Spider
miércoles 29 de octubre de 2008, 21:44h
Nuestro querido presidente habla en su columna sobre Andalucía y la nueva subvención (prima hermana del PER) que el PSOE va a dar a no-sé-quién esta vez, y ello me transporta a esas tierras que me vieron crecer. Andalucía es un enigma que encanta y engaña como nadie. He de admitir que desconozco el porcentaje de personas que cobran el PER, pero confieso que conozco a individuos que, sin haber sido jamás trabajadores del campo, han cobrado el PER ayudados por amigos terratenientes que no han dudado en colaborar en el fraude para que el amigo se gane el pan de cada día sin mover un dedo –¡ah il dolce far niente! – Qué bueno es esperar tranquilo e inactivo a la presa que viene volando como quien no quiere la cosa, y alimenta; ¡ah, no me digas hola como la araña a la mosca! es lo que deberían decir todos los españoles que pagan impuestos para en parte engordar las arcas del PER andaluz, y que asegura los votos al Partido Eternamente-En-El-Gobierno-Andaluz-Desde-Que-Vino-La-Democracia-A-Nuestra-Patria. Andalucía está envuelta en clichés que a algunos pueden irritar, pero después de nacer y vivir ahí dos tercios de mi vida, puedo decir que la mayoría de los clichés son verdades. El andaluz en general es vago, deshonesto, golfo y lo que más le gusta en el mundo es la juerga (por supuesto la generalización incluye la excepción, los empresarios andaluces por ejemplo, trabajan como bestias, pero al mismo tiempo Andalucía es la comunidad con más funcionarios, y qué agradable es ser funcionario, cobrar cada mes un sueldo simpático por rascarse la tripa al ver el tiempo pasar); además como herencia de los tiempos árabes el andaluz es fatalista, por ello no tiene mucho sentido molestarse por la política, la sociedad, la economía o por el cambio político en el poder, o por los casos de corrupción, porque lo que tiene que ser será, ejerza el poder quien lo ejerza, y se haga lo que se haga.
Históricamente Andalucía es tierra de pocos terratenientes y muchos siervos de la tierra. Los terratenientes trabajando o vagueando eran ricos a costa del trabajo de los siervos de la tierra. Los siervos eran pobres hicieran lo que hicieran, esforzarse no servía para mejorar sus condiciones. ¿Qué aprendieron unos y otros de esta experiencia social y vital de siglos? Qué la cantidad de esfuerzo y de trabajo no cambiaba las condiciones vitales; lo que determinaba el bienestar o el malestar era la herencia, o sea la familia a la que se nacía. Andalucía es tierra de fuertes tradiciones que desconfía del cambio. Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.