Por las venas de la Princesa Leonor corre la sangre de Alfonso XII, de Carlos III, de Felipe II, de Isabel la...
Por las venas de la Princesa Leonor corre la sangre de Alfonso XII, de Carlos III, de Felipe II, de Isabel la Católica, de las viejas dinastías medievales de Castilla y León, de Cataluña y Aragón. Donoso Cortés tuvo el acierto intelectual de calificar a la Monarquía española como el sufragio universal de los siglos. Desde las Cortes de Cádiz, la Corona, que supo adaptarse a las distintas etapas de la Historia, reconoció que la soberanía nacional de España reside en su pueblo, no en su Rey. Y que las leyes no son el producto de la decisión regia sino de la voluntad general libremente expresada.
El pueblo madrileño se ha sumado de forma abierta en favor de la Princesa de Asturias en este día clave de la jura constitucional. Excelente el discurso de la presidenta del Congreso de los Diputados y de las Cortes Españolas, Francina Armengol. Doña Leonor ha permanecido tranquila, segura. Ha dado muestras de serenidad y de saber hacer, a pesar de su corta edad. Tras la jura escuchó la más larga ovación que, tal vez, se ha producido en el Congreso de los Diputados. Se comprende el orgullo de sus padres Don Felipe y Doña Letizia y la simpatía y adhesión del pueblo español. Doña Leonor ha tomado de la mano a la Historia y se ha apuntado un considerable éxito personal en la solemnidad de los actos celebrados. La Corona se ha robustecido, la estabilidad nacional se ha reafirmado y el balance de lo ocurrido, con mínimas discrepancias, ha resultado altamente positivo.
En los sistemas parlamentarios, monárquicos o republicanos, corresponde al Jefe del Estado, aparte funciones de representación, ejercer el arbitraje y la moderación entre instituciones. La ciencia política ha aceptado como fórmula esencialmente democrática las ventajas que tiene mantener en la cúspide el principio hereditario que garantiza mejor la neutralidad. Si Narcís Serra hubiera sido el presidente de la República en la etapa de Felipe González, si lo hubiera sido Federico Trillo en la de Aznar, sus funciones de arbitraje y moderación hubieran resultado cuestionadas por falta de neutralidad. Las de Don Juan Carlos no lo fueron nunca porque la Monarquía española, como la inglesa, la japonesa, la sueca o la danesa, significaba la neutralidad en la cúspide del Estado.
Aun más. La brutal campaña desencadenada hace unos años contra Don Juan Carlos no se destinaba a hacer daño al Monarca que había abdicado sino a desmontar a Felipe VI, haciéndole saltar en favor de su padre, con la consiguiente quiebra de la neutralidad en la Jefatura del Estado que es lo que hace de la Monarquía un sistema especialmente útil. Don Felipe rechazó la muleta tendida, salvando la Institución, y esa es la mejor enseñanza que debe aprender la Princesa de Asturias en este día clave para ella y para la continuidad del sistema establecido en la Constitución por el pueblo español.
De los 72 consejeros que formaron el Consejo Privado de Don Juan III, en su época de combatir al dictador Franco desde el exilio, sólo quedo yo vivo. Estoy seguro al afirmar que Don Juan se hubiera sentido orgulloso del éxito cosechado hoy por su bisnieta la Princesa Leonor.