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TRIBUNA

Los voceros de Hamás en España

martes 28 de noviembre de 2023, 19:41h

El grupo terrorista Hamás ha incorporado a su nutrida hueste de simpatizantes en España un nuevo fichaje de relieve indudable: Pedro Sánchez, presidente del gobierno español. Los asesinos han jaleado efusivamente su conducta; han calificado su postura sobre Gaza como “clara y audaz”. Imaginen que Hitler estimase clara y audaz la disposición de cualquier gobernante europeo sobre un litigio del momento mientras gaseaba judíos. No sé lo que sentirán quienes vivaquean al otro lado de ese siniestro muro que Sánchez ha levantado para enfrentar a los españoles, en momentos como estos a algunos nos sirve para no confundirnos y no compartir la infamia. Llamar nazi a Hamás no es un desahogo insultante, es un epíteto descriptivo. La organización terrorista Hamás tiene su raíz en la Cofradía de los Hermanos Musulmanes, cuyo fundador, Hasan al-Banna , fue un nazi declarado, y cuyo inductor, el Mufti de Jerusalén, disfrutó de la hospitalidad frecuente de Hitler y los principales jerarcas nazis, a quienes convocó a una solución decisiva para los judíos, consistente en su concienzudo exterminio; colaboró a ello reclutando entre los musulmanes bosnios una división SS, la división Cimitarra, que se puso animosamente a la tarea al tiempo que combatía a los partisanos en Yugoeslavia. El nazismo es una enfermedad obscena y profunda; se difundió antes, durante y después de Hitler, sobre todo en Europa, y se extiende en los países árabes a través de la Cofradía y sus criaturas. Para Hamás la identidad de Palestina es la consecuencia virtuosa del borrado de los judíos de la faz de la tierra; Hitler era de la misma opinión. El resentimiento antijudío copa masivamente los partidos de izquierda en España y contamina a la mayoría de los medios de comunicación. Ciertamente el dinero pesa y Qatar es mucho Qatar; las televisiones se antojan agradecidamente sesgadas hacia los contenidos de Al Jazeera, portavoz oficioso de los Hermanos Musulmanes. El antisemitismo es la prueba del algodón; señala el índice de depravación de una sociedad, está subiendo en todas partes. Es claro que Israel concita el recelo de los tecnócratas del Kremlin y el disgusto de los globalistas; más allá de esa coyuntura circunstancial, hay algo abyecto y permanente. Roma y Jerusalén fueron la Antigüedad, Jerusalén lo sigue siendo; no es nota a pie de página ni pieza de museo; en tanto sobreviva, la Civilización permanece y la barbarie no prevalecerá. No es sólo su derecho a la esperanza y su voluntad de ser libres en su tierra, Israel es el último escudo y el mejor ejemplo para que nosotros seamos libres y decentes en la nuestra. Pedro Sánchez ha llegado a la presidencia del gobierno de España aupado por los distintos grupos separatistas, que ven en la existencia de España el principal obstáculo para el cumplimiento de sus objetivos. Su socio de gobierno lleva el odio a Israel en sus señas de identidad. No le ha bastado con dejarse mecer por esa brisa enlodada que pretende que el siete de octubre se diluya en la vileza del olvido. Acierta Hamás: a Sánchez le sobran audacia y claridad, pero para perpetrar el mal. Ha regresado de Tel Aviv oscurecido por el desprecio de los justos y condecorado por la gratitud de los canallas. Puede darse por satisfecho; ni Zapatero lo hubiese hecho mejor.

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