En las últimas horas, mientras líderes de países de toda Europa reafirmaban en Granada su compromiso de seguir ayudando con armas y dinero a Ucrania, el Ejército ruso ha atacado el centro de la ciudad ucraniana de Járkov y sus alrededores con misiles de alta precisión Iskander, provocando más de cincuenta muertos civiles en uno de los bombardeos más mortíferos de toda la guerra.
El primero de los ataques se produjo el jueves por la tarde, cuando el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, se reunía con los principales dirigentes del continente en la cumbre de la Comunidad Política Europea que se celebra en España. Un total de 51 personas morían en el pueblo de Groza de la región de Járkov al impactar un cohete de alta precisión en una zona residencial. Un diez por ciento de la población de Groza antes de la guerra ha muerto en el bombardeo, y el número de muertos aún podría aumentar. Varias víctimas que sobrevivieron se encuentran en estado grave.
“No hay palabras o documentos que puedan parar esta maldad”, ha afirmado Zelenski
El terror contra la región de Járkov, mayoritariamente rusófona y fronteriza con la Federación Rusa, ha continuado durante la mañana del viernes, cuando otros dos misiles Iskander han dañado y destruido varios edificios en dos zonas distintas de la capital provincial, la ciudad de Járkov, la segunda urbe más grande de Ucrania. Un total de veintitrés personas han resultado heridas, entre ellas un bebé de 11 meses.
Entre los escombros de uno de los edificios derruidos los equipos de rescate han encontrado el cadáver de un niño de 10 años, cuyo nombre se suma así a la lista de más de 500 menores muertos en ataques rusos desde el comienzo de la invasión a gran escala en febrero del año pasado.