Alberto Núñez Feijóo pronunció un excelente discurso, que sorprendió por su calidad a los observadores...
Alberto Núñez Feijóo pronunció un excelente discurso, que sorprendió por su calidad a los observadores objetivos. Estuvo contundente, razonador, ácido, sin concesiones. Acorraló a Pedro Sánchez contra las cuerdas y le golpeó sin piedad. Dejó claro ante la opinión pública que el líder socialista había comprado al prófugo golpista Carlos Puigdemont los votos que necesitaba para la investidura y que no reparó en gastos. Tampoco en concesiones. La operación ha costado a los contribuyentes un ojo de la cara. De hinojos ante el rebenque secesionista, Pedro Sánchez ha concedido prebendas, dineros y el insólito reconocimiento de que los autores del proceso no cometieron delito alguno y que el Tribunal Supremo se equivocó. Alberto Núñez Feijóo mantuvo sólido nivel también en la réplica y contuvo el ardor de la presidenta del Congreso de los Diputados que le regateó tiempo y tranquilidad.
Pedro Sánchez habla con seguridad y fluidez, que a veces roza la verborrea, pero sería absurdo negar que, desde su punto de vista, se defendió bien del chaparrón de Núñez Feijóo y que reiteró con precisión los sofismas con los que trata de justificar una política tan cínica que ha despertado la indignación del español medio en las calles. La manifestación del pasado domingo en Madrid, que trató de disminuir de forma miserable la contabilización oficial, pasó de las 800.000 personas y resultó abrumadora. Pedro Sánchez evitó la derrota dialéctica en la sesión de investidura, se mantuvo sereno y contestó uno a uno a todos los que participaron.
La verdad es que Yolanda Díaz estuvo magnífica. Su intervención fue rotunda y coherente. Reflejó lo que su ideología supone. Como creen algunos, Pedro Sánchez está arreglado. En cuanto surja una ocasión, Yolanda Díaz le traicionará y ocupará su puesto presidencial. “Menudo peligro tiene la niña”. Son muchos los que llaman a la vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz Isacariote. A lo largo de mi dilatada vida profesional he asistido a numerosas maniobras de traición. Ninguna tan descarnada como la de Yolanda Iscariote contra su mentor, su hacedor y protector, Pablo Iglesias. La sesión de investidura, en fin, demostró que la lideresa de Sumar es una mujer a tener en cuenta en la vida política española y que Pedro Sánchez tiene en ella no a una colaboradora sino a una rival.
Santiago Abascal intervino en el debate de investidura para dar la imagen que le ha robustecido ante un sector de la opinión pública española. Y desde su punto de vista dijo lo que le convenía decir. Defendió con eficacia la libertad de expresión frente a la torpe intervención de la presidenta del Congreso, y se equivocó al retirarse con sus diputados del Parlamento.
Los representantes del secesionismo catalán Gabriel Rufián, la ERC de extrema izquierda, y Miriam Nogueras, de Junts, partido de derechas, no dejaron lugar a dudas: “Que se ande con cuidado Pedro Sánchez, que no tiente la suerte”, vinieron a decir. “Si no cumple en lo acordado con él le haremos fracasar en la legislatura”.
Merche Aizpurua intervino crecida. Se permitió dar instrucciones -¿hay algún pacto encapuchado?- a Pedro Sánchez y se manifestó con el cinismo elevado al cubo al hablar sobre la democracia, ella que es la heredera y brazo político de la banda terrorista ETA a la que nunca ha condenado.
El PNV, representado por Aitor Esteban demostró solidez argumental y claridad de ideas. No es fácil para un partido demócrata cristiano sortear desde la ideología liberal conservadora a los compañeros de viaje con los que debe lidiar la situación.
Cristina Valido, de Coalición Canaria y Néstor Rego, del BNG, estuvieron discretos. Y Alberto Catalán, de UPN, pronunció un discurso espléndido, interrumpido de forma lamentable por la presidencia del Congreso y acogido con una gran ovación a cargo del Partido mayoritario, el PP.
Justo es reconocer que Pedro Sánchez contestó a todos con abundante documentación y con autoridad personal sin dar muestras de cansancio, manteniéndose siempre desde la seguridad de que sería investido. No empieza, en fin, un tiempo nuevo. Continuará el Gobierno de Frente Popular, social comunista como lo llaman ahora, que ahondará la discrepancia entre los españoles y acentuará esa imagen lamentable de las dos Españas. La Transición, aquella operación política que enorgulleció a toda una generación, ha sido liquidada y la política española vuelve donde solía.