerdo con los resultados de la investigación y cosas por el estilo, que pudieran desvelar el “secreto” de que al que estaban enterrando no era Prigozhin.
En este sentido impresionan las medidas de seguridad montadas por las autoridades, tanto en los cementerios “falsos” como en el que, finalmente, fue depositado el ataúd con los restos mortales del jefe del Wagner (en el Porojovskoye). Se veían por todas partes las numerosas dotaciones de la Guardia Nacional y las patrullas de la policía urbana, armados con fusiles y con “rifles anti drones”. Fueron instalados los arcos de detectores de metales en las entradas a los cementerios. Se comprobaba rigurosamente la documentación a los que querían entrar en los cementerios. Se tomaron unas extraordinarias medidas de seguridad en el propio Porojovskoye, que fue rodeado por todo el perímetro por los policías y los efectivos de la Guardia Nacional. A la tumba de Prigozhin sólo podían tener acceso los familiares más próximos y las personas “autorizadas”.
Prigozhin, por ser condecorado con el máximo galardón militar del Héroe de Rusia, tenía derecho a un entierro con los honores militares y una solemne ceremonia, acompañada de los disparos al aire de los que formaban el dispositivo de la “guardia de honor”. Pero el “colaborador más eficaz y leal al presidente Putin” – según las propias palabras del presidente ruso, como he comentado anteriormente, – fue privado de todos estos honores y enterrado en un “humilde” cementerio con la asistencia de sus familiares y de los funcionarios de la compañía “Wagner” más próximos a su ex jefe. Fueron sólo unas 30 personas. A más, a muchos más, teniendo en cuenta la fama que Prigozhin tenía entre la población rusa, no les permitieron asistir al funeral.
Claro, para qué organizar un entierro con pompa correspondiente al “rango” del personaje, si los escenógrafos kremlineanos, dirigidos por el maestro Putin, sabían que el “auténtico” héroe estaba vivo y se encontraba muy lejos de la fosa en la que depositaron los restos mortales de otra persona, apellidada de Yevgueniy Víktorovixh Prigozhin y que fue uno de los dobles del Prigozhin verdadero.
Mientras que el auténtico, ya no Prigozhin, sino bajo otro apellido y otra identidad (se sabe que el jefe del Wagner tenía varios pasaportes con nombres falsos) se dedicaba a una nueva “misión“ que le había encomendado su Gran Jefe, el presidente Putin, en alguno de los países africanos, latinoamericanos o del Oriente Medio, donde el grupo Wagner está actuando desde muchos años, dedicándose a los fabulosos negocios de extracción y comercialización del oro, diamantes y petróleo, apoyando a los corruptos gobiernos de estos países y provocando Golpes de Estado contra los gobernantes que no estaban dispuestos a colaborar con el Wagner y sus mercenarios.
Hasta el epitafio, puesto en la tumba del “supuesto” líder wagneriano, pone en duda la verdadera personalidad del enterrado. Es un trozo del verso “La naturaleza muerta”, escrito en 1970 por Iósif Brodskiy, el famoso poeta soviético – norteamericano, nacido, como Prigozhin, en San Petersburgo (entonces Leningrado), perseguido en aquellos tiempos por las razones políticas por las autoridades soviéticas, encarcelado varias veces y, una vez liberado, había emigrado, en 1972, a los Estados Unidos; es el Premio Nobel de literatura del año 1987. El verso dice:
La madre de Jesucristo le dice:
- ¿Eres mi hijo o eres mi Dios?
Estás clavado en la Cruz. ¿Cómo
me voy a casa?
¿Cómo pasaré el umbral de mi casa, sin comprender,
sin saber si eres mi hijo o eres mi Dios?
¿O sea, si eres vivo o muerto?
Él contesta a ella:
- Muerto o vivo no hay diferencia.
Sigo siendo tu hijo y tu Dios.
El que ha elegido este verso para el epitafio, imprimido en un papel dentro de un marco dorado y puesto al lado de la foto-retrato de Prigozhin, sabía qué hacía. Una escenografía perfecta del teatro kremlineano.