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Dar la cara

Javier Zamora Bonilla
martes 28 de octubre de 2008, 20:20h
La política de masas exige a los políticos estar permanentemente de cara al público; dar la cara en cualquier circunstancia porque si no, parece que no trabajan; parece que no hacen nada si no se les ve en una tribuna, en un mitin, en un desayuno de trabajo, enfangados en una obra, con unas gafas protectoras de visita en una cadena de montaje, rodeados de enfermos en un hospital o de niños en un colegio, etc., etc. Los políticos viven jornadas de doce o catorce horas, con dos o tres actos públicos al día, además de infinitas reuniones y conversaciones telefónicas. Y luego llega el fin de semana: congresos regionales del partido, reuniones con las juventudes, actos por aquí y por allá, buscando siempre una cámara que pueda sacar un corte, una respuesta al adversario, un eslogan, el lanzamiento de un proyecto... porque hay que ocupar el mayor tiempo posible en los telediarios.

Es positivo que los políticos sean capaces de responder prontamente ante determinadas circunstancias, como una catástrofe, mostrar enseguida que se está ahí para tomar decisiones que solucionen los problemas sobrevenidos. Mucha gente cree que ésta es la labor del político, una especie de apagafuegos que está siempre en la calle “a la que salta”, lo mismo da que sea la crisis financiera internacional que una riada, pero la política no es eso solo, o no debería ser sólo eso, resolución de problemas, sino fundamentalmente planteamientos de futuro. Cuando veo a los políticos ajetreados de acá para allá, atareados en mil cuestiones, me pregunto de dónde sacarán tiempo para pensar concienzudamente sobre los temas que se traen entre manos.

La política de masas ha convertido a los líderes de los partidos, a los presidentes de gobierno, a los ministros, en maniquíes de escaparate que deben mostrar elegantemente las últimas tendencias de la moda (las ideas del partido o del gobierno de turno), modelos que tienen que quedar siempre bien en público, por lo que hay que medir cada una de sus palabras, de sus actuaciones, y, sobre todo, su imagen. La campaña electoral en Estados Unidos está siendo un ejemplo nítido de esta política del puro márketing, que es sin duda necesaria en una democracia de masas, pero que no es ni suficiente ni satisfactoria. La política de los grandes líderes no puede quedarse en la foto, el eslogan o el corte publicitario para la televisión y dejar en manos de sus gabinetes la responsabilidad de hacer la verdadera política de fondo. En la elección y dirección de un buen equipo está gran parte de la grandeza del político, pero aun así, tiene que quedar tiempo para pensar pausadamente sobre las decisiones que hay que tomar, para meditar, desde la base de la experiencia y del conocimiento aprendido en los libros y en los informes, sobre los temas que en cada momento afectan a la vida pública y sobre aquéllos que podrían afectarla en el futuro.

Hay una sospecha sobre los políticos: cuando no aparecen en público, da la impresión de que no trabajan. Seguramente es una percepción errónea y es muy posible, pongamos por caso, que José Luis Rodríguez Zapatero pase largas tardes leyendo sesudos informes sobre economía o incluso que los fines de semana vaque algunas horas de la que sería siesta habitual de cualquier ciudadano a leer las recientemente editadas Obras escogidas de Juan José Linz, de quien tanto puede aprenderse. Frente a esa sospecha de la vagancia de los políticos cuando no dan la cara, se podría oponer la anécdota que sobre Aristóteles me contó hace muchos años mi maestro Agustín Andreu: algunos compañeros del joven Estagirita iban a Platón en la Academia con el cuento de que Aristóteles se había quedado en sus aposentos y no bajaba a las clases. Platón, hombre sabio, que sabía de las cosas humanas, es decir, de los hombres, y que confiaba profundamente en la inteligencia de su discípulo, solía responder: “nos preocupéis, algo andará haciendo”, porque suponía acertadamente que si Aristóteles no bajaba a clase es porque estaba enzarzado en alguna lectura o trabajando sobre algún asunto. ¿Es excesivo pensar así sobre los políticos de hoy? No lo sé, pero si pudiera dar un consejo, aunque sé que va contra los tiempos, recomendaría más horas de sofá y lecturas y menos sesiones fotográficas.

Javier Zamora Bonilla

Profesor de Historia del Pensamiento Político

JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.

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