Ciertamente hablar de castidad en los tiempos que corren es un atrevimiento que requiere hacer caso omiso de los peligros de tal empresa. La opinión pública está masivamente a favor de una total permisividad sexual. Los fármacos a disposición de las mujeres hacen que puedan evitar el embarazo. En este aspecto se han puesto ciertamente al nivel de los varones.
Por eso mismo, la encíclica papal que se echa más de menos en estos momentos es una que defendiese valientemente el valor de la castidad. Pero los tiros parecen ir en dirección contraria. Para muchos obispos -obviamente no la Iglesia como tal- los castos han dejado de ser admirables y en cambio los homosexuales son los verdaderamente dignos.
La palabra castidad en el título hay que tomarla lato sensu. Vamos a ocuparnos de los seis valores que afectan al sexo humano. Tres son éticos y obligatorios. Primero, Respeto a la naturaleza, que llamaré Fisiodulia. El término fisis está por naturaleza y doulos por respeto. Segundo, Respeto a la persona, que denomino Paz. Tercero, la castidad stricto sensu, o sea, el valor de Autodominio que consiste en usar el sexo sólo para realizar valores.
Los valores cuarto y quinto son de tipo estético. Los denominamos Amor conyugal y Soltería motivada. No son obligatorios, pero sí recomendables. Elevan o enriquecen a quienes los realizan. Dan sentido completo a sus vidas.
Por último, el sexto valor es religioso. Lo llamaremos Virginidad. Como el tema es muy comprometido, hay que tomarlo desde lejos. Empecemos por distinguir las cuatro combinaciones entre valor y placer.
a.- Lo valioso y placentero a la vez. Levantarse en plena canícula e ir a la oficina donde nos espera el aire acondicionado, y en casa no lo hay. b.- lo valioso y no placentero. Levantarse en pleno invierno e ir a la oficina donde la calefacción es deficiente. Obviamente la falta de placer aumenta el mérito de cumplir con el valor del trabajo.
c.- lo antivalioso y placentero. Quedarse en la cama y no ir al trabajo, pues no me van a descontar nada del sueldo. Para eso soy el jefe.
d.- lo antivalioso y no placentero. Parecería que no debiera ocurrir nunca. Pero hay quien se gasta su fortuna en el juego y la pierde.
Tengamos en cuenta estas cuatro situaciones en todo lo que sigue. Pasemos a considerar el primero de los valores antes indicados, el Respeto a la naturaleza o Fisiodulia.
En un primer nivel clasificatorio, los juristas romanos identificaron los tres valores éticos más elementales o básicos: Respeto, Justicia y Autodominio. En un segundo nivel clasificatorio, el Respeto se divide en Respeto a la naturaleza (Fisiodulia) y Respeto a la persona (Paz).
Nicolai Hartmann introdujo en ética el concepto de fuerza (die Stärke). Fisiodulia es el valor más fuerte y el primero que debe cumplirse. Sólo entonces cabe acceder al valor siguiente de la Paz. Podemos mejorar a Hartmann indicando la exacta relación lógica aquí presente. El valor más fuerte es conditio sine qua non para el valor menos fuerte. Si no respetas la naturaleza, tampoco respetas la persona. O dicho de otra manera. Sólo tiene sentido el respeto a la persona, si previamente se respeta la naturaleza.
El paso siguiente es vincular la fuerza de Hartmann con la aportación que hizo antes Max Scheler, la altura (die Höhe). Se logra así un esquema cartesiano, que nos permite ubicar los valores éticos y visualizarlos en una escala bidimensional y jerarquizada.
Cabe hablar entonces de escalones a subir. La Fisiodulia tiene tres escalones en un tercer nivel clasificatorio: Ecodulia o Respeto al medio ambiente, Genodulia o Respeto al sexo humano y Biodulia o Respeto al soma humano. Nos concentraremos ahora en el segundo escalón, el Respeto al sexo humano o Genodulia.
Los animales sexuados entran en celo en periodos determinados y el resto del año permanecen castos. Utilizamos aquí el adjetivo casto de modo material. Pues formaliter los animales no son libres en sentido positivo. No hay en su conducta ni mérito por el bien y ni culpa por el mal. Su abstención del sexo es automática o instintiva.
En cambio, el ser humano está en celo de modo permanente. Es un aspecto obligado del estado de prueba. Se le da la oportunidad de adquirir mérito por el buen uso del sexo. Pero al mismo tiempo se corre el riesgo de incidir en culpa por el mal uso del mismo (Cfr. “Estado de prueba”, El Imparcial 17/08/23).
Estar en celo permanente es sin duda la causa del ingente cúmulo de crímenes e injusticias cometidos a consecuencia de este desajuste ontológico, que es parte de lo que los teólogos llaman pecado original. Sin embargo, la lógica nos obliga a admitir que, si se concede a un ser la libertad positiva, por fuerza tiene que aparecer la prueba, el riesgo de perder y la oportunidad de ganar. Y es esto último lo que aquí interesa, dejando aparte el tema de que sean muchos o pocos los pecados sexuales en este mundo. O dicho de otra manera, nos ocupamos de los principios morales generales, no de las conductas concretas.
Los animales son también materialmente castos cuando están en celo y siguen el ritual sexual impuesto por la naturaleza. Copulan para reproducirse. La naturaleza nos les facilita pastillas que impidan la concepción. Todo lo contrario. La concepción es el término natural del coito, salvo excepciones patológicas, que nunca hacen fracasar el éxito de la regla general. Es el ser humano el que separa las acciones de copular y engendrar. Y eso es violar la Genodulia o respeto al sexo humano. Y por tanto al Respeto a la naturaleza en general, lo que hoy se entiende por Ecología. Es curioso que nadie ponga en duda que el sexo de los animales merece respeto. Se insiste en que hay que proteger las especies en peligro de extinción. Sólo del sexo humano se afirma que podemos hacer con él lo que nos dé la gana. Como si el sexo humano no perteneciera a la naturaleza igual que el de los animales.
En la naturaleza placer y valor van automáticamente juntos. El placer facilita la reproducción, y ésta asegura la continuidad de la especie animal. Propiamente aquí no hay valor alguno, pues los animales carecen de libertad positiva o capacidad de hacer el bien o el mal. Con todo, la naturaleza como tal está bien hecha.
En los humanos la unión entre placer y valor es un acto libre. Hay mérito, si el placer es visto como medio para alcanzar el fin de la reproducción. Y hay culpa, si voluntariamente se busca sólo el placer y se excluye la reproducción.
El sexo humano, humano es parte de la naturaleza. La conexión entre copular y engendrar es valiosa en sí misma. Está presente en el sexo de los animales dentro de la Ecodulia o respeto al medio ambiente, y persiste en el sexo humano dentro de la Genodulia. Por eso ha surgido la institución civil del matrimonio. El acto sexual en el matrimonio es casto. Fuera del matrimonio es procaz. Tomamos procacidad como antónimo de castidad.
El matrimonio religioso refuerza esta misma conexión, pero podemos prescindir aquí de él. En axiología basta con el matrimonio civil. Establece la presunción jurídica de que un varón y una mujer se comprometen públicamente a engendrar hijos, criarlos, y asegurar así el futuro de la misma sociedad civil. Los hijos fuera del matrimonio son considerados ilegítimos por la ley, y bastardos por la opinión pública. El Derecho se pone al servicio de la Fisiodulia y su subvalor Genodulia.
Insistamos en que no consideramos los casos concretos, sino los principios generales. Dentro del matrimonio, la esposa puede abortar. Y fuera del matrimonio la madre puede dar a luz a su hijo y sacarlo adelante. Pero la primera debió no abortar y la segunda debió casarse antes de engendrar a su hijo. Hablamos de lo que debe-ser, independientemente de que sea o no sea. Esa es la definición misma de valor.
Pongamos un ejemplo. Francia va camino de convertirse en un país musulmán. Los franceses no tienen hijos y los emigrantes los tienen en abundancia. Pero eso es también una consecuencia y no un principio general. Las mujeres francesas deben dejar de tomar la píldora conceptiva y no hacer la separación entre valor y placer. En cambio, las mujeres musulmanas son castas dentro del matrimonio. Las mujeres francesas que toman la píldora anticonceptiva son procaces, aunque estén casadas. Y recordemos sobre todo que separar el placer sexual de la reproducción no es antivalioso porque las consecuencias sean socialmente negativas. Es algo antivalioso en sí mismo, porque va contra la Fisiodulia o Respeto a la naturaleza en general y más en concreto contra la Genodulia o Respeto al sexo humano.
Así pues, el primero de los valores relevantes para el tema de la castidad, la Genodulia en cuanto parte del Respeto a la naturaleza, deja las cosas bien claras a nivel teórico o de los principios. Lo que la gente haga o deje de hacer no interesa a quien únicamente se pregunta sobre lo que la gente debe hacer. Lo que la gente haga de hecho, y las consecuencias que de ello se deriven, es más bien materia de estudio para sociólogos e historiadores. O de interés práctico para políticos y empresarios. En cambio, los valores se definen como lo que debe ser, sea o no sea.