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El modelo económico chino y la crisis

Eugenio Bregolat
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eugeniobregolatgmailcom/15/15/21
martes 28 de octubre de 2008, 20:23h
El milagro económico chino tiene diversas causas. Dos de las principales son propias de la mayoría de milagros económicos que en el mundo han sido, ya sea a nivel personal o nacional: el trabajo duro y el ahorro. En mi Cataluña natal, de pequeños nos enseñaban que quién gana 5 y gasta 4 puede llegar a rico; quien gana 5 y gasta 6 va por mal camino. En China muchos trabajan jornadas de 10 ó 12 horas, 6 ó 7 días a la semana, por 120 ó 150 dólares al mes, y, en lugar de sentirse explotados, como muchos piensan en Occidente, están contentos, porque escaparon del campo, donde no trabajaban menos, apenas si veían algún billete y su horizonte vital era mucho más limitado. Como alguien dijo, si en Europa se lucha por la semana de 35 horas, los chinos desearían una jornada de 35 horas. Y ahorran, por otra parte, en torno al 40% de lo que ganan, en lugar del fuerte endeudamiento habitual en muchos consumidores americanos o europeos.

A partir de estas virtudes elementales, China se ha desarrollado con un modelo basado en la inversión, pública y privada, y en la exportación. El consumo tiene un papel mucho más bajo que en Occidente, aunque ha crecido en los últimos años. Según las cifras facilitadas por Wang Jiamao, profesor de la China-Europe Business School de Shanghai, entre 2002 y 2007 el crecimiento del PIB chino se debió en un 39% al consumo, un 48% a la inversión y un 13% a la exportación neta (exportación menos importación). Fuentes occidentales, como “The Economist”, llegan a conclusiones parecidas, de modo que el peso de la exportación en la economía china es menor de lo que se suele creer. Lo cual no es incompatible con el elevado grado de integración de China en la economía internacional: la suma de sus importaciones y exportaciones supera el 70% del PIB, porcentaje similar al de Alemania, Francia o España, cuando Estados Unidos, India y Brasil tienen una media del 30%.

Desde hace años los dirigentes chinos están reconduciendo, en forma gradual, como siempre, su modelo económico, dando más peso al consumo, es decir, aumentando el nivel de vida de la ciudadanía. Se añade ahora otra razón: contribuir a atemperar la crisis global y a que el mundo salga de ella cuanto antes. Los últimos años China ha contribuido un tercio al crecimiento global. Si sigue creciendo a elevado ritmo y siendo la principal locomotora que tira de la economía mundial, reforzará su imagen de “potencia responsable”, vital para su estrategia de “emergencia pacífica”.

Para estimular el consumo China ha tomado dos medidas importantes este año. El 1 de enero entró en vigor la Ley del Contrato de Trabajo, que prevé indemnizaciones por despido, regula las horas extra y obliga al empresario a hacer aportaciones a la seguridad social. El trabajador tiene así más dinero en el bolsillo y puede gastar más. Hace pocas semanas se ha autorizado a los campesinos a enajenar o arrendar el derecho al uso de la tierra que detentan en régimen de “contrato de responsabilidad familiar”. Así los campesinos podrán consumir más y se facilitará el proceso de urbanización.

Otra vía para estimular el consumo privado es generalizar el sistema de seguridad social, pues en buena medida los ciudadanos no cubiertos por él ahorra para hacer frente a contingencias sanitarias o para asegurarse una vejez confortable. El aumento de la inversión pública, especialmente en infraestructuras, así como la disminución de los tipos de interés, es decir las políticas fiscal y monetaria, serán utilizados sin duda, como en el resto del mundo, en esta coyuntura. Una más rápida apreciación del yuan es otra posibilidad, aunque en unos momentos en que la exportación cae con fuerza, las autoridades chinas procurarán, lógicamente, evitar hacer aún más difícil la vida al sector, lo que podría redundar en cantidades importantes de parados, con los riesgos sociales y políticos que ello supondría.

De la crisis financiera China ha salido relativamente inmune, pero la caída de la demanda mundial no dejará de tener su efecto sobre su economía. Aunque los expertos estiman que la economía seguirá creciendo en torno al 9% el año próximo, habrá que esperar a ver cual es el impacto real de la recesión global.

Eugenio Bregolat

Ex-embajador de España en China y Rusia

Eugenio Bregolat Obiols es embajador de España en el Principado de Andorra.

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