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TRIBUNA

Envidia

Juan José Vijuesca
jueves 09 de noviembre de 2023, 20:06h

Alguien me preguntó por la envidia. –Si tengo lo que necesito, ¿para qué voy a precisar de ella?- respondí. Me acusaron de ser persona rara. Más no por ello quedaron del todo conformes y volvieron a la carga: -¿Acaso te crees mejor que los demás?- Y yo, que en esta vida procuro valorar más lo que poseo, que lo que deseo, les complací con una nueva respuesta: -De entre vosotros, ¿hay alguno que se sienta mejor que yo? Y se hizo el silencio. Eso sí, conviene extremar las precauciones, pues el silencio del envidioso suele estar lleno de ruidos.

Lo hemos presenciado cuando Pedro Sanchez acarició la silla dorada de la Princesa Leonor el día de la ceremonia. No fue un error. Fue la envidia. Ese deseo desatado por la falta de talento para subordinar el poder que otros reciben en forma de Jefatura del Estado. Es la envidia que empequeñece a quienes embalsaman su ignorancia y ven como una joven con dieciocho años supera a la mediocridad de los muchos que sacian sus apetitos a costa de la sopa boba. En definitiva, creo que a Sánchez se le queda pequeña la silla curul de Moncloa y aspira a mayores tronos cubiertos con dosel y bordados en oro y flecos.

Y en atención a la magna envidia que suscita quien por juventud y talento desviste carencias de conocimientos en otros y otras, que sin dar palo al agua pretenden arbitrar los destinos de este país, a ellos y ellas me dirijo para que admitan a trámite este mi noble consejo:

“No arrojéis a los arrabales a quienes teniendo mayor conocimiento que todo el gobierno junto os hace sentir pequeños seres corroídos por la envidia e ineptitud. Decís que trabajareis con denuedo para que Leonor nunca llegue a ser Reina. Y os reclamo sensatez para con ello, pues el mundo laboral acarrea lumbalgias y malestares diversos, cuando no perezas en lo de madrugar. Más no siendo esto lo peor, lo que de verdad cuesta es la razón contraria al esfuerzo, ese de tener que trabajar para cotizar a diario, que no es otra que alumbrar la vida laboral para cobrar pensión el día de mañana. Reto tan difícil de conseguir como lo es calcular la mezquindad de la prestación a cuarenta años vista.

Y mientras discurren los peligros constitucionales, pido a sus señorías que no se agolpen en lo de tomar tronos ni posiciones de privilegio que los insubordinados e iconoclastas de la marca España van subiendo el precio de la puja y no solo querrán el oro del Banco de España, sino también reclutar esclavos españoles que por un puñado de sestercios les sirva para acabar la Sagrada Familia. Sepan que no todo son regalías de picoteo, aquí una vez abierto el melón de los deseos hasta altos cargos y sitiales, incluso ministerios, cambiarán de dueño. Y os digo otra cosa, que ha de verse a más de uno y a más de una cogiendo aceitunas y vareando olivos para colmar ansias de trabajar con denuedo.

Falta talento en el Congreso, al igual que en los ministerios, pero el ansia y la avaricia se mueven como áspides al son del pungi. Es la danza del vientre de los serviles obligados a colmar la procacidad de quien toma el estrado como el dios Zeus, señor de todos los dioses. Más no hagáis de la envidia virtud mediante júbilo en creer que Sánchez es el todopoderoso, que no lo es ni lo será, porque en el Olimpo también hay desafectos y camarillas, tantas o más que en la política terrenal, que dicho sea, está hecha un asco”.

Así pues, guiado por la condescendencia de mí público lector me permito hacerme la siguiente reflexión: ¿Por qué extraño sortilegio no gobierna en España aquél o aquella que mayor capacidad intelectual y moral acredite? Creo no errar si digo que en este país se odia la inteligencia y de ello se desprende la vocación vital de envidiar al que más puede hacer por los demás sin que medie en él otro afán que la sabiduría y la honestidad. Ese es el caso de Felipe VI y por cuestión sucesoria el de la princesa Leonor, por su juventud y frescura intelectual. En tiempos de tanta bajeza y tanto climaterio mental, en mi opinión la mejor apuesta para salvar los muebles está en la actual monarquía como única barrera de contención que evite la debacle total en beneficio de unos cuantos ineptos henchidos de avaricia. Felipe VI defiende la Constitución, el orden, la justicia y por ende la libertad estaría garantizada y a buen recaudo.

¿Para qué sirve la monarquía? Se preguntarán muchos de ustedes, sobre todo republicanos de condición. Pues para que Pedro Sánchez no sea nunca el rey de los dioses y padre de todas las deidades y los mortales.

Y además Leonor es guapa. Cosa que es de agradecer para mayor envidia de arpías y demás refractarias del sistema.
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