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TRIBUNA

Una tarde en Gómez

José Luis Roldán
domingo 31 de diciembre de 2023, 20:04h
Bajo el plomizo cielo del Madrid invernal se mostraba majestuosa e impúdica la Plaza de Toros de Las Ventas. Por el lado este, subí la calle Julio Camba hasta el cruce con la avenida de los Toreros. En una de las esquinas se encontraba la exquisita pastelería Gómez, donde Dolly Moreno me recibió con una sonrisa tan cálida como la Cuba de la que emigró. Al fondo del local, en una mesa pegada a una de las grandes cristaleras, me esperaban, vino blanco en mano, Inés y Agapito. Ella, tan bella y sobria como Atenea, vestía un traje burdeos que acompañaba con un abrigo largo del mismo color y un sombrero jerezano. Él, fiel al ímpetu y desparpajo que le caracteriza, llevaba una chaqueta de lana que combinaba, sin orden ni concierto, todos los colores que el ojo humano pudiera captar. Tras unos minutos, en los que estuvimos esperando a Alfredo Arias, quien no acabó envestido por un miura porque su sentido de la orientación pudo sobre su despiste, pedimos empanadas y vermuses con los que ir abriendo el estómago para la navideña comida de empresa, que no de trabajo, de Res Hispánica. A fin de cuentas, este canal de YouTube, que ya está cerca de cumplir el año y medio, es una empresa en su sentido etimológico: una colaboración entre miembros de la sociedad civil para reivindicar, de forma amena, pero sin perder de vista el rigor, esa civilización que es la hispanidad.

Tras degustar algunas otras exquisiteces, acompañadas de un Ribera del Duero del 2020, Agapito llamó a Pedro de Tena –cuyo último vídeo en el canal no se lo pueden perder– para anunciarle la buena nueva: ya teníamos con nosotros, desperdigados entre los platos y las copas, los primeros ejemplares de Al encuentro de Res Hispánica: algo ocurrió al lado del monasterio, la crónica literaria de Alfredo Arias sobre la reunión de nuestros colaboradores en el Real Centro Universitario María Cristina, allá por el mes de abril. El librito, trampantojo de misal, editado por Alfonso Martínez Díez en Ediciones Clásicas Madrid, alberga en su solapa un Quijote de Manuel Prior, cuyas pinturas e hijas nos acompañaron en el evento escurialense.

No es casualidad que sea esta la pintura que abre la crónica de Alfredo Arias, pues hace falta un empeño quijotesco para contar en apenas cien páginas todo lo que se pensó, dijo y discutió aquellos días. Puedo yo mismo dar fe de la dificultad de lo que ha llevado a término Alfredo, pues muy poco después de que me propusiera acometer la escritura de la crónica del encuentro me di cuenta de que no iba a poder hacerlo en un solo artículo. De hecho, mi última publicación en este periódico fue la primera de varias entregas proyectadas.

A los postres, Agapito señaló tres virtudes del texto que nos ocupa: primero, no deja nada sin contar, el relato abarca desde los preparativos del encuentro hasta su clausura; segundo, no se reduce a levantar acta de lo que dijeron nuestros colaboradores, sino que reflexiona sobre lo que ellos afirmaron; tercero, sólo Alfredo, como moderador de la mesa que reunía a jóvenes creadores de contenido, podía mostrar la fuerza de la savia nueva por la que perdura la hispanidad.

No puedo estar más de acuerdo con mi amigo y maestro en que el librito de Alfredo Arias es mucho más que una crónica; nos encontramos ante un auténtico ensayo de un pensamiento muy serio. ¿Cuál? El pensamiento sobre el significado que tiene la inusual reunión de escritores, profesores, críticos y artistas para reivindicar la hispanidad por sí misma. Sin afán de atacar a ninguna persona. Y con la intención de convivir con el enemigo.

Lo que tenga yo que decir sobre el ensayo de Alfredo queda para otro artículo que me debéis fiar.

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