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Ikitsuki, isla de peculiar tradición cristiana

Hidehito Higashitani
miércoles 29 de octubre de 2008, 20:22h
Ya comenté en mi último artículo unas características particulares de los llamados “cristianos escondidos” de las pequeñas islas de Nagasaki y de su práctica religiosa?llevada a cabo en clandestinidad durante la época de persecución cristiana en Japón.

Aunque muchos de ellos consiguieron reincorporarse a la iglesia católica al ser anulado en 1873 el edicto de la prohibición del cristianismo, aún hoy día existen unos pequeños reductos de los “cristianos escondidos” que, sin volver a la fe cristiana, forman unas comunidades independientes y que siguen con su práctica religiosa muy peculiar.

Recientemente algunos investigadores, conscientes de la inminente desaparición de esta tradición religiosa y de sus costumbres peculiares, han venido trabajado con intensidad por su conservación y gracias a ello se han hecho algunos descubrimientos de enorme interés tanto cultural como folklórico .

Una de las características que distinguen a los “cristianos escondidos” actuales es la conservación de una serie de oraciones que ellos llaman ‘orasho’, palabra que se supone que se ha derivado del vocablo latín ‘oratio’.

‘Orasho’, para ellos, son las oraciones, rezadas o cantadas, que han sido transmitidas de padres a hijos primero en clandestinidad durante doscientos cincuenta años en la época de la persecución del cristianismo en Japón y después dentro de las pequeñas comunidades que optaron por mantener esos usos religiosos sin reintegrarse a la iglesia católica durante unos ciento cincuenta años hasta la actualidad.

En la época en que estaba prohibido el cristianismo, la labor de transmisión de su ‘orasho’ constituía una de las obligaciones fundamentales de los “cristianos escondidos” y fue llevada a cabo con el máximo sigilo y cuidado. No se debía copiar ni anotar nada en un papel. Todo se aprendía oralmente, boca a boca. Dicen que en su época el que aprendía el ‘orasho’ se metía debajo de un edredón con su preceptor para que no se les oyera nada y siempre colocaban a un compañero de vigilante en el portal de la casa. Y el período de este aprendizaje se limitaba a ‘la época triste de primavera’ como llaman ellos, es decir durante la época de la cuaresma. Y si no se conseguía aprenderlo todo en este limitado espacio de tiempo, se tenía que dejar la labor para el siguiente año.

Concretamente en la pequeña isla de Ikitsuki, con extención de unos 17 kilómetros cuadrados, de la región de Nagasaki, existe un reducto de los antiguos “cristianos escondidos” con su ‘orasho’ muy característico y bien conservado.

Gracias a los recientes estudios realizados por el conocido musicógrafo Tatsuo Minagawa, podemos conocer y escuchar los rezos del ‘orasho’ en forma de CD con las grabaciones realizadas por unos ‘cristianos escondidos’ de avanzada edad de la isla de Ikitsuki. Su ‘orasho’ está compuesto por tres cantos y una treintena de oraciones, algunas en japonés y otras en un lenguaje irreconocible, quizás en latín deformado por tantos siglos de transmisión oral por medio. El prof. Minagawa primero consiguió identificar dos de los tres cantos que forman parte de este ‘orasho’ con los cantos religiosos que aparecen impresos en el “Manuale ad Sacramenta” publicado en Nagasaki en 1605. Por ejemplo, uno de ellos que lleva el título de ‘Raodate’ en el ‘orasho’, tiene su origen en el canto religioso de “Laudate Dominum Omnes Gentes” cuya partitura aparece en dicho libro de 1605 con la letra sacada de un pasaje de los Salmos.

Sin embargo, en cuanto al tercer canto llamado “Gururiyoza” transmitido por ellos, no había podido identificarlo con ninguno de esos cantos standard que se solían cantar en la iglesia católica en aquella época. Y finalmente en 1982 el Prof. Minagawa encontró en la Biblioteca Nacional de Madrid una antigua colección de cantos religiosos publicada en 1553 con la partitura original de un canto religioso regional de España que lleva el título de “O Gloriosa Domina” y descubrió que tanto su melodía como su letra en latín ofrecían unas similitudes increíbles con el “Gururiyoza”. Es decir, no cabía duda de que el vocablo ‘gloriosa’ del latín se había convertido en el indescifrable vocablo ‘gururiyoza’ del ‘orasho’ en estos cuatrocientos años largos de transmisión oral.

Otro detalle de interés. Si los “cristianos escondidos” de Nagasaki aprendieron su ‘Gloriosa’, canto religioso regional de Castilla, en aquella época en Nagasaki, el que les enseñó este canto tendría que ser un misionero español que anduvo por allí en los comienzos del siglo XVI en esta región. ¿Quién podría ser el que trajo este canto de origen castellano, conservado de esta forma aún ahora, a los fieles de Nagasaki en la lejana época del siglo XVI?

Hidehito Higashitani

Catedrático de la Dokkyo University

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