Con un solemne acto presidido por el Rey, arranca la nueva Legislatura de Pedro Sánchez, la más incierta, la más polémica, la más letal para nuestra democracia. Tanto que sus principales socios, ERC, Junts, Bildu y Bng no asisten al Congreso por su postura antimonárquica.
La satisfacción de Sánchez por haber logrado salir investido, durará poco, pues para permanecer en el poder tendrá que cumplir a rajatabla las muchas e ilegales condiciones de sus socios. ERC, pero sobre todo Junts, han querido dejar claro desde el primer minuto que son ellos los que mandan. Que el líder socialista debe asumir que depende de sus apoyos para permanecer en La Moncloa. Y para cumplir con la principal condición impuesta por los separatistas, se verá obligado a demoler el Estado de Derecho y golpear la Constitución. Pues va a tener que autorizar más pronto que tarde la celebración de un referéndum de autodeterminación o será expulsado del paraíso.
El chantaje de Puigdemont y Junqueras va en serio. Desde el primer día, los secesionistas han mostrado su desconfianza en el líder del PSOE y no parecen estar dispuestos a ceder un milímetro en sus exigencias de negociar cuanto antes la independencia de Cataluña. Están envalentonados ante la debilidad de Sánchez que ya les ha concedido la amnistía. Y ahora se disponen a someterle a un tercer grado para que se rinda definitivamente y sin condiciones.
Para empezar, esta misma semana, quizás el sábado, tendrá que firmar su rendición en la primera “mesa de diálogo” que se va a celebrar en Ginebra. Tendrá que tomar la primera decisión de su Gobierno en el extranjero, puesto que su socio principal es un prófugo de la Justicia española. El esperpento ha comenzado. Y no cesará hasta el último día de la legislatura. Porque en España mandan los que quieren destruir España.