www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Nada nuevo

Juan José Vijuesca
miércoles 13 de diciembre de 2023, 20:02h

Estamos en unas fechas tan raras como disonantes. La brillantez frente a la escasez. Luces por doquier que amamantan sombras frente a cuerpos envueltos en fríos cartones. Todo y nada más que nunca; pero eso sí, la dicotomía entre albedrío y destino se acomoda en el ritual de la francachela como si no hubiera un mañana. Es la costumbre para gloria de nuestra vanidad. Nada nuevo.

La tradición de lo épico una vez más se apodera de la falsa bondad. Los deseos se jactan de la hipocresía mientras hay quienes cabalgan sobre el desenfreno de la gula. Unos y otros se disputan el poder del brillo mientras el oropel hace los honores de una generosidad impostada a fuerza de consumir deseos materiales a cualquier precio. Mientras tanto, las ollas se vuelven rebosantes y reposando sobre reliquias de porcelana guardan turno alfajores de Medina Sidonia entre unas figuritas venidas de Toledo para gloria del paladar. De siempre el hambre no es casual, pero más en fiestas de Navidad donde nadie con mayor empeño es amigo de ayunos. Y he aquí que con tal disimulo algunas familias optan por la terquedad de unos y los pesares de otros y trapos sucios alambican haciendo chispas de pesarosos rescoldos, pero es costumbre en sacar a la virtud de sus casillas despreciando las buenas maneras hasta convertir las cenas en purgatorios. Para muchos es la noche de dos besos al año y de la mesa puesta.

En la calle continua la algarabía de cuantos tratan de disimular flaquezas y frustraciones bajo el derroche de parabienes mitad cómplices del alcohol, mitad rabia contenida. Y es que el ser humano es una especie invertebrada mientras la artrosis se mantenga en reposo. Después, sin haber tenido complicidad alguna, el esqueleto, ese bastidor que nos diferencia de los artrópodos, nos devuelve a la realidad por los excesos habidos. Son días jóvenes –a decir de expertos en años-, mientras las horas del reloj galopan para cruzar el umbral del nuevo calendario.

Se desata la furia. Hay puertas que se vuelven francas. Los políticos invitan a vicios. El cortesano idealiza amores imposibles. Los abrazos en directo siguen siendo mejores que los mensajes de texto. Besos al aire que vuelan sin rumbo cierto. Es el misterio de lo divino. Un año más, un año menos. Balance de cierre y comenzar de nuevo.

Después, tan solo cuando unas manecillas han rodeado las horas, vuelve el linaje de los sentidos, la calma de las emociones, lo desmesurado de los fenómenos vitales que nos afectan. Es el otro aquelarre de la injusta prosperidad que esquilma los ahorros. Es la tarjeta de crédito que clama por aquella manera de alimentar el cuerpo entre rodaballo y cordero o tal vez entre quebrantos y duelos, porque en días de juntarse los de cerca y los de lejos, también están los ausentes. Los que estuvieron y se fueron.

Más no me aparto de cuantos males nos acechan que lo de este mundo solo se arregla habiendo muertos de por medio. Lo malo es que no se soluciona para bien, sino que solo sirve para beneficio de inventario de quienes provocan, mercadean y terminan sacando rédito de ello. Es la infamia servida en bandeja de bruñida plata. Y no me levanto de esta sobremesa sin pronunciarme sobre lo humanamente correcto. No puedo ser ajeno sobre todo cuando hay colectivos desamparados, carentes de ayudas y hasta menosprecio. Qué gran oportunidad ha desaprovechado doña Mónica García, nueva ministra de Sanidad, si en vez de abrir su cartera con el control del tabaquismo, que también, hubiera puesto el énfasis sobre los enfermos de ELA y sus familiares. Dicen que no hay dinero porque la Ley de la Esclerosis Lateral Amiotrófica tendría un coste de 38 millones de euros. Doña Mónica, ha roto usted el principio de igualdad que tanto pregona dejando a 4.500 enfermos tan necesitados como olvidados. Sin investigación ni tratamientos gratuitos. Para muchos la magia de la Navidad no es más que uno de esos cuentos pendientes de autor.

En fin, les dejo, pero les aseguro que los niños son siempre el comienzo y hasta mi propio perro se guarda de horas menguadas por pesares y excesos. Ya ven lo que somos, simples sombras iluminadas por millones de luciérnagas enseñándonos lo que el divino misterio nos dicta sin ir más lejos. Bondad sin complejos, humildad y el ser honestos. Buen menú navideño no para ser perfectos, sino para seguir aprendiendo. Nada nuevo. Aun así felicito a mis lectores. Siempre es bueno llegar a tiempo.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (21)    No(0)

+
1 comentarios