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TRIBUNA

El muro

Juan José Vijuesca
miércoles 22 de noviembre de 2023, 18:27h

Me suena el teléfono. Por su manera de sonar creo que se trata de Pedro Sánchez. No sé qué hacer, si cogerlo o no. Seguro que me llama para ofrecerme uno de esos ministerios de poca cartera, por ejemplo ministro contador de cangrejos de río. Él sabe que en este país hay un vacío importante en materia de crustáceos artrópodos decápodos. No existe censo y claro, el cangrejo autóctono, o sea, español, está siendo devorado por las especies invasoras que vienen a lo que vienen.

Sigue sonando el teléfono. Lo cojo, no lo cojo. Estoy como aquello que contaba Gila cuando un día paseando por la calle vio como un grupo de gente rodeaba a un malhechor con intención de darle estopa. Por un momento pensé –según decía él- me meto o no meto. “Al final me metí y entre todos le dimos para ir caliente”. Confieso que no tengo ilusión por ocupar cargo ministerial a menos que se trate de algo parecido a lo de Alberto Garzón, que como es sabido ha dejado el ministerio de Comercio lleno de sopas de letras, autodefinidos y crucigramas a medio resolver. Cosas de servir a España sin mayores ambages. El teléfono continúa sonando.

Lo del intercambio de carteras o maletines debería estar prohibido. Es una memez y de mal gusto. Solo sirven para el fingimiento y el posado. Si de mí dependiera obligaría tanto a ellos como a ellas a utilizar las cestas o tarteras que usaban los obreros para llevar la comida allá por la década de los 50 y 60 del pasado siglo. El progresismo, ya que malgasta, al menos que lo haga con el glamour de lo vintage en vez de esos maletines tan bien forrados de piel de cerdo llamada pecarí con letras grabadas en pan de oro. El teléfono insiste.

A lo mejor resulta que Sánchez me llama ofreciéndome un puesto de peón albañil para construir el muro de contención que ha prometido. Algo más austero que la gran muralla china, pero a fin de cuentas una obra imperial de las que tanto gusta dejar para la historia dinástica. No es que yo sea un virtuoso de la argamasa, es que en cierta ocasión me apunté a la construcción de un edificio de tres plantas y acabamos haciéndolo de ocho porque allí nadie sabía cómo desconectar la hormigonera.

Según parece, el muro de contención, como cualquier otra medianera, constará de dos lados bien definidos. De una parte la reservada para la inmensa mayoría de españoles no iguales al resto por pertenecer a la nueva casta de fachas, ya lo sea por decir que las judías verdes están a 6 euros el kilo como si el tren de Arganda pita más que anda. De la otra parte del muro, unos cuantos progresistas de nuevo cuño, seres de luz puros y tocados por el rayo de la fertilidad material. Esta minoría está compuesta por miembros cuya apariencia física solo está reservada a quienes les es dada la condición de Espíritus de la Naturaleza. Es decir, su descripción no podrá ser nunca tomada como una imagen exacta de lo que son, sino como la expresión de una realidad simbólica más allá de su apariencia material. Hacen cosas en contra del bien general y habitan entre nosotros.

Lo cierto es que España está inmersa en una corriente telúrica de inciertas proporciones futuras. Me preocupa que ese muro de contención nos haga más desiguales, más aislados unos de otros, que sirva para separar a los que piensan como Sánchez de los que piensan diferente. No va a ser tarea fácil ni para el mismísimo presidente y mucho me temo que a medida que avance la legislatura don Pedro solo gobernará para el cónclave de los supervisores. Quedaremos al albur de un alguien encargado de otro alguien para evaluar algo que otros alguien sean capaces de convencer al primer alguien de que la gestión mensual cumple con el contrato firmado en Suiza o en Madagascar. Puede parecer un juego de palabras, lo sé, pero cada día hay más socialistas en contra del muro de Sánchez y por ello decenas de exministros y veteranos del PSOE se constituyen en plataforma para promover los principios constitucionales de nuestro país. Por algo será.

Habrá centinelas en el muro encargados de controlar que la exigua democracia no genere libertad. Las ideologías quedarán anuladas dando paso a la jerarquía de unos hombres y mujeres cuya consigna será el agradar al verificador de turno para que nada ni nadie les impida dejar el poder que tan “generosamente” han alcanzado.

Y así nos va a cuantos nos conformamos con estar en esa otra parte del muro aspirando a conservar la libertad que nos dio una democracia envidiada por la mayoría pero cada vez más desnortada y violentada.

Al final no he descolgado el teléfono. Para qué.

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