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Novela

Jon Fosse: Blancura

domingo 10 de diciembre de 2023, 23:25h
Jon Fosse: Blancura

Traducción de Cristina Gómez Baggethun y Kirsti Baggethun. Random House. Barcelona, 2023. 96 páginas. 17,90 €. Libro electrónico: 7,99 €. En el proyecto de Randon House de incorporar a su catálogo al Premio Nobel de Literatura 2023, se publica “Blancura”, breve pero intensa novela que nos sumerge en una profunda experiencia de lectura.

Por Carmen R. Santos

Acaba de celebrarse la solemne ceremonia de entrega de los Premios Nobel 2023. El de Literatura lo ha recogido Jon Fosse (Haugesund, Noruega, 1958), autor poco conocido en España, pero que a raíz de la concesión del más alto galardón de las letras se ha empezado a impulsar la publicación de su obra, desarrollada en la poesía, el ensayo, la literatura infantil, el teatro y la novela. Hasta que se le otorgó el Nobel, habían visto la luz en nuestro país la monumental Septología, formada por tres novelas: El otro nombre, Yo es otro y Un nuevo nombre, en varios volúmenes, y Trilogía. Ambas publicadas por el sello De Conatus, que ha lanzado una edición de Septología en un solo volumen. Coincidiendo con la adjudicación del premio, apareció Mañana y tarde (Nórdica /De Conatus). Y Sexto Piso ha comenzado a poner al alcance de los lectores españoles su Poesía completa.

Por otro lado, Random House anunció que Jon Fosse se irá incorporando al catálogo del sello. De momento, ya están disponibles las novelas Melancolía y Blancura (de esta última, Galaxia Gutenberg ha publicado una edición en catalán).

Blancura es una novela que en poco más de noventa páginas consigue una magistral intensidad en el estilo característico del escritor noruego que no emplea puntos y aparte, pero ha logrado que esto no convierta la lectura en ardua, sino que adquiera un carácter hipnótico. En esta su última novela se encadenan frases generalmente cortas, separadas por punto y seguido. Este es su arranque: “Me subí al coche y me marché. Me sentó bien. El movimiento me hizo bien. No sabía adónde iba. Simplemente me marché. Me había embargado el aburrimiento, a mí que nunca me aburro me había embargado el aburrimiento. Nada de lo que se me ocurría hacer me producía el menor placer. Así que hice cualquier cosa. Me monté en el coche, empecé a conducir y donde podía elegir entre doblar a la derecha o a la izquierda, doblaba a la derecha, y en la siguiente bifurcación, donde podía elegir entre la derecha o la izquierda, doblaba a la izquierda. Y así fui avanzando. Al final me metí por un camino forestal y a medida que me adentraba en él las huellas de las ruedas se fueron haciendo tan profundas que noté que el coche empezaba a atascarse. Pero seguí adelante, hasta que el coche se atascó del todo”.

Quien así habla es el protagonista, significativamente sin nombre, de Blancura, y de quien apenas sabemos nada, únicamente que vive solo, que lleva días sin comer nada caliente, que nos va relatando lo que le sucede tras el atasco del vehículo y decidir internarse en un bosque cercano. Una decisión que él mismo se cuestiona varias veces: “¿Por qué me metería yo por aquí ¿Qué tipo de ocurrencia sería esta? ¿Qué motivo tenía yo para hacer esto?”, y que llega a producirle miedo: “Mirando al frente, al vacío, como si mirara hacia una nada”. Sobre todo cuando del bosque se va apoderando la oscuridad. En medio de un frío cada vez más agudo y de la amenazante nieve, trata de tranquilizarse, “lo que tengo frente a mí es un bosque, sencillamente un bosque”, y espera encontrar a alguien que le ayude, pero eso no resulta posible.

Por el contrario, de pronto, descubre una presencia, un resplandor, un ser luminoso y extraño: “Es imposible que sea una persona. Pero entonces ¿qué es? [...] ¿qué clase de criatura será? [...]. Quizá un ángel de Dios. Porque mira que era luminosamente blanca la criatura, o quizá fuera un ángel del mal. Porque los ángeles de la luz también son ángeles de la luz [...] o quizá todos los ángeles sean buenos y malos al mismo tiempo, porque eso también podría ser”. Se aventura a preguntarle y “la criatura dice: soy la que soy –y pienso que no es la primera vez que oigo esa respuesta, aunque no recuerdo dónde la he oído antes, quizá la haya leído en algún sitio?” ¿La habrá leído en la Biblia cuando Dios le responde a Moisés, cuando este le interroga por su nombre: “Yo Soy el que Soy”? Después, se encontrará en el bosque con sus padres y con un hombre vestido con un traje negro. Pero estos desaparecen, y sólo queda esa presencia de una inquietante blancura.

La intensidad y la condición hipnótica de la obra de Fosse, muy presente en Blancura, no viene sólo de su personal estilo. Su novelística destila una idiosincrasia metafísica, religiosa y hasta mística muy particular, que logra transmitirnos de forma tan impactante como comprensible. Es una religiosidad con un cariz agónico, donde quizá en su trasfondo asoma el Dios escondido pascaliano. En otra de sus novelas, Mañana y tarde, se afirma: “Dios existe, aunque esté muy muy lejos y muy muy cerca [...] No es el único que gobierna el mundo y a las personas, desde luego que también está aquí, pero no cabe duda de que se despistó mientras creaba el mundo”. Fosse confesó que “escribir es como rezar”. Se convirtió al catolicismo en 2012 -poco después de atravesar una fuerte crisis de ese alcoholismo que le arrastraba a la autodestrucción-, y no en vano uno de sus referentes es el teólogo y místico heterodoxo medieval Maestro Eckhart de la orden de los dominicos, a quien la Inquisición no venía precisamente con buenos ojos.

En Blancura nos sirve una potente metáfora, con ese bosque oscuro, en el que habita el ser humano, siempre acechado por el dolor y la nada. En esa “noche oscura”, en expresión de San Juan de la Cruz -como es sabido, habitual lector del Maestro Eckart, y, sin duda, nuestro gran poeta místico sería muy del agrado de Fosse-. Aunque quizá en una formidable paradoja, ¿hay esperanza? Nos ha dicho la voz narradora que la luz de la criatura luminosa, impolutamente blanca, era “intensa, pero no resultaba doloroso mirarla. Era agradable mirarla. Era sorprendentemente agradable de mirar”. Y, después: “Y en cierto modo es como si yo ya no fuera yo, como si hubiera pasado a formar parte de la criatura resplandeciente [...] Y nos dice seguidme, y nosotros la seguimos, despacio, paso a paso, suspiro a suspiro, el hombre del traje negro, el que carece de rostro, mi madre, mi padre y yo, nos adentramos descalzos en la nada, suspiro a suspiro, y de pronto no quedan más suspiros, sólo queda la criatura brillante y resplandeciente que ilumina una nada que respira, que es la que ahora respiramos, desde su blancura”, nos revela el protagonista de esta novela de Jon Fosse que nos sumerge en una profunda, vívida y excepcional experiencia de lectura.

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