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TRIBUNA

¿Cuántos Putines hay? Los dobles del dueño del Kremlin

jueves 21 de septiembre de 2023, 19:29h

Cada vez adquieren más relevancia los rumores de que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, tiene varios dobles a los que él y sus servicios de seguridad están utilizando para determinados fines no sólo de la índole de seguridad personal del líder ruso, sino también para unos fines políticos.

Los primeros rumores aparecieron, hace tres años, cuando empezó la pandemia del Covid. Putin, temeroso a contagiarse con el virulento virus chino, estaba tomando unas extremadas medidas de precaución contra el microscópico enemigo asiático. De tal manera, que incluso sus discursos institucionales, que él pronunciaba dentro de las espaciosas salas del Kremlin o de la Duma (el parlamento ruso), los hacía desde la tribuna alejada del resto de los asistentes a una distancia diez o veinte veces superior a la que recomendaban las autoridades sanitarios.

Más aún, todos los asistentes, previamente, estaban obligados a pasar dos semanas del aislamiento y luego dar de negativo en un test del Covid. Por el mismo procedimiento pasaban todos los que, por una u otra razón, estaban citados por Putin para alguna que otra reunión de trabajo o entrevista. Y, cuando Putin los recibía, él se sentaba a un extremo de la mesa mientras su invitado al otro, teniendo la mesa una dimensión inusual de 10 – 12 metros de largo. Lo mismo pasaba a los líderes extranjeros, invitados al Kremlin. Se acordará el lector del video y la foto difundido por todos los medios, con Putin y el presidente francés, Macron, conversando en esa larguísima mesa kremlineana.

O en un acto de la entrega de las respectivas acreditaciones de los nuevos embajadores extranjeros en el Kremlin, Putin, mantenía una exagerada distancia con los diplomáticos que presentaban sus credenciales, y, al final de la ceremonia, en lugar de acercarse y apretar la mano de cortesía a cada uno de ellos, como establecía el protocolo, hizo un saludo “común” con la mano, sin acercarse a ninguno de los presentes por el temor al contagio.

Pero, de vez en cuando, por razones publicitarias y propagandísticas, el Presidente tenía que acudir a unos acontecimientos públicos, que reunían muchísima gente, a veces miles de personas, y no se los podía someter a todos a una cuarentena “anti-Covid”. Por ejemplo, en una parada militar o acudiendo a una manifestación popular durante la celebración de las fiestas nacionales, como el “Día de la Victoria”. Y allí, en público, se podía ver a Putin apretando las manos a los asistentes, hablando con ellos a una distancia “normal”, sin mascarilla, guantes o cualquier otra medida de precaución. Pero a los días siguientes seguía recibiendo y comunicándose con los miembros de su equipo y con los invitados, guardando el mismo procedimiento del “alejamiento” máximo, utilizando aquella famosa mesa “kilométrica” montada por los carpinteros del Kremlin para tales fines.

Por eso, parecía algo rara esta actitud tan diferente del presidente ruso: en la Plaza Roja, entre la multitud, donde el virus andaba a sus anchas, el precavido dueño del Kremlin no tenía miedo a contagiarse, mientras que en su propia casa kremlineana, entre el personal estrictamente seleccionando, sí que tenía miedo a coger el bicho chino. Entonces, empezaron a saltar rumores de que el presidente Putin, que acudía a los grandes actos públicos y el que estaba visto en los despachos oficiales gubernamentales, no era la misma persona. Resultaba que en el público aparecía su doble y en la intimidad del Kremlin se encontraba el “original”. ´

Con el comienzo de la guerra en Ucrania, cuando la atención hacia la persona del presidente ruso se hizo más constante y frecuente – sus apariciones en público, sus declaraciones en los medios, sus viajes –, el tema de los dobles ha empezado a cubrirse con más y más detalles nuevos. Todos ellos, de alguna manera, estaban corroborando la teoría de la existencia “real” y no sólo “conspiratoria” de los clones de Putin.

Los expertos en el maquillaje, el disfraz y las operaciones plásticas empezaron a señalar, públicamente, las “diferencias” en los rasgos y la conducta de un Putin real y de cada uno de sus presuntos dobles. Se ha establecido una especie de “identificación” de todos estos clones putinescos, de acuerdo con sus conductas y actuaciones. Los más fijos son cuatro. Incluso al Putin verdadero también le han dado un nombre: el “bunqueriano” (que viene de la palabra “bunquer”, donde se esconde el presidente ruso, sea en su residencia en el Kremlin o en sus numerosos palacios-refugios con un imprescindible “bunquer” subterráneo) a fueras de Moscú, algunos de ellos a cientos de kilómetros de la capital rusa.

Los clones están “catalogados” bajo los siguientes nombres:

El Viajero – quien viaja a unas distancias cortas y largas y aparece entre la gente y las autoridades locales, para demostrar su preocupación personal por cómo van las cosas en estas regiones, especialmente, en los territorios ucranianos ocupados por las tropas rusas desde el comienzo de la guerra en Ucrania. Las visitas más comentadas de este tipo fueron: al Puente de Kerch (de Crimea), después de que éste había sido atacado y seriamente dañado por los servicios de las operaciones especiales del ejército ucraniano, y la visita inesperada a la ciudad de Mariupol, ocupada por el ejército invasor, bastante cerca del frente de los combates encarnizados entre las tropas rusas y ucranianas.

El Estadionario y Banquetero – quien interviene en los estadios y otros lugares con asistencia de grandes masas de gente, durante las celebraciones de las fiestas nacionales y de otros acontecimientos relevantes, y el que también asiste a los banquetes y reuniones con los líderes internacionales durante sus visitas a Rusia.

El Hablador – quien de vez en cuando interviene con unos cortos mensajes ante los periodistas y otros invitados al Kremlin (entre otras cosas, en este papel, se dedica también a la entrega de las condecoraciones gubernamentales a los militares y civiles).

El Festivo o de Gala – quien acude a las solemnes paradas militares o las manifestaciones festivas, situándose él entre los asistentes, como un observador y participante más, charlando y apretando manos a los que se encuentran a su alrededor.

Pues, a estos cuatro dobles los expertos atribuyen unos rasgos y las características diferentes al del Putin verdadero. Sus andaduras no coinciden. Algunos gestos tampoco. Al Putin real no se le mueve bien la mano derecha y los clones, a veces, “se olvidan” de imitarlo. Como también a fingir su ligera cojera de la pierna derecha, especialmente, cuando el doble baja por la escalerilla del avión.

Durante su intervención en una reunión con los periodistas, el Putin-clon, mira a su muñeca izquierda para ver la hora en su reloj y se detiene varios segundos, asombrado con que el reloj no está en su sitio habitual. Es que Putin “original” lleva el reloj en su muñeca derecha, con lo cual al “clon” también le han puesto el reloj en la mano derecha, pero él, instintivamente, mira a la mano izquierda donde suele llevar el reloj, cuando no interpreta el papel del presidente ruso.

Los expertos detectan no coincidencias entre los “Putines” en la forma de sus orejas y los lóbulos (son únicas, como las huellas dactilares, en cada individuo). O en la forma de la barbilla. O en la propia voz y en la utilización del lenguaje, cuando el clon no lea el texto, sino improvisa. O, cuando en una reunión con la presidenta de Alemania, Ángela Merkel, a su pregunta hecha en alemán el presidente ruso no pudo contestarla, al no entender las palabras en alemán, mientras que se sabe que Putin verdadero domina perfectamente el idioma alemán, por lo cual, en su momento, cuando él era un agente de los servicios secretos soviéticos, fue destinado precisamente a la RDA (República Democrática Alemana) por sus buenos conocimientos del idioma del país.

La teoría de la existencia de los dobles del presidente Putin en Rusia es “tabú” y no se habla de ello. Mientras los medios ruso-parlantes, opositores al régimen putinesco y que se encuentran en su abrumadora mayoría en el extranjero, continuamente publican los nuevos detalles sobre los clones de Putin. También la prensa extranjera y sus expertos han empezado a tocar el tema, aportando sus observaciones y puntos de vista. Y, por supuesto, los líderes extranjeros de diferentes rangos, obligados a tener las relaciones institucionales con su “colega” ruso, deberían estar al tanto de los dobles de Putin.

Y surge la pregunta: “¿Estos jefes de estados extranjeros, cuando se encuentran con el presidente Putin, sea donde sea, se dan cuenta que ante ellos podría encontrarse no el propio presidente Putin, sino su doble, mejor o peor interpretado?”.

Yo hice esta pregunta a un experto ruso y él me contestó que los líderes mundiales están al tanto de esta teoría y muchos la toman bastante en serio. Lo que pasa es que el equipo de Putin sabe jugar muy bien con la utilización de sus dobles. No se atreven a presentar a un Putin-clon a los líderes extranjeros de primera línea, como los presidentes de los EE.UU, Francia, Alemania, China, cuyos servicios secretos pueden detectar en seguida el engaño. Salvo muy raras excepciones, cuando el Putin verdadero no puede acudir a una que otra entrevista o reunión internacional y no hay otro remedio que utilizar a uno de los dobles.

Pero otros presidentes extranjeros, sabiéndolo, aceptan el “engaño” y no les importa tratar con un clon, ya que la “imagen” política del momento exige la presencia del presidente ruso en la foto/video del evento. Pero en este caso los “expertos” en el tema detectan un notable cambio del trato que desprenden al Putin clonado sus interlocutores extranjeros. Un buen ejemplo de ello es el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan. Cuando él visita a Rusia y se encuentra con Putin verdadero, el trato es de la máxima cordialidad y el respeto del protocolo. Pero si la reunión se celebra fuera de Rusia, el presidente turco puede permitirse hacer esperar a Putin (clon) unos 10-15 minutos, antes de presentarse en el lugar de la reunión. Algo que jamás se atrevería hacerlo al Putin verdadero. Además, en la presencia del “clon” su actuación suele ser de predominio, de llevar la conversación, dejando a su invitado en el segundo plano.

Otro ejemplo parecido es el comportamiento del presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, quien mejor que nadie sabe cuándo se está reuniendo con Putin o con su doble. Su actitud es muy diferente en uno u otro caso. Con el verdadero jefe del Kremlin, Lukashenko, suele estar tenso, atento, respetuoso en cada gesto, con el rostro serio y un semblante casi de miedo ante el todopoderoso Zar de la Rusia actual, cuyo vasallo es Bielorrusia y su presidente. Pero, cuando Lukashenko sabe que ante él se encuentra uno de los dobles de Putin, se permite a si mismo bromear, cortar la palabra a su ilustre interlocutor, sobreactuar y toda su imagen demuestra que esta “cómodo” y relajado.

Hay muchos más ejemplos de la utilización por el Kremlin de los dobles de su verdadero dueño. Los hechos demuestran que esta práctica del “doblaje” del líder de la Rusia actual es cada vez más frecuente. Por varias razones.

Y una de ellas puede basarse en que la salud del presidente ruso está experimentando un determinado deterioro. La salud de Putin es uno de los secretos de Estado mejor guardado en Rusia. Sólo corren rumores y nadie, incluso los servicios secretos de los países más importantes del mundo, conoce el verdadero estado de salud del presidente Putin. Pero el empleo de los clones, me parece un importante indicador de que la salud del dueño del Kremlin y su capacidad de dirigir el país, que se encuentra en plena guerra con su vecina Ucrania, se está debilitando día tras día y esto no puede no repercutir en desarrollo de los acontecimientos en la palestra internacional en uno u otro sentido.

Pronto veremos hasta qué punto la enfermedad del presidente ruso es un hecho real o es otro de los bulos que los servicios secretos rusos y sus medios afines están divulgando por el mundo, utilizando a los clones como un instrumento del despiste y del engaño.

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