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TRIBUNA

Carta abierta a Luis María Anson

jueves 05 de octubre de 2023, 18:40h

Querido Luis María -Dios con nosotros-,

El mediocre se hace la raya en las entendederas, tan tortuosa como la hace sobre el mapa de sus intereses -el mapa en sí-, y sale, luego de haber desayunado, como quien se ha comido un pavo. Porque no hay mediocre más redondo que el que come pavo mientras anda como un pavo y gluglutea como un pavo.

El mediocre no es exactamente el hombre sin cultura... Aunque hay gente pa' tó. Tampoco el hombre sin talento, don aleatoriamente repartido en la naturaleza, lo que es ciertamente injusto y suele ser motivo de rencor, a no ser que transitemos con gusto el talento que hay en el mundo como zona común. Pero, al caso, resulta que el mediocre podría incluso tener un grandísimo talento, el de ser más mediocre aun, si cupiese. Dalí maldecía a los cretinos.

Estos pueden llegar a creer que todo un país no tiene guiso a la altura de su orégano. Al mezquino -rasgo inherente al mediocre- le basta y sobra con su orégano propio. Más allá de un condimento, lo considera potaje mismo, por ser su mundo, su país, mas esencial que sustancial, hecho siempre en cazuela propia.

Lo que importa al mediocre no es, por tanto, la sustancia, sino la esencia: guiso de orégano al orégano... Los garbanzos, la chicha, el magro ibérico y su tocino son totalmente prescindibles. Nada es madre tierra sino esencia inconfundible... ¡Sabor y estilo! -Remata convencido el mediocre en su determinación autónoma; dejar un sabor inconfundible es lo que cuenta; vamos, que no se debe confundir con ningún otro ni degradar con matices vecinos o genéricos; el mediocre se siente especialísimo... Al margen.

Reconozco el mediocrísimo desbarre en el que caí de jovencito al pensar que el arte abstracto español del Siglo XX era único en el mundo; que ninguna otra cultura nacional superaba lo propuesto por Tàpies, Cuixart -quien asistió a mi inauguración en Madrid, en 1994-, Saura o Millares. Viajar me abrió los ojos al prodigioso cocido universal, sin dejar de ver la excepcionalidad de los ingredientes españoles.

Y a los postres y a la postre, los mediocres siempre usan la canela en rama -de tanto andarse por ellas-; vamos, dudo que hayan leído tu finura periodística y, de hacerlo, no se van a enterar de nada, y no por falta de claridad o de lógica incombustible... La incombustibilidad ansoniana.

Pero no... No suelen enterarse; como tampoco se enteran los que gustan de poner correa al arte y la cultura; una como la que sujetaba a aquel perro disecado a la puerta de la tienda de animales en Burlington Arcade, tan teatralmente exhibido que casi mataba de un infarto a los transeúntes de la galería comercial londinense. Según Robert Hughes, el susto efectivo del arte veraz queda simbolizado en esto.

El mediocre medio-crea; merodea; merendea... Pan con gas -mirinda de estulticia-, mientras unta grasa de caballo a los cabellos de su ideología; a las rafias de su enseña; a las mortajas de su historia: su neceser. No da cuartos a un pregonero que no sea el suyo. No se somete a la duda, rasgo que, según Caballero Bonald, define al necio.

En cuanto a sus sueños, no es que sean inalcanzables, es que no han pasado del ralentí; pero él ambiciona darles mucho gas desde su pedal o su hornillo, como hacía aquel editor reductivista irlandés a quien denunciara James Joyce en su célebre poema -Gas from a burner-, donde también se dice que el Papa no podía eructar sin el consentimiento del Arzobispo de Dublín... Los bucles de la historia se repiten sobre las sienes del mundo, como aseguró Giambattista Vico -quizá, de manera más lacia- y recordó Carlos Rojas Vila, siglos después.

¿Tendremos nuevo "Sol del porvenir", hablando de Joyce y de socialismo? ¿O qué otro tipo de hipoteca tendremos, amigo mío? Tengamos lo que tengamos, será a precio inflado, como el Euríbor... Como el pavo del combustible. Para eso estamos en Europa ...Y Dios con nosotros.

Te recuerdo, amigo: George Grosz fue condenado por sus estampas "Dios con nosotros" (Gott mit uns), pero Renato Guttuso prosperó en el asunto, en su ajuste de cuentas con el fascismo... Jörg Immendorff era un chiquillo cuando supo de esto; también yo... Pero él era comunista y yo, columnista... Ocasional y no sin vértigo.

Bueno, no te canso más, pues debes saber todo lo que te cuento y, además, todo está en internet. Otra hipoteca, por cierto, que jamás podremos pagar.

¡Abur, Anson!

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