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Novela

Ariel Dorfman: Allende y el museo del suicidio

lunes 30 de octubre de 2023, 21:15h
Ariel Dorfman: Allende y el museo del suicidio

Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2023. 776 páginas. 22 €. Libro electrónico: 13,99 €. El escritor chileno, a los cincuenta años del golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende, aborda en una potente novela la cuestión de si el presidente en un bombardeado Palacio de la Moneda se suicidó o murió combatiendo.

Por Adrián Sanmartín

El cirujano y político Salvador Allende (Santiago, 1908-1973) se presentó a las elecciones a la presidencia de su país, Chile, en cuatro ocasiones: en 1952, en 1958, en 1968 y en 1970. En esta última, consiguió obtener la primera mayoría relativa y el Congreso le nombró presidente el 24 de octubre de 1970. Allende se proponía establecer una “vía chilena” al socialismo y comenzar una serie de reformas. No quería un cambio por la violencia, como suele ser los que se tildan de revolucionarios.

Su presidencia, no obstante, se vio ensombrecida por quienes se inclinaban al radicalismo, lo que dio argumentos a los Estados Unidos que no apoyaban el régimen de Unidad Popular, de cuño marxista, e intentaban su caída. Esta llegó 3 años después y a sangre y fuego. El ejército chileno estaba dispuesto a derrocar a Allende, lo que se consumó el 11 de septiembre de 1973. El golpe de Estado lo lideraba el general Augusto Pinochet. Las Fuerzas Armadas atacaron el Palacio de la Moneda, sede de la presidencia, donde se encontraba Allende.

Han pasado cincuenta años de los luctuosos hechos, pero aún quedan incógnitas sobre lo sucedido y, sobre todo, hay una pregunta que parece no tener respuesta: ¿en los últimos momentos, cuando todo estaba perdido, con un Palacio de la Moneda bombardeado sin fin, Allende se suicidó o murió en combate, luchando hasta el final?

Esta cuestión atormenta a Joseph Hortha, el misterioso personaje que surca las páginas de Allende y el museo del suicidio. Una historia de amor y muerte, de Ariel Dorfman, escritor chileno y en su día asesor de prensa y cultura del Gabinete de Allende –autor, entre otros títulos de la estremecedora pieza teatral La Muerte y la Doncella, llevada al cine por Roman Polanski-, que se convierte en el narrador de la novela y en un personaje de la misma, aunque al comienza aclara: “Todos los personajes de esta novela son ficticios, incluidos aquellos que, como el autor y su familia y amigos, están tomados de la vida real y existen en forma fehaciente e histórica. Algunos de los nombres de los seres reales han sido cambiados para proteger su privacidad”.

Sea como sea, el Ariel Dorfman personaje no puede escapar a lo que Hortha le insta, pese a intuye que se va a meter en una complicada aventura, como nos explica al comienzo: “Debería haber adivinado que Joseph Hortha iba a causarme un vendaval de problemas apenas entró con su sonrisa mágica y esquiva a la exorbitante sala de desayunos del hotel Hays Adams en Washington DC aquel día primaveral de 1983, incluso debería haberlo maliciado antes de ese primer encuentro. Me lo había advertido mi mujer, que no le tuviera confianza a un multimillonario tan enigmático, que no sabíamos qué cosas oscuras había hecho para acumular aquella fortuna tan desmesurada, pero no le hice caso, seguí viento en popa, ráfaga en popa, me dejé encantar, casi podría decirse que embrujar desde el inicio, de manera que cuando nos cruzamos por segunda vez siete años más tarde y me planteó que colaborara en lo que resultó ser una aventura delirante, no fui capaz de responderle que lo sentía, que no, que ya tengo demasiado estrés en mi vida, gracias, pero no, búscate a otro ingenuo. De haber tenido menos dificultades financieras mi respuesta hubiera sido tal vez diferente o tal vez si hubiera estado menos obsesionado con el misterio que Hortha quería resolver, el asesinato que quería que algún chileno investigara. O, por ahí, otra posibilidad, otro tipo de tal vez: tal vez si hubiera sabido antes acerca del Museo del Suicidio y el intento inverosímil de Hortha de salvar el planeta, entonces yo...”

Quizá habría actuado de otra forma, pero ya no hay vuelta atrás. Dorfman se embarca en la investigación que le pide Hortha, y, a la vez que descubre lo que sucedió, va averiguando aspectos insospechados de sí mismo.

Una de las citas que encabeza Allende y el museo del suicidio, debida a Javier Cercas, señala: “Épica, historia, poesía, ensayo, periodismo, memorias: esos son algunos de los géneros literarios que la novela ha fagocitado a lo largo de su historia”. Sin duda, de todo ello participa la propuesta de Dorfman que se lee con enorme interés.

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