Humo
viernes 31 de octubre de 2008, 21:12h
Nada. Maldita perdida memoria. He intentado, sin éxito plausible, encontrar una noticia que leí hace poco –muy poco, apenas 2 o 3 semanas-, y que relacionaba el éxito/fracaso de la imagen política de un partido con la persecución sin tregua del tabaco que planificó y llevo a cabo en su país, o mejor, de los fumadores – entendámoslo como es: el tabaco continua produciéndose (hace decenas de tiempo que dejó de ser una planta, es un producto rentable y caprichoso), los perseguidos y castigados somos los fumadores (enfermos-adictos-escorias-cenizas)-, y su descenso carismático en las últimas encuestas. Les aseguro que era un partido de verdad en un país de verdad pues acontecía en nuestra big Europa.
Me delato fumadora y me resisto a verme, por más que me telefoneasen desde las aseguradoras ofreciéndome programas espiritistas diseñados para salvarme de mi fea farmacodependencia al humo (no se crean que era buena fe o desvelo por el prójimo, para ellas la prohibición era la justificación de su producto de re-inserción o des-activación o des-adicción, se te vendían cual samaritanos), como una enferma suplicando que encuentren cura a su letal –y ahora paria- enfermedad.
Que sí. Que no he nacido ayer. Que es veneno… Pero, ¿no es la vida misma la que cada día nos entrega una pequeña dosis en cualquiera de sus millones de formas? (permítanme que aspire un poco de eso mismo entre línea y línea). Tan sólo es humo dentro de mí. ¿Y? Me han hablado de partículas peores: ozono, dióxido, metales… tristeza, miedo, congoja… egoísmo, desengaño, negligencia…
El Gobierno y hasta la misma Comunidad de Madrid han sabido manejar el tema con astucia. Seamos modernos, los que más, restrinjamos el tabaco, pero sin anatemas, sin grandes pérdidas –conste que me favorece su postura-. Si hay que ser moderno, europeo, promulguemos la Ley Antitabaco (Ley española 28/2005, de 26 de diciembre), pero evitemos grandes asperezas. Es un “hasta aquí” sí, más allá supone cruzar una línea peligrosa –votos a la postre-y la protesta y el malestar de una gran mayoría –a día de hoy-.
Que sí. Que continúo fumando. Que soy enormemente consciente de que me muero un poco cada día –sobre todo cuando acudo a clases de baile y el oxígeno empieza a faltarme-. ¿Y? El cinismo no va conmigo. Fumo y punto. Me agoto y punto.
La cara B o C o D. La mencionada Ley ha provocado un nuevo entorno de relación social a las puertas de los edificios de cualquier tipo de empresa, grande, mediana o pequeña. Es genial la camaradería y el buen feeling que se siente cuando, entre horas de desidia laboral, en vez de un Kit-Kat bajas a la calle con tus compañeros –fumar es un acto social- y te encuentras con decenas de personas que han salido a la calle buscando lo mismo que tú. Algo nos une. Nos tenemos simpatía. Y así se da el hecho de que es posible conectar con gente que en otra situación jamás intentarías. Y vives el sol de otoño, el frío invierno, el renacer de la primavera, el ardiente verano. Tú sola cuando así lo prefieres. En otros momentos, con ellos –el fumador respeta celosamente su intimidad y la de los demás, se sabe que esa exclusión del resto de la sociedad le hace distinto, parte de un numeroso gremio-.
No todos los días el presidente de una multinacional te cede el paso en la puerta del edificio de oficinas compartidas (porque él también fuma). Y es que ya le conoces, aunque nunca os hayan presentado.
Evito los extremos. No me defino ni “anti” –por ejemplo antiglobalización (manifestarse en contra de todo lo organizado) - ni “pro” –por ejemplo mujeres de la liga de la leche (o algo así, ya me entienden, defienden amamantar en cualquier escenario)-, busco un equilibrio. Y sobre todo, que dejen de señalarme con su dedo. Respeto.
Exhalo humo entre letras –estas-.
Montse Fernández Crespo
Octubre de 2008
PD1: Pero ella solía decir que la vida no era más que el humo leve con perfume ámbar de un cigarillo Régie. (Tiempos Románticos, Nabokov)