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TRIBUNA

La guerra interminable

Juan José Vijuesca
miércoles 25 de octubre de 2023, 19:22h

“Tal vez este mundo que tenemos sea el mejor posible”. Éste sería un juicio de valor tan subjetivo como necesario el situarlo dentro del contexto de cada época en cuestión. Por supuesto que todo es susceptible de mejorar, pero también de empeorar teniendo en cuenta que el ser humano es infiel consigo mismo. Da igual esta guerra, aquella o cualquiera, lo cierto es que la historia nos avala como seres infelices hasta el punto de tener que matar para satisfacer nuestra propia debilidad.

Mejorar nuestra especie no solo radica en los avances de la ciencia –tema a tratar en otra ocasión-, sino más bien buscar en nuestra vacilación –por no llamarlo cobardía- la manera de erradicar el egoísmo de nuestra propia naturaleza. Difícil empresa cuando la moralidad escasea, la codicia atenta a la justicia y el orden mundial se muestra esquivo, por no decir anárquico a sabiendas de que para ellos no existe un poder superior que les pueda controlar y poner límites.

El precio de la vida es lo de menos. No contamos y valemos la nada más absoluta para quienes los amos de la guerra invitan a subastar vidas humanas como simples peones de usar y tirar. La muerte es generosa, yo diría que gratis cuando la población civil es la causa de todas las desgracias colaterales provocadas por unos líderes incapaces de solucionar los conflictos humanitarios que ellos mismos crean. Es su manera de hacer que hacen mientras las masacres, el éxodo y la penuria son contempladas a través de una gigantesca pantalla de plasma. Es el realismo en estado puro. Es la monstruosa selva de las relaciones internacionales en donde cada cual se fotografía con el aurea de la indiferencia y vuelta a empezar que llegamos tarde a nuestra agenda.

Que este es un mundo caduco a nadie sorprende, pues de los animales debemos aprender y a no tardar en demasía que el tiempo abrevia y maestros tenemos en jumentos que nos guían, perros que nos socorren, aves que aletean salmos e incluso gatos que a cielo raso conocen mejor a Orión que muchos de nosotros. Mientras tanto los humanos haciendo guerras, enarbolando euforias ante iguales muertos que sobre cal yacen por cientos o tantos miles como escupa el fuego rival. De ahí que insista de como el mundo animal nos enseña a amar sin odio ni recelo. Basta un trozo de pan con la indulgencia del respeto para recibir bondades y sin más cuentas que echar, la golondrina entonará una romanza y hasta el perro, como digo, dará calor al mendigo callejero.

Haciendo caso a la vida, corta para cuantos sueños quedan y quedarán irrealizables, a día de hoy la verdad se ha vuelto desechable dando paso a un argumentario que solo admite la iconografía de la mentira o el requiebro para adulterar la correcta definición de las cosas. Es la guerra, estúpidos, una más de las muchas, y ahí están los semidioses vestidos de cultos en salones de oropel reunidos una y otra vez repintados al resuello de las palabras huecas y mudando lugares de acá para allá con el estómago anegado a costa del contribuyente. Que si Bruselas, que si la OTAN, que si la ONU, que si haciendo entuertos para después deshacerlos. Y bien digo que la vida, aun siendo corta, contempla la inanición para poner remedio a los conflictos, mientras la muerte se da el festín a campo abierto.

No hay causa teologal ni credo, ni tampoco el poner la otra mejilla que aporte justicia a la barbarie. La mano del hombre, aun siendo firme ha de ser templada al igual que el acero que construye y en nada destruye. La vida de cada cual, siendo una y propia, no deja de ser prestada, pero nunca ha de ser sustraída por elementos que juegan con la política como quien lo hace en una casa de lenocinio. Por esa razón, las guerras serán interminables mientras existan demonios y héroes o mientras el ser humano sea tan contemplativo o hasta que su capacidad de afrontar la adversidad deje de ser tan complaciente. Mientras tanto, la guerra y el matar ¿Es culpa de todos, no es culpa de nadie? Y así, sin apenas el tiempo de una vida, las batallas, el crimen y la lucha hacia la nada se hacen interminables.

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