Con la serenidad que le caracteriza, el Rey Felipe VI ha permanecido en su sitio a...
Con la serenidad que le caracteriza, el Rey Felipe VI ha permanecido en su sitio a lo largo de toda la tormenta política desencadenada por las elecciones y la investidura. Tras el 23 de julio, el Monarca se mantuvo frente a todas las presiones en su papel constitucional. Encargó a Alberto Núñez Feijóo la investidura porque eso es lo que el mandato de la Carta Magna exigía, aún a sabiendas de las dificultades que encontraría el líder popular para sumar los cuatro votos que le faltaban. La Corona resistió las presiones de los impacientes y los malintencionados y actuó objetivamente cumpliendo su papel constitucional.
Ahora desde algunos sectores de la derecha se pretende que el Rey tome parte y se niegue a encargar Gobierno a quien pacta con los enemigos de España: filoetarras y secesionistas catalanes. Olvidan los que así intrigan que al Monarca le corresponde aplicar de forma objetiva el mandato constitucional. No puede tomar parte. La Corona es neutral. Don Felipe hará lo que la Constitución le permite y le exige. Y parece probable que encargue a Pedro Sánchez el intento de formar Gobierno.
Se equivocan los que quieren manipular al Rey sin darse cuenta de que el papel de neutralidad, por encima de los partidos, es lo que justifica a la Monarquía parlamentaria. Felipe VI cometería un grave error si tomara partido. Hay que reconocer que Mario Conde conserva su mejor lucidez cuando ha declarado: “Se está diciendo desde la derecha que el Rey tiene cobardía, pero seamos respetuosos con el Rey y con la Monarquía porque es lo único que nos queda en estos momentos como unificador de España”. Tiene razón Mario Conde. El Rey debe atenerse de forma impecable a la Constitución y actuar desde la neutralidad, máxime cuando existe un Gobierno frentepopulista, dispuesto a torpedear a la Corona en cuanto encuentre algún fallo en la gestión del Monarca.
Bien, por consiguiente, por Felipe VI. Que mantenga a la Monarquía en la neutralidad es clave para él y para España. Por fortuna, frente a las presiones más varias y a los despropósitos más acentuados, Don Felipe ha sabido permanecer en su sitio cumpliendo con el papel que la Constitución le encomienda.